Discurso noviembre 8 de 2001
Mitin Antiimperialista en apoyo al pueblo de Afganistán

Estamos reunidos aquí para oponernos a la guerra de agresión lanzada hace un mes por el gobierno yanqui, el gobierno de Estados Unidos, contra Afganistán.

El país más poderoso del planeta, como jefe de la pandilla imperialista, como Inglaterra, Alemania, Italia, Japón y otros, lleva un mes bombardeando a uno de los países más pobres del mundo.

Así, en carne viva, y en vivo y en directo, todo este mes nos han mostrado, aunque no sea esa la intención, una realidad que no podemos tolerar y no tenemos porque tolerar.

Y esa realidad no es más que el mundo está dividida entre un puñado de países imperialistas, opresores, y una mayoría de países oprimidos.  Y que este estado de cosas se mantiene con la guerra o con el chantaje de la amenaza de lanzarla.

No importa de que disfracen sus guerras, ya sea de cuentos religiosos, de dizque “intervención humanitaria” o lo que sea, detrás de éstas siempre hay intereses económicos y políticos.

La guerra que lanzaron los imperialistas hace un mes contra Afganistán no es la excepción, a pesar de que hay choque de fanatismos religiosos de ambos lados, a pesar de que en Afganistán hay una opresión más abierta y descarada contra el pueblo y especialmente contra la mujer.

Pero de lo que se trata esta guerra no es de lo “justo” que es derribar a unos opresores como los talibán.  De lo que se trata esta guerra no es de saciar la sed de venganza de los imperialistas yanquis (que han tratado de hacer pasar como de todo el pueblo norteamericano),

No. Esta guerra tiene detrás otros intereses que son políticos y económicos.  Son los intereses económicos y políticos de las potencias imperialistas en Asia Central.

Los horribles atentados del 11 de septiembre a Estados Unidos, son aprovechados para tener el control de Afganistán que es un punto clave para controlar la región.  En Asia Central están unas de las más grandes reservas petroleras del mundo.  Estados Unidos ya le arrancó a Rusia el control sobre algunos de los países de la región, y Afganistán es clave para sacar esos recursos.

Esa es la lógica del imperialismo.  Porque imperialismo quiere decir enormes monopolios e instituciones financieras que controlan las economías y sistemas políticos – y la vida de la gente – no solamente en un país sino en todo el mundo.

Porque imperialismo quiere decir explotadores parasitarios que oprimen a miles de millones de personas, condenándolas a incalculable miseria.  Imperialismo quiere decir financistas parasitarios capaces de hacer pasar hambre a millones simplemente apretando una tecla de un computador, trasladando de esa manera grandes cantidades de riqueza de un lugar a otro.

Y el imperialismo es guerra –guerra para reprimir la resistencia y la rebelión de los oprimidos, y guerra entre los Estados imperialistas rivales.  Porque las “esferas de influencia” de las potencias imperialistas, lo que desvergonzadamente llaman “patio trasero”, no se reparten por las buenas.

Detrás de la supuesta “mano invisible” que mueve la economía capitalista está el puño invisible que permite el control, el aparato represivo.  Si miramos bien, vemos que el control económico no se resuelve por las buenas en un mundo capitalista.

El imperialismo es el capitalismo en el época en que sus contradicciones básicas han alcanzado un nivel sumamente explosivo.  Y que sólo resuelven por medio de la guerra en sus diversas formas, en enfrentamientos directos o con “intermediarios” como se ha dado en los últimos años.

Y los países oprimidos son los que han pasado a padecer más las guerras desde la segunda mitad del siglo XX.  El imperialismo es una máquina de guerra, depende de la guerra.  Y en muchas de sus aventuras bélicas a veces sólo busca generar temor a oponérseles.

Resumiendo, el imperialismo es un sistema mundial.  Hasta en los más apartados y atrasados rincones del mundo el imperialismo extiende sus hilos.  Pero no está “por encima de los países”, o sin una base.

Bajo el imperialismo las diferentes clases burguesas, los capitalistas se sostienen sobre bases nacionales en países determinados, ya sea Inglaterra, Estados Unidos, Alemania, Rusia o el que sea.  Pero al mismo tiempo sólo pueden acumular capital sobre la base de la inversión internacional y la acumulación internacional, sobre la explotación y el saqueo internacional.

A los gobernantes yanquis y de Japón y sus iguales de Europa los llamamos imperialistas porque explotan y oprimen a la gente por todo el mundo.  Han desarrollado un imperio y harán cualquier cosa por preservarlo.  Y “cualquier cosa” significa guerra.  De ninguna manera puede esperarse que la paz provenga de los imperialistas.

A pesar de que para tratar de frenar las rebeliones contra la opresión, nos aturdieron con cháchara sobre un mejor mundo posible, la realidad es terca y no se puede envolver en palabrería.

Ni Estados Unidos ni sus socios, y a la vez rivales imperialistas, han resuelto ni van a resolver los problemas del mundo.  Porque el imperialismo es el causante de la situación.  La humanidad ha llegada a una época en que se pueden solucionar los problemas de la gente de todo el mundo.  Pero las grandes multinacionales son dueñas de la riqueza a costa de la miseria de miles de millones de trabajadores.

La actual campaña de agresión contra Afganistán no conducirá a una “paz duradera” como llaman los imperialista su actual aventura bélica.  Ni busca una “justicia infinita” como descaradamente la calificaron.  Por el contrario, es una infinita injusticia y sólo traerá más guerras imperialistas, guerras injustas.

Porque es así.  Hay guerras de guerras, hay guerras justas y guerras injustas.  Cuando los opresores usan la armas para lograr sus fines, tratan de mostrar que son guerras justas, pero nada más injusto que promover o defender un orden de cosas basado en la explotación y opresión.

Es la ley del embudo.  La cháchara sobre una nueva época de paz, en la que no tiene sentido el uso de las armas para obtener propósitos políticos, sólo la utilizan cuando se trata de verdaderas luchas justas.

Pero ese pacifismo es hipócrita, como hemos vista hasta el hartazgo desde el 11 de septiembre.  Los políticos, periodistas e intelectuales burgueses que nos hablaban y hablan de lo “pasado de moda” de las luchas radicales, no se cansan de hacerle barra a las andanzas guerreras de Bush y compañía.

Para analizar una guerra o cualquier lucha lo que hay que ver son los intereses de clase que hay detrás de esa guerra o esa lucha.  Para juzgar toda guerra, y para asumir una posición frente a ella, hay que mirar con qué fines se hace la guerra y qué clases la han preparado y la dirigen.

El imperialismo también significa que habrá revolución –el levantamiento de los oprimidos para derrotar a sus explotadores y atormentadores– y  que esta revolución será una justa lucha mundial para barrer a este monstruo global, el imperialismo.

Las justas luchas antiimperialistas como las de Corea, Vietnam, China, etc., que se dieron en el siglo pasado, fueron unas justas luchas y merecieron el amplio apoyo de los trabajadores del campo y la ciudad y los intelectuales progresistas de todos los continentes.  Incluso en los mismos países agresores.

Hoy, lo que está pasando con las luchas contra la globalización y las agresiones económicas, militares y culturales del imperialismo merecen igualmente el más amplio, fiero y radical apoyo.  Saludamos con alegría este despertar.

Las nuevas generaciones que han nacido a la vida política en estas luchas tienen una gran responsabilidad histórica.  Pero para estar a la altura de esa responsabilidad tenemos que sacar lecciones de las luchas antiimperialistas del pasado, sin castrar la imaginación, la creatividad, para afrontar problemas nuevos.

Y si que se necesita.  Hoy tratan de colgarle el rótulo de “terrorista” a toda actividad que vaya en contra de los intereses de los opresores, o que los cuestione de alguna manera.

Porque la tal “lucha contra el terrorismo” busca reprimir toda oposición de los campesinos y obreros y de los jóvenes conscientes de otras clases.

En esto juega un importante papel desenmascarar las mentiras de los medios de comunicación de quienes tienen el poder económico, político y militar, que los convierten en medios de desinformación.  La desinformación busca crear opinión favorable a los que les sirve a los intereses egoístas de los que tienen el Poder.

A veces quieren dividir en dos polo y obligarnos a tomar posición por uno de ellos. Pero, estar contra los ataques de los imperialistas no implica estar de acuerdo con el gobierno talibán, que oprime y reprime al pueblo afganistano.

Pero tampoco quiere decir que se apoye a una supuesta “tercera fuerza” que quieren imponer los imperialistas.  Tenemos que estar es con el pueblo de Afganistán, en su lucha contra la agresión imperialista y más allá de eso, que se eleve en lucha por la liberación nacional del yugo imperialista y del yugo de los actuales opresores talibán.

Reiteramos, hay guerras justas y guerras injustas.  Eso es cierto y de eso se aprovechan los opresores para buscar apoyo para sus guerras como hoy contra Afganistán.  Pero lo clave es la relación que hay entre guerra y política.  La guerra y la política están muy ligadas, la una corresponde a la otra.  Hay que ver qué mueve a una guerra, las clases que la libran, las clases que la dirigen.

Si.  Esta guerra de agresión se inició por lo de los ataques a Estados Unidos, (donde murieron muchos inocentes, es cierto) pero lo que está detrás también son los intereses económicos de sacar el petróleo de Asia Central, por lo que necesitan controlar a Afganistán.

No hay que ver sólo lo que nos muestran los mentirosos medios de comunicación.  Si miramos la historia, vemos que por lo general las causas de la guerra son de este tipo, así se les ponga cualquier disfraz.

Aceptar esta guerra de agresión porque es una “justa” respuesta de Estados Unidos por los ataques del 11 de septiembre es aceptar el “derecho” a atacar cualquier país y quedarse orondos.  Quienes atacaron a Estados Unidos pueden alegar más justamente el derecho a “venganza” por los ataques recibidos.  Porque los pueblos del mundo llevan muchos años soportando la agresión directo o indirecta de Estados Unidos.

Por eso tenemos que oponernos a esta guerra infinitamente injusta.  Pero tenemos que ir más allá, tenemos que oponernos a la política de agresión de los imperialistas, y tenemos que oponernos al imperialismo mismo.  Hoy es Afganistán, mañana será otro país, incluso Colombia.

A pesar de que en los días siguientes al 11 de septiembre, los medios de comunicación difundían el apoyo a la “venganza” imperialista, y mucha gente pudo ser engañado por el bombardeo de mentiras de los medios de comunicación...

A pesar de que la posibilidad de ser atacados por ser “apologistas del terrorismo” o cosas por el estilo también pudo frenar algunas de las manifestaciones de repudio a los imperialistas, pero cada vez menos...

A pesar de que la ideología que más promueven es el egoísmo y la mentalidad del  “sálvese quien pueda”...

En todo el mundo crece la solidaridad con el pueblo afgano que es víctima de varias agresiones a la vez, de los opresores talibán y de los bombardeos imperialistas.

Lo ilustran muy bien las declaraciones que han leído hace un momento algunas personas.  Se viene rescatando y se tienen que rescatar más esos valores tan preciados para el pueblo como la solidaridad de clase.

 Los trabajadores y el pueblo en general de Colombia no tenemos nada en común con los opresores de Colombia ni de Afganistán ni de Estados Unidos.  Pero sí nos une al pueblo de Estados Unidos y de Afganistán el deseo de liberarnos de la opresión imperialista y de construir una sociedad más justas, más racional.

Luego del inicio de los bombardeos el 7 de octubre, se han venido construyendo o fortaleciendo Brigadas Antiimperialistas, Comités y Colectivos Antiimperialistas en muchas partes de Colombia.  Les llamamos a unirse a ellos.

No va a ser sólo Afganistán.  El momento exige desarrollar la más amplia, profunda y radical lucha antiimperialista. Eso está a la orden del día.

¡Fuera yanquis de Afganistán, Colombia y de todo el mundo!

Brigadas Antiimperialistas

Bogotá, 8 de noviembre de 2001
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