Llamado de las Brigadas Antiimperialistas:
¡Desarrollar el más amplio, profundo
y firme apoyo a las masas populares del Chocó!
“No veo cómo se puede poner aún más al descubierto [la hipocresía occidental].  ¿Existe alguna persona honrada sobre la Tierra que albergue cualquier ilusión al respecto? Es gente cuya historia está salpicada por la sangre de los demás.  Colonialismo, apartheid, esclavitud, limpieza étnica, guerra bacteriológica, armas químicas..., lo han inventado prácticamente todo.  Han saqueado naciones, aniquilado civilizaciones, exterminado poblaciones enteras.  Se muestran en la escena mundial completamente desnudos, pero no sienten vergüenza alguna, porque saben que tienen más dinero, más comida y bombas más grandes que nadie.  Saben que pueden destruirnos a todos en el transcurso de un día normal de trabajo”.
Arundhati Roy – Escritora India

Los acontecimientos del pasado 2 de mayo en Bojayá (Choco- Colombia) donde murieron 119 pobladores y varias decenas fueron heridos generaron una de las consabidas orgías de “interpretación” de la situación colombiana en diferentes ámbitos, animada e influida por los medios de comunicación para embutirles a los colombianos del común (la inmensa mayoría) su fabricada “verdad” sobre las causas de los problemas de la sociedad colombiana y las salidas a estos.

Estos acontecimientos, ligados a todas la nefastas movidas del imperialismo, principalmente el norteamericano –desde Afganistán hasta Argentina y desde Venezuela hasta Palestina–, exigen que los del fondo de la sociedad continuemos analizando lo más profundamente estos acontecimientos, sin dejarnos atrapar por los sesgos de los medios de comunicación de los capitalistas-imperialistas. ¡y que actuemos en consecuencia! Esta es una de las ocasiones en que nuestra orientación de organizarnos y movilizarnos lo más amplia, profunda y firmemente en torno a una causa justa cobra un sentido más pleno y urgente. ¡No podemos tolerar que los imperialistas y sus lacayos nos digan qué es lo que es justo y qué es lo que es injusto, quiénes son los causantes de los problemas y quiénes las víctimas, con quiénes nos debemos unir y con quiénes no!

El dolor que nos produce la muerte de la gente del pueblo chocoano  no nos puede llevar a actuar como borregos de quienes moldean la opinión  pública con la mayor hipocresía, propia de los de su ralea. Basta uno de muchos ejemplos: cuando en agosto de 2000 las Fuerzas Militares masacraron a sangre fría (sin que estuvieran en medio de un combate) a media docena de pequeños escolares en Pueblorrico, Antioquia, tanto el gobierno como los medios inmediatamente calificaron estos hechos como un “lamentable error”, y ahora cuando las FARC, en combate contra lo paramilitares que han asolado esta región desde 1997 como parte de la estrategia de los imperialistas de “desplazar” a los campesinos y relatifundizar regiones potencialmente ricas en recursos como petróleo (“casualmente” todos los sitios a los que llegan los paramilitares hacen parte de los planes de explotación petrolera), se ensañan echando toda la culpa a las FARC y sacando en limpio a sus consentidas “Autodefensas” que forzaron al pueblo no combatiente a servir de escudos humanos.

Las lágrimas de cocodrilo que derraman las clases dominantes por el pueblo chocoano son parte de la hipocresía que les es propia, porque en verdad el imperialismo, los capitalistas y los terratenientes han sido los causantes de las miles y miles de muertes y del empobrecimiento permanente del pueblo chocoano.  Los padecimientos del pueblo del Chocó son los padecimientos de los millones de oprimidos y explotados de Colombia que tienen sus raíces en la centenaria dominación imperialista, en la explotación de los capitalistas y terratenientes que han condenado a las masas empobrecidas de campos, pueblos y ciudades a la explotación y opresión en función de los egoístas intereses de un puñado que se lucra y aprovecha en todos los demás sentidos del sudor y la sangre vertidos por el pueblo.

Desde la misma esclavización de sus antepasados por parte de los españoles, el pueblo indígena y afrocolombiano del Pacífico ha tenido que ver una y otra vez cómo en las minas, aserríos y cultivos, generación tras generación han dejado sus vidas mientras que terratenientes, capitalistas criollos y multinacionales le despojan del fruto  de su trabajo y les mantienen en la opresión mediante la fuerza oficial o para-oficial.  Los imperialistas han saqueado el oro, el platino y la madera... y ahora el petróleo: un renglón en el que el país ha pasado a producir hoy más de trece (13) veces lo que producía en 1985. Como señalaban, sin pelos en la lengua, diversos analistas no hace mucho en un Foro Internacional:  «Es relevante ver cómo a medida que el proyecto paramilitar va copando zonas petroleras, llenando de terror extensas regiones, la cantidad de crudo explotado crece de manera rauda.  La relación entre compañías petroleras y militares o paramilitares es un asunto de diario batallar a lo ancho del planeta.  La mayor de estas cuencas sedimentarias [de las 18 recomendadas en 1999 por el entonces presidente de ECOPETROL Rodado Noriega a inversionistas extranjeros] se encuentra en la cuenca hidrográfica del río Atrato.  Para 1997 un titular de prensa destacaba: ‘La guerra se regó por el río Atrato’. Y es que se le llama guerra en esta zona a la sistemática expulsión de sus pobladores habituales».

Y no es sólo el petróleo.  El Chocó biogeográfico es reconocido como la región con la más alta concentración de biodiversidad por unidad de área reportada en el mundo.  La importancia del Pacífico colombiano está muy clara para los imperialistas yanquis y por ello es que desde 1973, a través del USDA (Departamento de Agricultura de Estados Unidos) hace presencia en el Parque Nacional Natural de los Katíos.  Los imperialistas se vendrán con todo a saquear, además del petróleo, los recursos genéticos y el Chocó repetirá la historia que ha padecido con el oro, el platino, la tagua y la madera...

Es que el “desarrollo “ que trae el imperialismo a los países dominados es un desarrollo desequilibrado y distorsionado. ¡Qué mejor ejemplo que éste! El Chocó además de ser frontera con Panamá, limita con el Valle del Cauca, el eje cafetero y Antioquia, regiones en las que se ha desarrollado la (distorsionada) industria capitalista colombiana.  Pero es un departamento indigente al lado de sus vecinos:  Sólo tienen servicio de agua potable y energía eléctrica menos de la cuarta parte de la población de Quibdo, la capital, pero la mitad de los que tienen estos servicios carecen de alcantarillado; el departamento tiene uno de los menores índices de escolaridad del país; y de cada 1000 niños que nacen, mueren 94 de enfermedades curables;  el 45% de los casos de malaria registrados en 1998 en el país, se dieron en el Chocó, y ha sido uno de los departamentos más afectado por el cólera en la década pasada... Y por si fuera poco, buena parte de quienes padecen el desplazamiento forzado son los chocoanos.  El 36% del total de desplazados corresponde a población afrocolombiana e indígena que constituyen la mayoría en el Chocó (88% del total de los habitantes son afrocolombianos y casi el 9% son indígenas).  A esto se agrega la opresión de raza, y los intentos por oponer masas negras contra masas indígenas.  Si bien la constitución de 1991 reconoció formalmente la igualdad de las minorías, definiendo la sociedad colombiana como multiétnica y pluricultural, la realidad muestra palmariamente que las ilusiones constitucionales de nada sirven y esta igualdad formal, corresponde a una desigualdad real.

Esa es la cruda realidad de las masas populares del pacífico chocoano.  ¡Y los causantes de este oprobioso estado de cosas junto con sus lamesuelas pretenden hacerse pasar ahora por defensores y salvadores de las masas chocoanas! La frase que citábamos al comienzo sobre los imperialistas (y sus socios locales) cae como anillo al dedo;  “Cómo se puede poner aún más al descubierto [la hipocresía de los capitalistas-imperialistas]. ¿Existe alguna persona honrada sobre la Tierra que albergue cualquier ilusión al respecto?]

¡No lo pueden hacer en nuestro nombre, en nombre del pueblo colombiano! ¡Basta de traficar con el sufrimiento de las masas populares! Para los explotadores, además de que son la fuente de ganancia produciendo toda la riqueza, ahora quieren usarlas como parapeto para decirle al mundo que las FARC (y todos los que se levanten en rebelión) son «terroristas».  Para las FARC, se ha visto que no son más que ficha de negociación para presionar reformas ya que no se basan en ellas para desencadenar todo su poder transformador.  Para la AUC no son más que un estorbo que sus amos (de quienes son simples perros de presa) les mandan a desechar.  ¡Pero para quienes creen (y creemos) en una sociedad completamente nueva de verdad, el pueblo es la fuerza motriz que hace la historia! ¡Y vaya que el pueblo afrocolombiano e indígena lo ha demostrado con su rica tradición de lucha desde los mismo albores de la Conquista y la Colonia!

Hoy el pueblo chocoano no está solo. No solo cuenta con el sincero apoyo moral y material de los obreros, campesinos, maestros y estudiantes progresistas colombianos, sino que también cuenta con la hermandad de los oprimidos de otras partes del mundo, desde el mismo Estados Unidos hasta Sudáfrica, desde Argentina hasta Palestina.  El pueblo colombiano tiene mucho más en común con los oprimidos de todo el mundo que con los opresores y sus secuaces de “nuestro” propio país. Y tenemos un enemigo común, el imperialismo y todos sus lacayos.  En todo el mundo se está generando hoy un amplio y firme movimiento de resistencia popular, al que tenemos que unirnos.

¡Fuera yanquis de Afganistán, de Palestina, de Colombia y de todo el Mundo!
¡Vivan las gloriosas masas colombianas!
¡Unámonos al Movimiento de Resistencia Popular Mundial!

Brigadas Antiimperialistas

Colombia, mayo de 2002
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