ˇContra la globalización imperialista,
Unir las luchas del pueblo y organizar la resistencia!

Hoy se inicia “el acuerdo comercial más grande de la historia del país”, que implicará “un cambio profundo en las reglas de toda la actividad económica colombiana”. Ese es el tipo de frases de la gran prensa colombiana con que se enmascara el que se inicia una de las peores pesadillas para las masas trabajadoras de la ciudad y el campo del país y de toda la región: millones de campesinos más se quedarán sin trabajo; aumentará la tugurización de las ciudades, millones de obreros más sin empleo o con peores condiciones de salario y seguridad social; servicios públicos, educación y salud privatizados y más caros; la pequeña y mediana producción será devorada por las grandes corporaciones multinacionales...

La imposición del Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos significa mayor explotación imperialista para Colombia y América Latina ya que el “libre comercio” quiere decir que se puede explotar “libremente” a la gente y todos nuestros recursos. El TLC es un elemento del plan del imperialismo yanqui para integrar completamente los países de Centro y Suramérica al mercado global. Colombia y los demás países se convertirán en menos tiempo en gigantescas maquiladoras, es decir, fábricas de corporaciones imperialistas donde nuestros trabajadores ensamblan piezas que se fabrican en otros países, los productos acabados se venden en el exterior, los salarios y demás condiciones laborales son especiales, es decir sin los “privilegios” de los beneficios sociales ganados por los trabajadores en décadas de lucha, y el gobierno lacayo les proporciona tierra, servicios públicos, transportes y exención de impuestos.

Vivimos en la época del imperialismo en la cual los grandes monopolios dominan el mundo, en todas las esferas de la vida económica y social (y en lo militar). La expansión del comercio fortalece la capacidad de los que pueden aprovechar las redes de producción y comercialización mundial, eliminando los mecanismos establecidos por diversos países para proteger la industria y agricultura nacionales. Poner las pequeñas y medianas empresas del tercer mundo en una rivalidad directa y despiadada (“libre”) con las gigantescas multinacionales imperialistas garantiza que éstas se traguen a las más pequeñas y extiendan su penetración y dominación de los países oprimidos.

Las verdaderas metas del TLC ( y la futura ALCA -Área de Libre Comercio de las Ámericas) están cubiertas con mentiras publicitarias de “promover la prosperidad por medio de la integración económica y el libre comercio”, “erradicar la pobreza y discriminación en todo el continente” y “garantizar el desarrollo sostenible y conservar nuestro ambiente natural para las generaciones futuras”. Pero la realidad es todo lo contrario, esencialmente aumentará la libertad del capital de cruzar fronteras sin obstáculos en busca de las mayores ganancias. Se eliminarán las pocas leyes que protegen la salud, seguridad y derechos de los trabajadores y el medio ambiente. Permitirá a las corporaciones demandar a los países pobres si las leyes les impiden sacar ganancias. Se profundizará la privatización de la salud pública, la educación y los servicios públicos, siendo estos entregados a las grandes corporaciones. Aumentarán los derechos de patente de las corporaciones sobre las semillas y los medicamentos (impidiendo la producción de medicinas genéricas a menor costo). La fauna y la flora aún no explotada, los conocimientos ancestrales de nuestros pueblos e incluso los genes de las comunidades indígenas pasarán a ser mercancías capitalistas.

En México, país donde desde hace 10 años se puso en práctica este tratado, los salarios han disminuido, un obrero mejicano gana menos de la décima parte que un obrero norteamericano, 65 millones de mejicanos (más de la mitad) están en la pobreza, 100.000 pequeños y medianos negocios han quebrado y es hoy el país que tiene la mayor brecha entre ricos y pobres en toda América Latina y hoy México importa maíz, arroz y frijoles y es uno de los mayores depósitos de productos tóxicos provenientes de los Estados Unidos y Canadá. Y ya se han desmantelado más de 200 de las maquiladoras que se crearon con el TLC, trasladándolas a China donde la mano de obra es aún más barata. ¡Lo que realmente se ha mantenido creciendo son las fuerzas militares y de policía, para mantener a raya el descontento del pueblo!

Si bien la situación del pueblo colombiano no es distinta, a la miseria absoluta en que se debaten más de 25 millones de personas, al inmenso y creciente desempleo, a la concentración del 62% de la tierra en manos de un puñado de terratenientes, al cierre de hospitales, escuelas y colegios y al saqueo de nuestros recursos como el carbón, el petróleo, nuestra fauna y flora, se unirán los “beneficios” del TLC: más de lo mismo y peor. Entre tanto el régimen lacayo encabezado por Uribe, continua preparando nuevas formas para militarizar aún más la sociedad y restringir los derechos del pueblo para garantizar la entrega de nuestro país a sus amos yanquis.

Pero este es sólo un lado del asunto. La implantación de estos tratados chupasangre no ha sido ni será un paseo para los imperialistas. Lo que está encontrando por todo el mundo es un pueblo que está dispuesto a jugársela toda para que las próximas generaciones no sean de esclavos. Y es que la actual situación está llevando a que millones de personas por todo el mundo le entren a la lucha política. Aunque algunos se han asustado creyendo que el imperialismo es todopoderoso, otros han empezado a hacer algo y muchísimos otros están manifestando y demostrando que están dispuestos a ir más allá de los límites establecidos. Unido al tradicional odio que tenemos los oprimidos por el imperialismo, miles de personas buscan ahora entender la fuente de la opresión y cómo eliminarla definitivamente.

En esta búsqueda permanente por romper el yugo imperialista, se expresan distintas formas de ver la opresión y la forma de liberarnos de ella. Hay quienes reducen el blanco a las medidas antipopulares de los distintos gobiernos (susceptibles de ser cambiadas con la “lucha” parlamentaria), o yendo un poco más allá lo ven simplemente en un “modelo” de capitalismo, el neoliberalismo, o sólamente en algunas instituciones financieras, con las que hay que romper nexos, renegociar las deudas o buscar préstamos o inversiones de capital con intereses más suaves para aliviar la dominación. Y hay quienes incluso lo reducen a sólo los imperialistas norteamericanos, proclamando incluso como “capitalistas democráticos” a otros imperialistas. Si bien en muchos de estos movimientos se expresan honestamente sentimientos antiimperialistas, es urgente en medio de la lucha diaria hombro a hombro y por medio de la discusión fraterna, mostrar sus limitaciones y señalar las verdaderas causas, las raíces de nuestra opresión y la necesidad de la construcción de un auténtico movimiento antiimperialista mundial, que busque arrancar de raíz el problema, el sistema imperialista, y que busque una verdadera revolución.

La historia ha mostrado una ley social: ¡donde hay opresión hay resistencia! Pero la sola resistencia no es suficiente, necesitamos organizar la resistencia, unirnos todos los que somos pisoteados bajo este sistema. Necesitamos generar un movimiento amplio, que una en la acción y pensamiento a las masas oprimidas por el sistema imperialista; profundo, que señale las causas de la opresión y no sólo los efectos y apariencias y que potencie en comprender que sólo barriendo el sistema imperialista de la Tierra es posible solucionar los problemas del pueblo; y resuelto, que despliegue el espíritu de rebeldía de los oprimidos, en especial de la juventud, uniéndola con la síntesis de experiencia de las décadas pasadas, que tenga iniciativa, audacia, alegría, valentía y determinación en la lucha.

No son sueños vanos, hoy vemos cómo vientos de rebeldía recorren el mundo entero. Son soplos de aire fresco para todos los pisoteados de la tierra. El pueblo, principalmente los jóvenes, desde Palestina e Irak, pasando por India Nepal y Turquía hasta América Latina están en las primeras líneas de lucha contra el opresor. El pueblo colombiano es ejemplo indoblegable de coraje en la lucha, desde la resistencia a los colonizadores españoles e ingleses, hasta la lucha contra el imperialismo yanqui por parte de los obreros bananeros, ferroviarios, petroleros y la lucha por la tierra de los campesinos e indígenas. Hoy es más necesario que nunca retomar su legado y tradición de lucha y apuntar a romper el yugo imperialista y a construir una sociedad más justa y más racional.

Hoy mismo, coincidiendo con el inicio de las negociaciones del TLC se realiza un Paro nacional. Pero no es simple casualidad. Las organizaciones de trabajadores de sectores como el petrolero, educativo, de la salud, que son de los que están en la mira del TLC, están siendo hoy blanco de la aplanadora uribista que busca allanarles el camino a sus amos imperialistas y sus lacayos capitalistas burocrático-compradores y terratenientes para quienes tratados como el TLC que constituyen un infierno para las masas trabajadoras, es un paraíso que defienden y defenderán con las garras. Que este paro, que la solidaridad con los obreros petroleros y la USO, que las manifestaciones contra el TLC y el ALCA, que todas las chispas de resistencia ayuden a encender el fuego de la verdadera lucha contra todo el sistema opresor. Esa es nuestra tarea. Y no estamos solos.

Saludamos el espíritu antiimperialista que recorre el mundo entero e invitamos a todas las fuerzas e individuos que participan en este movimiento, a unir voluntades, a forjar una unidad amplia y fraternal de todos aquellos quienes odiamos verdaderamente al imperialismo. Que las luchas de todo el planeta fluyan en un poderoso torrente. Que la discusión nos sirva para fortalecer la unidad, ampliar las miras y apuntar alto en nuestras metas.

¡Por un mundo sin imperialismo,
unirse y fortalecer el Movimiento de Resistencia Popular Mundial!
¡Fuera yanquis de Colombia, de Irak, Palestina y de todo el mundo!
¡Resistir contra la agresión imperialista dirigida por Estados Unidos!
¡Resistir contra las medidas proimperialistas y fascistas del lacayo Uribe!
mayo 18 de 2004
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