El pueblo de Haití necesita liberarse
de su mayor tragedia: el imperialismo

Deja muchas inquietudes, y muchas enseñanzas, la tragedia de Haití. Una tragedia que no ha sido generada completamente por el terremoto del pasado 12 de enero:

¿A qué se debe que la devastación del terremoto y el número de muertos sean más grandes de lo que lo serían si el mismo desastre natural se diera en una ciudad del "primer mundo"?

¿Por qué al informar sobre Haití, no sólo desde el terremoto, sino desde muchos años antes, se plantea que es el país más pobre y dependiente del hemisferio occidental?

Deberíamos preguntarnos ¿por qué es tan pobre el país que le dio tanta riqueza a Francia hasta el siglo XIX y luego ha enriquecido a los capitalistas estadounidenses y como los productores de arroz y a los beneficiarios de las maquilas de ropa?

¿Por qué es tan dependiente el primer país latinoamericano que se independizó de las potencias coloniales europeas? ¿Por qué el país más rico del planeta, y vecino de Haití, más que ayuda médica y equipos de rescate centra en enviar tropas de ocupación?

¿Por qué Estados Unidos ofrece una ayuda de 100 millones de dólares que es menos de la milésima parte de lo que gastan los militares yanquis en Irak o Afganistán causando mucho más daño que varios terremotos?

"Ningún ser humano podría haber detenido el terremoto que sacudió con semejante fuerza asesina el 12 de enero. Pero muchas de las personas que han perecido en Puerto Príncipe NO TENÍAN QUE MORIR", como acertadamente señala un reciente artículo del periódico de los revolucionarios maoístas de Estados Unidos.

"El terremoto fue una catástrofe natural. Pero la situación que dio lugar a tantas muertes no fue natural. Miles de personas que, de hecho, podrían haberse salvado murieron innecesariamente porque los países ricos y poderosos que tienen los recursos para rescatar a las personas, sobre todo los Estados Unidos, no proporcionaron ayuda inmediatamente después del terremoto".

Estados Unidos es el país más poderoso del planeta. Está sólo a unos pocos cientos de kilómetros de Haití. Pero en los días cruciales después del terremoto no envió los alimentos, agua, suministros médicos y equipos de rescate y personal médico tan necesarios.

Para el pueblo haitiano, y para los pueblos del mundo, debe quedar claro que los líderes imperialistas, y el sistema que representan, lejos de ser la solución a sus problemas son la fuente de ellos y el principal obstáculo para solucionarlos definitivamente.

El enfoque que las fuerzas imperialistas le están dando a la distribución de las ayudas y los intereses que están en juego para ellos es claro. Su papel policivo y de control manifiesta claramente que ante todo deben salvaguardar la "estabilidad" del país, y legitima la presencia permanente de sus tropas de ocupación y de misiones de la ONU; además quienes dictaminan cómo será invertido el dinero donado para la reconstrucción no son las masas ni sus necesidades, sino las necesidades del sistema que hoy por hoy están en legitimar el gobierno títere, menguar todo brote de protesta y organización popular, y que Haití siga apoyando las operaciones logísticas y de contingencia del Comando Sur en el Caribe.

"Estados Unidos ha deformado la economía haitiana a su antojo; arruinó por completo la economía agrícola imponiendo ventajas arancelarias a los productos agrícolas estadounidenses y restringiendo las ayudas internacionales a la compras de alimentos enlatados, impidiendo que éstas se utilicen en el fomento de la agricultura de subsistencia del pueblo, al punto que hoy los pocos cultivos rentables del país tienen como destino exclusivo la exportación, mientras el pueblo aguanta hambre".

El desplazamiento forzado de los campesinos hacia la ciudad (a raíz de la quiebra de la economía agrícola, en particular el arroz, debida a las presiones de Estados Unidos y el FMI), llevó a la creación de tugurios llenos de viviendas endebles. El geógrafo estadounidense Kenneth Hewitt acuñó el término "terremoto clasista" para referirse a estos desastres que no afectan a todos por igual, ya que golpean con mayor vehemencia a los pobres, en buena medida porque los tugurios empiezan con mala geología y "la pobreza magnifica los riesgos de los peligros naturales", como señala el escritor e historiador Mike Davis.

Ninguna "opción" o "solución" que ofrezca el sistema capitalista-imperialista a las masas es aceptable; todas van a estar subordinadas a las necesidades del sistema y no van a representar opciones o soluciones reales para el pueblo. La historia de lucha y organización del pueblo nos muestra que SÍ es posible minimizar los efectos de las catástrofes naturales y responder como se debe ante situaciones de este tipo para minimizar el sufrimiento del pueblo, pero que esto sólo es posible cuando un principio que rige una sociedad es el "servir al pueblo" y no "la ganancia al mando", como sucede hoy en la sociedad capitalistaimperialista.

El pueblo haitiano tiene una rica tradición de lucha y rebeldía; siendo la colonia más próspera de Francia, prosperidad que descansaba sobre la explotación de medio millón de esclavos, vivió una rebelión que puso fin a la esclavitud y sacudió todas las colonias alrededor del mundo, al servir de ejemplo a los millones de esclavos que vieron cómo sus anhelos de libertad sólo podían alcanzarse con estos levantamientos revolucionarios. Y no sólo es parte del pasado, a través de su historia el pueblo haitiano se ha caracterizado por los constantes levantamientos en contra del imperialismo y de las clases explotadoras locales.

El pueblo de Haití necesita de la solidaridad y la ayuda de los pueblos del mundo, pero ante todo necesita una verdadera revolución, que ponga fin a los siglos de dominación, de economía distorsionada, de atraso, de dependencia, de hambre. que desate toda la capacidad creadora del pueblo y pueda plasmar en la realidad todos los deseos de libertad que desde hace dos siglos han mantenido encendida la llama rebelde del pueblo haitiano.

El pueblo que en el siglo XIX derrotó a las potencias coloniales europeas, incluyendo al ejército de Napoleón, el pueblo que hace más de 30 años se sacudió de la sanguinaria dictadura de los Duvalier impuesta y respaldada por Estados Unidos, es el pueblo que tendrá que hacer una revolución verdaderamente liberadora la próxima vez, una revolución proletaria. El pueblo que se liberó del cruel sistema esclavista en el siglo XIX, tendrá que liberarse de la moderna esclavitud del imperialismo y las clases dominantes locales en el siglo XXI.

Brigadas Antiimperialistas

22 de enero de 2010
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