¡El aborto seguro y gratuito a solicitud, es un derecho básico de toda mujer!
28 de septiembre de 2010

El derecho al aborto seguro y gratuito a solicitud es un derecho elemental de las mujeres de decidir sobre su propio cuerpo a fin de propiciar su participación y contribución a la sociedad en pie de igualdad. La lucha por el aborto es una lucha por la liberación de la mujer.

El control de la reproducción es una de las principales formas de controlar a la mujer en las sociedades opresivas. El hecho de que la reproducción se dé en el cuerpo de la mujer establece una base para que sea dominada. Desde que la sociedad se dividió entre los dueños de la propiedad y los que no tienen nada, desde que se impuso el dominio de un puñado de hombres sobre la sociedad y sobre la familia, se le negó a la mujer el derecho de tomar decisiones sobre su reproducción. Hoy día, la iglesia y el estado interfieren insistentemente, pero si la mujer puede controlar su reproducción, si puede decidir si tener o no hijos y cuándo tenerlos, podrá ser más fuerte y más independiente para desenvolverse en el mundo.

El control se descarga con mayor fuerza sobre las mujeres de las masas trabajadoras, quienes además en muchas ocasiones han padecido las campañas de esterilización inconsulta, y hasta el robo de sus hijos recién nacidos para el negocio de la adopción. Pero, principalmente, el control se ha concentrado en obligarlas a ser madres, fomentando ignorancia, dejando la salud y la educación en manos de comunidades religiosas y comerciantes, y penalizando el aborto. Así, la mayoría de mujeres que deciden interrumpir su embarazo tienen que someterse a abortos clandestinos, en condiciones poco higiénicas o primitivas -con agujas de tejer, radios de bicicleta o yerbas-, llevando a que muchas mueran por un aborto mal practicado.

En Colombia, en 2006 una sentencia de la Corte Constitucional despenalizó el aborto en tres circunstancias de excepción: embarazo producto de una violación, peligro para la salud de la madre y malformación del feto, pero poderosas fuerzas reaccionarias -que buscan mantener una sociedad basada en la explotación y opresión de la mayoría, para lo que requieren del patriarcado y la discriminación, en particular los fundamentalistas religiosos que tienen como abanderado al ultraderechista procurador Alejandro Ordoñez (alter ego de Uribe en esas lides)-, han lanzado una campaña de desinformación y movilización contra esa limitada despenalización, buscando criminalizar a las mujeres que recurren a interrumpir su embarazo, y tratando de impedir que se dé una enseñanza científica sobre la sexualidad y el aborto en colegios y universidades.

Los reaccionarios sean religiosos o laicos claman que la vida empieza en el momento de la concepción, y además difunden tonterías como la de que los fetos son "niños", o que un óvulo fertilizado es lo mismo que un ser humano. Pero no hay tal: esas células tienen el potencial de llegar a ser una vida humana, pero una persona en potencia no es lo mismo que una persona concreta. Hasta el momento del nacimiento, cuando el feto entra al mundo como ser social independiente, no es una persona, es parte de la mujer. No importa que los inquisidores de hoy citen la biblia ni otro libro supersticioso, ¡la mujer no es incubadora, el feto no es un niño y el aborto no es matanza!

Las violaciones cometidas contra mujeres y en especial contra las niñas se incrementan día a día.
Según cifras de Naciones Unidas, Colombia tiene uno de los índices más altos de mortalidad materna y, si la mujer está embarazada en la adolescencia, los riesgos de morir tienden a duplicarse en relación con las embarazadas en edad adulta.
En Colombia, en 2009, 9 de cada 100 adolescentes resultaron embarazadas y ¡cada día 19 niñas menores de 15 años se conviertieron en mamás!
Estudios recientes en el país advierten que el 50 por ciento de los embarazos no son deseados y de éstos el 46% termina en aborto inducido. Aunque no hay cifras exactas, en solo Bogotá se calcula que 146 mujeres mueren cada año a causa de abortos inseguros y mal practicados.

Mucha gente, especialmente los jóvenes en los colegios se han tragado los cuentos contra el aborto. Nos corresponde luchar duro por divulgar una visión científica y liberadora del aborto. Pero no lo podemos hacer si permitimos que se les dé siquiera la más mínima validez a las mentiras que dicen. Para convencer a la gente honesta que está confundida y malinformada, lo único es decir con firmeza la verdad: que el aborto no es matanza, que los fetos no son niños, que la mujer debe tener el derecho incondicional a terminar un embarazo no deseado y que no tiene que pedir disculpas por eso.

Mucha gente que defiende el derecho al aborto lo hace de una manera defensiva, pero no debe ser así ya que la posibilidad de abortar es absolutamente necesaria para que la mujer controle su propia reproducción para tener igualdad y liberación. Ninguna mujer tiene por qué sentirse culpable de hacerse un aborto. El aborto en condiciones sanitarias debe estar al alcance de cualquiera que lo solicite, sin importar la razón. La mujer debe sentirse orgullosa, no acomplejada, de tomar control de su vida, desafiar su opresivo papel tradicional y luchar por ser independiente.

Las cortes no son "fuerzas neutrales", son parte del sistema y protegen los derechos de la mujer solo en la medida en que eso corresponda a sus intereses. La experiencia nacional y mundial muestra que pedir que las cortes o el parlamento nos defiendan desmoviliza al pueblo, crea un clima de pasividad y promueve la falsa y peligrosa ilusión de que podemos contar con las autoridades para cambiar la situación.

Es necesario que las mujeres decidan sobre su reproducción, teniendo la posibilidad de abortar en condiciones seguras. La lucha por el derecho al aborto tiene que ver con el derecho de la mujer a incorporarse plenamente a la sociedad y a la lucha por el avance de la sociedad, y no puede menospreciarse con respecto a otras luchas, ni siquiera a la lucha contra la explotación económica. No se pueden romper todas las cadenas menos una. La igualdad de la mujer es lo que está en juego en esta lucha, una lucha que hace parte de la emancipación de la mujer y de toda la humanidad.

¡Sin la capacidad de controlar su reproducción y terminar un embarazo no deseado, la mujer no es más que una esclava! ¡Mujeres como esclavas... nunca más!

¡La mujer no es una incubadora, el feto no es un niño y el aborto no es matanza!

¡Romper las cadenas, desencadenar la furia de la mujer como fuerza poderosa para la revolución!

Brigadas Antiimperialistas

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