¡Luchar contra el sistema, no sólo contra el régimen de turno, romper sus límites e ir más allá!

Finalizando 2010, en el Norte de África y el Medio Oriente se desencadenaron varios importantes levantamientos de masas por millones, llevando a que se tumbaran odiados opresores apoyados por el imperialismo: en Túnez el derrocamiento del tirano reaccionario Ben Ali, en Egipto el régimen militar encabezado por Mubarak. A estos les siguieron levantamientos en Argelia, Yemen, Jordania y Omán, todo lo cual hizo añicos la idea casi generalizada de que “las cosas nunca pueden cambiar” y han demostrado poderosamente que no existe ninguna necesidad permanente de que las condiciones sean así para la inmensa mayoría de la humanidad que sufre los horrores de la explotación y la opresión. Sin embargo, a pesar de haberse derrocado a tiranos reaccionarios, siguen en el poder las mismas fuerzas básicas que han gobernado y explotado al pueblo con tanta crueldad. Como acertadamente resumiera Bob Avakian:

“[E]n todos estos casos, el resultado final no fue uno que resultara en una auténtica ‘libertad’ para el pueblo —al contrario, el pueblo ha seguido sometido a una cruel opresión a manos de aquellos que reemplazaron a los viejos y odiados gobernantes, a la vez que esos países han permanecido en el marco general de la dominación y explotación imperialista global. Pero la experiencia histórica también ha demostrado que la continuación de una u otra forma de dominio opresor NO es el único desenlace posible.

“En Rusia en febrero de 1917, el levantamiento del pueblo derrocó a otro déspota brutal, el Zar (monarca absoluto). En ese caso por igual, los imperialistas de Estados Unidos, Inglaterra y otros países, y los capitalistas rusos, trabajaron para continuar la opresión del pueblo con un cariz nuevo, haciendo uso de los mecanismos del “gobierno democrático” y elecciones que, si bien dejaron espacio para cierta participación más amplia de diferentes partidos, no obstante estaban controlados completamente por los explotadores del pueblo y aseguraban la continuación de su dominio, y la continuación del sufrimiento de las masas populares. Pero en este caso, se logró capacitar a las masas populares para que reconocieran estas maniobras y manipulaciones, llevaran a cabo su levantamiento revolucionario, en medio de muchas curvas, giros y vaivenes y, en octubre de 1917, barrieran y desmantelaran las instituciones y mecanismos de la dictadura burguesa y establecieran un nuevo sistema económico y político, el socialismo, el cual durante unas décadas seguía avanzando por el camino de abolir las relaciones de explotación y opresión, como parte de la lucha en todo el mundo hacia el objetivo final del comunismo. En los levantamientos en Rusia, había una diferencia crucial: existió un núcleo de dirección, una dirección comunista, que tenía una comprensión clara, con bases científicas, de la naturaleza no sólo de este o aquel déspota despiadado sino de todo el sistema opresor —y de que fue necesario continuar la lucha revolucionaria para expulsar a cierto gobernante de su cargo, pero de remate para abolir todo ese sistema y reemplazarlo con uno que encarnaría de verdad y le daría vida a la libertad y los intereses más fundamentales del pueblo, al esforzarse para abolir toda opresión y explotación.”i

La crisis capitalista en Europa también ha empujado a diversos sectores de trabajadores e incluso otros sectores anteriormente acomodados a luchas de resistencia contra algunos de los efectos de tales crisis: la pérdida de puestos de trabajo, la baja de salarios, reducción de garantías laborales, etc. En Estados Unidos, el movimiento Ocupar —que de manera principal ha movilizado a la gente para oponerse a la injusticia y la desigualdad y la dominación de la vida política, social y económica y las relaciones internacionales de parte de una clase elite superrica cuyos intereses se oponen a aquellos de la gran mayoría del pueblo— también ha puesto en discusión qué tipo de sociedad y de gobierno se requiere.

Todos estos movimientos y levantamientos han tenido importante influencia en los pueblos del mundo entero. Sin embargo, entre muchos de los que han participado o apoyado estas luchas, tiene mucha aceptación la idea de que un movimiento “horizontal” (a diferencia de un movimiento “jerárquico”) “puede servir de vehículo para mucho cambio social y quizá hasta un modelo de una sociedad diferente”, pero “esta idea (o ideal) no está a la altura ni puede estar a la altura de la realidad de lo que se necesita concretamente para arrancar de raíz y transformar en lo fundamental una sociedad, y de hecho un mundo, que se caracterizan por profundas desigualdades y relaciones de opresión y explotación dentro de cada país y están basados en la dominación de unas pocas potencias imperialistas poderosas sobre la gran mayoría de los países del mundo y sobre la gran masa de la humanidad. Para arrancar de raíz y transformar todo eso, se necesita nada menos que una revolución sin precedentes: un vuelco radical de las fuerzas gobernantes y potencias imperiales atrincheradas y violentamente represoras que hoy dominan la existencia social humana y las profundamente arraigadas relaciones políticas, sociales y económicas de explotación y opresión de las cuales aquellas son su encarnación y ejecutores. Para llevar a cabo tal vuelco y transformación radical, se necesita un enfoque científico hacia la orientación estratégica, programa y organización que en realidad se requieren para la revolución que en realidad se necesita.”ii

Algo muy positivo de estos movimientos es que, sin bien en muchos casos sólo de manera implícita, pusieron en cuestión el veredicto de la burguesía de que este es el mejor de los mundos posibles. Entre una inmensa cantidad de masas populares en todo el mundo, en particular de las nuevas generaciones, es más o menos claro que eso no es cierto y hoy están bregando con plantear alternativas. Desafortunadamente la gran mayoría de éstas han estado confinadas a los límites que imponen las clases dominantes, así como han estado permeadas de una valoración incorrecta de lo que fue la experiencia de la construcción de sociedades radicalmente diferentes en el siglo XX, las sociedades socialistas de Rusia (1917–1956) y China (1949–1976), en particular la experiencia de la Gran Revolución Cultural Proletaria en China dirigida por Mao entre 1966 y 1976.

El mundo clama por una transformación de veras radical y eso requiere que quienes anhelan un mundo mejor, no sólo resistan contra el sistema sino que lo hagan de tal manera que conduzca a una solución verdaderamente de raíz. En contraste con tal necesidad, una y otra vez diversos tipos de organizaciones reformistas (incluso armadas) han tendido a arrastrar al pueblo tras de uno u otro sector de las clases dominantes, en muchos casos en busca de escoger el “mal menor” y no de acabar con los males de esta sociedad. En Colombia, a pesar de las (muchas veces) agudas disputas entre diversos sectores de las clases dominantes, ninguno representa los intereses de liberación del pueblo, pero tampoco los representa el reformismo (armado o no) que históricamente ha tenido miras reducidas y no ha buscado un sistema radicalmente diferente sino ser parte del Establecimiento y entrar a compartir el poder con las clases opresoras, así los diversos sectores reformistas se diferencien en la vía para lograrlo (o incluso algunos utilicen una y otra a la carta). Y, es necesario insistir en que la cuestión principal a valorar de estos reformistas no es la vía (armada o pacifica) sino los objetivos que buscan. Para emanciparse en realidad de la opresión y explotación, el pueblo necesita zafarse de la dominación imperialista, del capitalismo burocrático-comprador y de la semifeudalidad como parte de una lucha mundial. Si se tienen realmente las miras en una sociedad sin opresión ni explotación, está fuera de foco dilapidar los sacrificios del pueblo en luchar por meras reformas para mantener en lo fundamental intacto el sistema.

HOY LA EDUCACIÓN ESTÁ AL SERVICIO DEL SISTEMA CAPITALISTA

Así, el problema de la educación no se puede quedar en sólo buscar ampliar el acceso o lograr la gratuidad en todos los niveles mientras se mantiene el carácter y estructura básica de una educación que refleja y refuerza el actual y obsoleto sistema económico y político, que ayuda a mantener y justificar las diferencias entre países oprimidos y países imperialistas, entre trabajo manual y trabajo intelectual, entre ciudad y campo y entre hombre y mujer que son la base en buena medida de la opresión y explotación y la justificación de éstas. Rebajar la lucha del movimiento estudiantil a simplemente mejorar las condiciones de la educación dentro del actual sistema ha sido una limitación basada en las ilusiones (y el cada vez más extendido individualismo) de las clases medias en su búsqueda de ascenso social utilizando la educación como vehículo.

Una educación al servicio de las clases opresoras

La educación en Colombia se ha configurado en función y al servicio de los grandes burgueses y terratenientes, y del imperialismo. La educación para las masas populares no tiene otro propósito más que prepararlas para una vida de esclavitud en beneficio de las clases dominantes —con apenas el conocimiento básico o las destrezas requeridas para, en la inmensa mayoría de los casos, operar una máquina o tareas administrativas rutinarias, o para una breve vida como soldado en las fuerzas armadas reaccionarias. Y, aún más fundamentalmente, la educación capitalista es educación en el capitalismo, en su concepción del mundo y sus principios y en la noción de que éstos y la sociedad a la que sirven son “eternos e insuperables”. Invirtiendo toda la historia y la realidad misma, reduce a las masas a una multitud ciega, si es que acaso aparecen en la escena, encuadrando todo simplemente en términos de unos pocos “grandes hombres”, representando compasivamente a los peores tiranos y opresores como héroes a emular y, por supuesto, borrando el contenido de clase de todo evento y acción importante en la historia y en el mundo actual, predicando idealismo, metafísica, pragmatismo y todo tipo de disparate y veneno —tal proceso educativo es un arma crucial de la burguesía para mantener encadenadas a las masas populares y dominado el destino de la sociedad.

Una educación elitista que perpetúa la división entre quienes mandan y quienes deben obedecer y la división opresiva entre trabajo manual e intelectual

Todo el sistema educativo en el capitalismo está organizado como un sistema de carrileras, donde desde niños un puñado de gente, casi invariablemente de las clases opresoras, con toda suerte de privilegios y ventajas negados a las masas, son seleccionados y preparados para posiciones de “liderato” y autoridad en la sociedad, mientras que aquellos de los amplios sectores de trabajadores y de las minorías oprimidas más que nada son condenados a ser “encarrilados” en una vida de duro trabajo y agonía —tal sistema, que convierte en principio la división entre el trabajo intelectual y el manual, que juega una parte clave en la perpetuación de esta división y las divisiones de clases en general, debe ser echado a la basura, donde pertenece.

La exclusión en el acceso al sistema educativo refleja que esta sociedad está estructurada para que unos —una minoría— sean los que trabajen principalmente con la ideas o en el campo intelectual, y otros —la gran mayoría— sean los que trabajen principal o exclusivamente con sus manos. La “pirámide ocupacional y educacional” en Colombiaiii deja ver claramente esto: el 68% de quienes trabajan en el país no ha accedido a ningún tipo de educación superior, donde la gran mayoría sólo ha alcanzado la educación básica, y del 32% que sí ha accedido a la educación superior, 14,5% son técnicos y 14,2% son tecnólogos (67,7% universitarios y sólo 3.6% tiene posgrado), con lo que en realidad algo más del 77% de quienes laboran en Colombia se dedican al trabajo manual, si es que tienen trabajo. Y la meta del Ministerio de Educación es aumentar la proporción de la educación técnica y tecnológica en la educación superior, llevándola a un 60%. Con la marcada diferencia entre la educación superior profesional y la técnica/tecnológica, se refuerza la división entre los que se preparan para mandar y los que se preparan para obedecer.

Los programas técnicos y tecnológicos reciben un fuerte componente de “educación en valores y competencias ciudadanas” —“convivencia y paz”, “participación y responsabilidad democrática”, “pluralidad y valoración de las diferencias”— para enseñar cuál es su posición en la sociedad y cómo “comportarse bien” en ella, respetando siempre la autoridad establecida. El trabajo con las ideas y el conocimiento científico que explica su labor es muy limitado y casi nulo, lo que les niega la posibilidad de conocer realmente el mundo y por qué importa, por qué las cosas son como son hoy y cómo llegaron a serlo, ¡y cómo pueden cambiar!

Una educación que refuerza el patriarcado y la opresión de la mujer

Las marcadas diferencias entre “profesiones para hombres” y “profesiones para mujeres” casi no se han superado. El incipiente estrechamiento de la brecha no es fruto del reconocimiento de que hombres y mujeres son iguales y tienen las mismas capacidades, sino que se debe a la necesidad del sistema de formar mayor cantidad de profesionales para satisfacer sus necesidades y empujar las mujeres al mercado laboral, como parte también de engrosar la clase media (como “amortiguadora” entre las clases antagónicas) y estabilizar la sociedad de esa manera.

El rencauche de viejas teorías deterministas que justifican la opresión de la mujer asociándola a causas biológicas, y su amplia difusión como teorías dizque “científicas” de la mano con la promoción y aumento desmedido de la prostitución y la pornografía —y el hecho de que algunos teóricos en el campo de las ciencias humanas defiendan estas actividades como “trabajos” iguales a ser maestras o ingenieras— constituyen clara muestra de que lejos de acercarnos a acabar con la opresión de la mujer o de que el actual sistema educativo esté apuntando en esa dirección, lo que estamos enfrentando es un ataque frontal contra las mujeres y la posición de igualdad que pueden ocupar en una sociedad que rompa totalmente con estas ideas y relaciones sociales atrasadas. Considerar esta cuestión como algo secundario o ni siquiera tenerla en cuenta en el debate sobre el tipo de sociedad y el tipo de educación que necesita el pueblo, y no hacer una refutación cabal de toda esa basura pseudocientífica, es aceptar que la mujer siga ocupando una posición subordinada, condenar a la mitad de la población a continuar encadenada a la tradición opresiva y no movilizar una poderosa fuerza para transformar la sociedad radicalmente.

La actual orientación de la educación en el campo refuerza la distorsión y el desequilibrio del país

Un estudio de 2003 del actual viceministro de educacióniv, señala que el 35% de los que se matriculan en primero de primaria terminan el ciclo, y la mitad de estos inician la secundaria, de los cuales sólo el 8% termina el noveno grado y el 7% culminan el ciclo completo de educación básica. En el campo, el 10% de los niños de 7 a 11 años se queda sin estudiar, cifra que aumenta al 40% entre los de 12 a 17 años. La solución propuesta por el gobierno al problema de la cobertura educativa se puede resumir en lo que han denominado “postprimaria”, que “flexibiliza y diversifica el currículo escolar”, “telesecundaria”, transmisión del conocimiento con material impreso y a través de la televisión; y “sistema de aprendizaje tutorial, SAT”, que “vincula directamente el contenido del currículo con las necesidades socioeconómicas de la región, a través de proyectos productivos”. La cuestión aquí es que las “necesidades socioeconómicas de la región” son las necesidades de las clases dominantes locales y del imperialismo. El problema de la tierra (tenencia y destinación) y la semifeudalidad, lejos de resolverse con el desarrollo del capitalismo, se han agudizado y las necesidades del campo están determinadas por los intereses de los grandes propietarios de la tierra —terratenientes de viejo y nuevo cuño y capitalistas agrarios—, y al servicio del auge de los grandes proyectos minero-energéticos y agroindustriales. Contentarse con la ampliación de la cobertura educativa bajo este marco refuerza la dominación de las clases explotadoras en el campo y engaña a las masas campesinas al hacer pasar como suyos los intereses de los grandes terratenientes, los capitalistas burocrático-compradores y el capital imperialista en general.

Una educación al servicio del imperialismo

Desde comienzos del siglo XX la educación en Colombia se ha configurado al servicio de las necesidades del imperialismo y en los últimos años en particular se ha puesto énfasis en desarrollar al país como una gran fuente de recursos minero-energéticosv, reforzando así la dependencia económica y política. En términos generales, a la vez que forman la mano de obra que necesitan explotar, estabilizan sectores de masas potencialmente explosivos con la ilusión de la movilidad social, fomentando el individualismo, como parte de minar la resistencia.

Toda la cháchara sobre “educación para el trabajo”, “pertinencia del sistema educativo”, “conocimientos ligados a la práctica”, promulgada por las clases dominantes no significa otra cosa que poner el conocimiento al servicio del sistema productivo capitalista y las necesidades económicas actuales de los grandes burgueses y terratenientes: todo es medido en relación con su aplicación en algún área estratégica de su producción, reduciendo —minimizando— el campo de acción para el desarrollo de conocimiento científico que ayuda a comprender cómo funciona el mundo (la naturaleza y la sociedad) y cómo transformarlovi. Esta dinámica también está reforzando una mayor separación entre las distintas áreas del conocimiento, donde se promueve que cada especialista se preocupe de “lo que le corresponde” sin pensar en las consecuencias de su trabajo o la interacción con otras áreas del conocimiento. La evaluación de los impactos ambientales de la megaminería es un ejemplo palpable, a los ingenieros de producción y procesos se les inculca que los “ambientalistas” se encargarán de “reparar” el daño causado.

Basta echar una ojeada a lo que se está investigando en los diferentes centros de investigación para corroborar que una inmensa mayoría está relacionada directa o indirectamente con los grandes proyectos de las “locomotoras de desarrollo” del gobierno Santos (minería, agricultura, infraestructura, vivienda, innovación) y que de acuerdo a la región donde se encuentre puede concentrarse en mayor medida en una “locomotora” u otra. Por ejemplo, en la Universidad del Tolima los ingenieros forestales están concentrados en estudios para aumentar la productividad de los megacultivos de bosques para la producción maderera y de papel en el Valle, Cauca y Tolima; en la Universidad Industrial de Santander una buena parte de las investigaciones en las ingenierías y ciencias naturales está al servicio de la producción petrolera, la megaminería e infraestructura, recibiendo financiación directa de parte de algunas de las empresas relacionadasvii, mientras las ciencias humanas también están a su servicio, por ejemplo, en economía están realizando estudios de impacto económico para estas empresas o en trabajo social están haciendo trabajo de campo para convencer las comunidades de las “bondades” de estas explotaciones.

Luchar por una nueva educación

El problema no radica en que el sistema educativo responda a las necesidades de la producción de una sociedad determinada. Lo que debe preocupar de fondo es a quién sirve esa producción, y las relaciones que se establecen al respecto. Así que es despreciable, por decir lo menos, simplemente taparse las narices y echar a andar en la dirección que hay establecida. Pero hay la opción contraria, es necesario y posible que las cosas (todas, toda la sociedad, y la educación como parte y al servicio de esto) se organicen de otra manera. Es necesario luchar por una educación en función de una sociedad que satisfaga las necesidades de las masas populares, la inmensa mayoría de la población, y que lo haga de tal forma que sea sostenible y no devaste el ambiente.

 Se necesita una nueva educación que conduzca a romper la dependencia del país al imperialismo y desarrollar una economía equilibrada, autosuficiente y autosostenible, lo cual no quiere decir autárquica pero sí una economía que rompa con la dominación imperialista, y sea parte de forjar un mundo radicalmente diferente que apunte a eliminar las división entre países oprimidos e imperialistas, y correspondiente con tal visión una educación al servicio de la emancipación de los pueblos del mundo y la humanidad. Una educación antiimperialista, no significa caer en enfoques “nacionalistas” burgueses que limitan el aprender de las experiencias avanzadas de los diferentes rincones del mundo, la lucha revolucionaria a nivel mundial y todo aquello que permita comprender y transformar el mundo. Un enfoque nacionalista estrecho lleva a rechazar todo lo “extranjero” (pero ante todo a rechazar las ideas y concepciones revolucionarias), algo que ha tomado bastante vuelo en el movimiento popular, al promover erróneamente que los símbolos “nacionales” (realmente muy acuerdo con los intereses de la clase dominante), mientras se desprecia las importantes experiencias de construcción socialista en otros países del mundo.

Una nueva educación debe servir a desarrollar una producción que tecnifique procesos productivos para liberar las cargas a los trabajadores, no con el ánimo de remplazarlos y ahorrarse los salarios correspondientes, sino con el objetivo de que tengan más tiempo libre para dedicarse a actividades que históricamente les han sido negadas: la ciencia, el arte, la cultura, el deporte y ante todo una educación para hacerse políticamente aptos para dirigir la sociedad y un nuevo tipo de Estado radicalmente diferente, que constituya una transición hacia la meta de eliminar todas las diferencias de clase, todas las relaciones de producción en que estas descansan, todas las relaciones sociales que acompañan esas relaciones de producción, y revolucionar todas las ideas que surgen de esas relaciones sociales.

En la sociedad en que vivimos hoy nada de esto es posible porque no corresponde a los intereses de la minoría que domina, mediante la dictadura (con las leyes, los tribunales, las cárceles, las fuerzas militares y de policía). Hacer llamados “racionales” a que renuncien a sus intereses es algo más que ingenuidad, es un engaño. La única manera de conquistar y defender derechos (incluyendo tumbar leyes lesivas) es por medio de la lucha de resistencia organizada, pero más temprano que tarde vuelven las cosas a “su cauce”, si no se va más allá de la resistencia convirtiendo las luchas en verdaderas escuelas un cambio de verdad. Con la sola la resistencia es imposible transformar radicalmente (es decir, de raíz) la sociedad, para ello se requiere una revolución de verdad, radical de verdad, que derroque el poder de las clases explotadoras y opresoras.

A las organizaciones reformistas les encanta repetir una y otra vez que la revolución es una utopía, algo irrealizable, un “sueño bonito” pero al fin y al cabo un sueño. Pero en realidad lo utópico reside en querer acabar de manera fundamental con los males del sistema capitalista sin deshacerse de él, en centrarse en lograr algunas reformas del Estado opresor para hacerlo un poco más “democrático”. Todos aquellos que han abrazado ese ideal utópico del reformismo han terminado más temprano que tarde siendo parte del Estado opresor y ayudando a mantenerlo y, ¡qué ironía!, en muchos casos siendo aplastados por ese mismo Estado que defienden. En Colombia hemos tenido que presenciar uno tras otro el desfile de levantamientos y entrega de organizaciones reformistas de todo tipo, cuyos objetivos nunca (así utilicen métodos violentos, incluso armados) han ido más allá de poner algunos emplastos al putrefacto sistema.

“Las leyes son para los de ruana”

Por muy alentador que haya sido el auge experimentado por el movimiento estudiantil durante 2011, no es correcto evaluar que su máximo logro haya sido retrasar la nefasta reforma a la nefasta Ley 30, ni que su máxima aspiración y tarea deba ser presionar al gobierno para que les permita ser los redactores de una nueva ley de educación. Su legado más valioso es que (a pesar de sus dirigentes) planteó importantes cuestionamientos sobre el sistema educativo colombiano y su relación con el funcionamiento de la sociedad en general, prendiendo el debate y atrayendo a él a sectores que se habían mantenido al margen durante algún tiempo. Hoy corresponde alentarlo aún más y sacarlo de los límites que históricamente el reformismo le ha impuesto.

La “Revolución Educativa” de Uribe (que ha tenido y tendrá continuidad bajo Santos), tan alabada por las clases dominantes y sus apologistas en los medios y la academia, y cuya meta era garantizar la competitividad del país dentro de la imperialista división internacional del trabajo, se propuso “universalizar la educación básica, y ampliar la media y la superior” teniendo como eje “aumentar la pertinencia de la educación para promover la competitividad y la productividad”, y como sus principales estrategias “fomentar la educación técnica y tecnológica” y transformar el enfoque de la educación media. Su proyecto estratégico es adecuar y flexibilizar la oferta en educación superior, de tal manera que responda a las necesidades del imperialismo, así como crear la ilusión de que es posible ascender en la pirámide social mejorando el nivel educativo, y garantizar así una relativa estabilidad política en sectores de las capas medias.

Los llamados a la gratuidad total de la educación basados en “honrar” la “progresista” Constitución de 1991 pasan por alto el carácter mismo de ésta como una Constitución burguesa, una Constitución que no pretende oponerse al capitalismo-imperialismo sino que sienta el marco para que se desarrolle sin mayores trabas. Los reformistas de todo tipo hacen caso omiso de que fue la Constitución de 1991 la que abrió la puerta de par en par al llamado neoliberalismo, al tiempo que hacía unas concesiones formales como parte de acoger como parte del Establecimiento a las fuerzas guerrilleras reformistasviii que se entregaron en el proceso de paz de comienzos de la década de 1990 (concesiones que fueron siendo desechadas poco a poco en la infinidad de reformas durante las dos décadas transcurridas). Transformaciones radicales que realmente pongan en el poder a las masas trabajadoras no se plasmarán en ninguna constitución burguesa porque esto no corresponde a sus intereses de clase. Por muy “benevolente” que se muestre o que pretenda ser algún sector de la burguesía, el funcionamiento mismo del sistema, del que hace parte y al que se subordina, tarde o temprano lo llevará a jugar más estrictamente bajo sus reglas o de lo contrario correría el riesgo de ser “sacado del juego”.

Una educación que persigue el pensamiento crítico y refuerza la ignorancia

Excluir amplios sectores del pueblo del proceso de producción y transmisión del conocimiento, y que éste sea mutilado/limitado a lo que deben conocer para jugar el papel que le han asignado dentro del sistema, hace parte de la naturaleza opresiva de éste, de su necesidad de mantener en la ignorancia a la gran mayoría de la población y sobre todo de reforzar la idea de que no hay otra forma en que la sociedad puede organizarse. La persecución al pensamiento crítico y el disentimientoix, la renuencia a alentar el debate y la controversia en las aulas y los círculos intelectuales con métodos represivos y burlescos, es parte de su programa ideológico en el que el pueblo sólo debe obedecer sus órdenes sin cuestionamiento alguno. El sólo hecho de que sectores del pueblo se planteen alternativas a este sistema sanguinario y caduco, o cuestionen su funcionamiento, es una amenaza a su orden que no pueden permitirse. Si las masas “descubren” en este proceso de discusión y análisis de la historia de la humanidad que en realidad existe una alternativa, que no hay una necesidad permanente del actual estado de cosas, podría poner a tambalear su orden y crear grietas por donde puede estallar todo el descontento acumulado por siglos de opresión.

Algunas organizaciones han acertado al plantear que el sistema educativo reproduce las divisiones de la sociedad, pero no aciertan en identificar cuáles son estas divisiones fundamentales; también han acertado al identificar la instrumentalización del conocimiento al servicio del sistema productivo de forma estrecha, pero no caracterizan ese “sistema productivo” y a quién sirve; denuncian la mercantilización de la educación, pero no identifican este proceso en la esencia misma del sistema capitalista-imperialista; se indignan ante la falta de criticidad y la persecución al disentimiento en la academia, pero no lo identifican como una necesidad misma de las clases dominantes para perpetuar el sistema que apuntalan. Tales posiciones unilaterales y limitadas en el campo intelectual corresponden a una posición e intereses de clase que, en el terreno ideológico y político, puede llegar al reconocimiento de algunos de los efectos de la dominación de unos pocos sobre la mayoría, pero es incapaz de ir hasta la raíz de esta desigualdad y descubrir que en el fondo subyace un sistema de producción con sus correspondientes relaciones sociales, instituciones, ideas y valores, que constituye el marco de la sociedad que es necesario confrontar y finalmente poner fin, para construir una sociedad realmente nueva, y como parte de ella una nueva educación. Es necesario luchar porque el pueblo se apropie del conocimiento que la humanidad ha producido hasta hoy y sea parte del proceso de continuar desarrollándolo y llevándolo a nuevas alturas, y que este proceso no refleje ni refuerce las relaciones opresivas del sistema sino que conduzca a eliminarlas.

¿Por una nueva educación para un país con soberanía, democracia y paz?

La consigna de la MANE: “¡Por una nueva educación para un país con soberanía, democracia y paz!”, merece ser analizada parte por parte.

En primer lugar, en el contexto de las necesidades del imperialismo y el papel que le “corresponde” a Colombia: los Estados-nación de los países oprimidos son Estados semi(o neo)-coloniales, por lo cual sin derribarlos y desengranar el país del sistema imperialista es imposible hablar de soberanía o independencia política de verdad, no meramente formales. En un país oprimido y dependiente del sistema imperialista el Estado cliente debe velar por garantizar las condiciones más favorables para la explotación por parte del capital imperialista. Toda la legislación (ambiental, laboral, tributaria y penal), el sistema educativo y sus fuerzas represivas, sientan el marco para que la inversión imperialista encuentre atractivos los países oprimidos, donde puedan extraer mayores tasas de ganancia y cumplir su papel dentro de la división internacional del trabajo.x

En segundo lugar, plantear la defensa de la “democracia” en general, dentro del actual orden divido en clases sociales y donde las clases opresoras ejercen (y ejercerán) su dictadura sobre la inmensa mayoría, es una falsa ilusión. Desde finales de la década de 1980 el Estado colombiano ha sufrido una serie de transformaciones, producto de la relación de mayor dependencia estructural de la nación colombiana con el imperialismo, principalmente estadounidense y la consolidación de Estados Unidos como única superpotencia imperialista después del derrumbamiento del bloque socialimperialista soviético, lo que le dio libertad para reconfigurar todas las relaciones (con los demás imperialistas y con los países oprimidos) económicas, políticas y militares alrededor del mundo. Es en ese marco que esperan “un país con democracia”.

En tercer lugar, un país “en paz”, mientras las clases dominantes ponen a toda marcha su máquina de explotación y opresión, constituye también un ideal “utópico”. El Estado colombiano está al servicio del imperialismo, el capitalismo burocrático-comprador y los terratenientes. Pero las ilusiones reformistas nublan la visión. Se ha difundido —y ha cobrado fuerza— la falsa idea de que “el Estado somos todos” y por tanto diferentes sectores del pueblo pueden “mandatar” en contra de las clases que detentan el poder económico y político. Esta ingenua (¿?) posición lleva a negar que el Estado es un instrumento de dominación de clase y a entenderlo como una institución que puede ser influenciada por todos los distintos grupos de la sociedad, dependiendo de cuánta presión se ejerza sobre él o de qué individuos ocupen los cargos públicos. La cuestión central radica en qué clase social detenta el poder —mediante sus leyes, sistema judicial, y especialmente mediante sus fuerzas armadas que garantizan la permanencia del orden social que corresponde a sus intereses de clase.

Como en toda sociedad basada en la explotación, las clases dominantes han contado con sus apologistas que justifican el orden social establecido. Hoy, cuando el mundo es un desastre para la inmensa mayoría de la población del mundo y después de la restauración del capitalismoxi tras la rica experiencia de construcción socialista en la URSS (1917-1956) y China (1949-1976), la ofensiva ideológica contra el socialismo y el comunismo se ha intensificado, a tal punto que en la mayoría de las ciencias humanas, se ha formado a miles y miles como reproductores de las mentiras y tergiversaciones sobre la historia del socialismo, lo cual se considera verdad, pero realmente no es más que propaganda reaccionaria e ignorancia institucionalizada, que es refutada claramente por investigaciones científicas objetivas que se han hecho.

Una y otra vez el sistema declara que el actual es el único mundo posible, que el socialismo “fracasó” y que, como pontificaba el ideólogo del neoliberalismo Francis Fukuyama, “en el fin de la historia no es necesario que todas las sociedades se conviertan en exitosas sociedades liberales sino que terminen sus pretensiones ideológicas de representar diferentes y más altas formas de la sociedad humana”, dan como verdad sentada que las posibles “fallas” del sistema deben —y sólo pueden— solucionarse bajo este mismo sistema capitalista. Todo esto lo refuerzan con el dominio que tienen sobre los medios de comunicación, la educación, etc., les permite difundir estas falacias y hacerlas pasar como la verdadxii a la par con la amplia difusión y promoción del postmodernismo, el relativismo y el misticismo, que de una u otra manera impiden que la inmensa mayoría conozca realmente cómo es que funciona la realidad, entre otras formas ayudando a ocultar el hecho mismo de que este dominio, y todo su poder, se sustentan en la propiedad de los medios de producción y el control de las fuerzas represivas (policía, ejército, cárceles, juzgados) y la difusión de toda la ideología que la refuerza.

Repetir los veredictos de las clases dominantes sin pasarlos por el tamiz de la crítica y método científicos, que tiene como principio cardinal la contrastación de lo que cualquiera dice con la realidad objetiva y no reconocer cómo sirven a sus intereses de continuar oprimiendo y explotando el pueblo, termina haciéndoles el juego a éstas y condenando a las masas a continuar viviendo bajo su bota aplastante de explotación, represión y engaño (y fomento sistemático de la ignorancia). Por el contrario, las masas populares necesitan conocer la historia de la humanidad, necesitan conocer cómo funciona el mundo y cómo es posible transformarlo; las masas populares necesitan entender que es posible construir un mundo mejor y que para hacerlo requiere romper con los límites de lo que es permisible y tolerable dentro del sistema y romper con el enfoque criticado por Lenin de que “se considera deseable sostener la lucha que es posible… y se considere posible la lucha que se mantiene realmente en el momento actual”.

Se necesita combatir el sistema, las simples reformas simplemente lo refuerzan

Durante décadas, lo que ha dominado en el movimiento popular —y en el movimiento estudiantil como parte de éste— han sido los distintos programas políticos que aceptan los veredictos de la burguesía, reducen la lucha del pueblo a reformar un Estado y un sistema obsoleto y que merece ser tirado a la basura. Esto último los horroriza, y tildan de utópico el llamado a desechar la ilusiones en un Estado burgués-terrateniente proimperialista, que a costa de la sangre del pueblo ha demostrado incontables veces cómo por su naturaleza no es “neutral”, y lo que está dispuesto a hacer para llevar a cabo los planes de sus amos.

La lista de crímenes y engaños del sistema imperialista y sus representantes es interminable. Desafortunadamente algunos reformistas que dicen luchar por los derechos del pueblo se niegan a verlos/reconocerlos y confían más en estos criminales a escala masiva que en el pueblo y toda las capacidades que tiene y puede potenciar por medio de la lucha revolucionaria. El pueblo necesita levantarse y luchar contra todos los crímenes que se cometen en su contra y en contra de los pueblos del mundo, y de ninguna manera debe confiar en sus verdugos; el pueblo necesita zafarse de la dirección reformista tradicional del movimiento popular y comenzar a entrarle a un auténtico movimiento para la revolución, en cuya forja se están haciendo importantes esfuerzos prácticos y teóricos. La discusión del tipo de educación y tipo de sociedad que se necesita es muy necesaria, y se debe alentar; pero reducirla a las leyes, la Constitución y sus respectivas reformas es depositar esperanzas huecas en el sistema, negarse a entender cómo funciona realmente esta sociedad y no buscar ni tener ninguna posibilidad real de transformarla.

Transformar radicalmente la sociedad y luchar por una nueva educación

La historia de la humanidad nos enseña que sólo una transformación revolucionaria de la sociedad derrocará las relaciones dominantes (hoy capitalistas-imperialistas a nivel mundial) en toda esfera, construyendo en su lugar relaciones económicas y sociales en las que las amplias masas populares sean desencadenadas para transformar el mundo y transformarse a sí mismas conscientemente, superando las profundas divisiones opresivas de esta sociedad. Este proceso dinámico y vibrante requerirá la transformación de todo el sistema educativo, así como la actividad científica y el deporte, como parte de una completa revolución cultural que transforme la concepción del mundo para que correspondan a las nuevas relaciones y a su vez las refuercen. Se requiere entonces:

▪ Una nueva educación cuyos objetivos, métodos de enseñanza y relaciones sociales apunten a capacitar cada vez más a las masas a conocer la realidad tal como es, y a comprender cómo puede transformarse en beneficio de emancipar a la humanidad de todas las relaciones opresivas que ha tenido que soportar desde hace milenios. Esto implica romper con ideas tradicionales —tan arraigadas en la escuela y en la academia— como la de que la ignorancia que hoy sufren quienes soportan con su trabajo esta sociedad es resultado de diferencias “naturales” entre los seres humanos.

▪ Una nueva educación que promueva una nueva moral, la práctica consciente de valores que estén ligados a la lucha revolucionaria de los pueblos del mundo contra toda opresión; amor por el pueblo trabajador en oposición a la sumisión y respeto por las clases reaccionarias y explotadoras de Colombia o de cualquier parte del mundo; trabajo común, colectividad, despliegue de la individualidad en el marco de la meta de la emancipación de la humanidad, en contra del individualismo castrante de la actual sociedad capitalista-imperialista que adquiere constantemente expresiones grotescas que muchos desprecian justamente; apoyo y solidaridad con los pueblos oprimidos que luchan contra el imperialismo, en oposición a la exaltación de la maquinaria de opresión de las potencias; desafío e irreverencia hacia toda forma de opresión de la mujer en contra de la degradación, interiorización y relaciones patriarcales que pesan sobre la mitad de la humanidad.

▪ Una educación en la que los conocimientos sean considerados y tratados como lo que son, productos del desarrollo de la humanidad y para beneficio de ella en su conjunto, y no mercancías ni capital para beneficio de intereses particulares de algunos individuos, sectores de la sociedad o países que dominen a otros. En la lucha revolucionaria por barrer el imperialismo de la faz de la tierra se necesita que millones adquieran conocimientos que permitan zafarse de la dominación económica, política y cultural, para que en la producción, así como en las esferas del arte y la ciencia sean parte de forjar una sociedad auténticamente liberadora y de dar impulso y apoyo a la lucha revolucionaria de los pueblos del mundo.

▪ Una educación en la que se forje una actitud científica entre las masas, de búsqueda de la verdad, sin temor a que pueda poner en cuestión conocimientos establecidos. Esto requiere que en el marco de las relaciones sociales en la educación y en su base epistemológica se cuestione la obediencia ciega a las “autoridades” académicas y se mantenga una actitud crítica científica hacia el conocimiento, buscando conocer la realidad cada vez más profundamente.

▪ Una educación que apunte a eliminar la división entre el trabajo intelectual y el trabajo manual. Esto requiere que se vincule la producción/difusión/aprendizaje de conocimientos avanzados en diversas esferas de la ciencia con el trabajo productivo. Además que se vinculen los conocimientos adquiridos por las masas en medio de su experiencia práctica y que sean correctos, con la teoría, que implica la abstracción y sistematización de los conocimientos adquiridos de un amplio abanico de experiencia de la humanidad. Todo esto debe darse en el marco de una crítica tanto a las ideas de que sólo unos sabios, aislados de las masas, pueden acceder y lidiar con conocimientos avanzados, como también a las que en nombre de la “democratización” del conocimiento y hasta de los intereses de las masas rechazan el conocimiento científico por considerarlo “occidental” y le hacen gala a la ignorancia y superstición (occidental u oriental) en las que el sistema ha metido a las masas de todo el planeta.

Un auténtico movimiento para la revolución no puede aplicar la misma la lógica del sistema, sino que debe romper con ella. Los objetivos de la lucha del pueblo deben ir más allá de “lo que es posible” dentro del marco del sistema, superando la “realpolitik” (“lo que se está haciendo es lo que se puede hacer”) que caracteriza las posiciones y enfoques reformistas que en la actualidad prevalecen en el seno del movimiento popular. Los miles de jóvenes en el país que han despertado a la vida política, y que se están planteando inquietudes e interrogantes sobre el futuro de la educación y de la sociedad entera, necesitan una visión y perspectiva radicales sobre la transformación posible y necesaria de la sociedad: una transformación revolucionaria en la que deben y pueden participar activamente.

Las clases dominantes arrecian su control sobre las instituciones educativas: amenaza al pensamiento crítico y la lucha por transformar el mundo

El control al interior de las universidades y otros planteles educativos apunta en la dirección de preservar a como dé lugar el orden social establecido. La situación en que los colegios e instituciones de educación superior se parecen más a centros carcelarios que a lugares donde se produce/transmite/apropia el conocimiento, se ha intensificado en los últimos años. Esto se ha manifestado desde lo más evidente como son las cámaras de seguridad, la presencia de policías (uniformados o no) a la entrada de las instituciones o las requisas regulares en los colegios en los barrios populares, por parte de la Policía de Infancia y Adolescencia —creada en 2006 para criminalizar la juventud—; pasando por la utilización de los celadores como policía política, encargados de controlar las expresiones políticas, y hasta académicas, de los estudiantes; hasta los más soterrados como el reclutamiento de estudiantes como delatores de las actividades “sospechosas” de sus compañeros ante las directivas de las instituciones educativas o todo el adoctrinamiento ideológico al interior de las aulas, que con la cháchara del pluralismo acepta todas las ideas y tendencias filosóficas, menos aquellas que cuestionen contundentemente el actual estado de cosas y/o planteen alternativas reales para transformarlo. Este ataque de las clases dominantes hace parte de estigmatizar toda la protesta popular, ha estado acompañado de la sevicia exacerbada por parte de las fuerzas represivas del Estado, y la correspondiente justificación de todas estas medidas represivas.

Ante los ataques de la reacción, el pueblo no debe “levantar los brazos” —como pedían algunos reformistas en las protestas estudiantiles de 2011— en señal de “conciliación” (de entrega más bien). Estas fuerzas reformistas se empeñan en llamados a “no provocar” al Estado, oponiéndose a la protesta popular y al cuestionamiento del sistema, niegan que es el sistema quién a través de sus fuerzas represivas es quién ejerce su violencia sistemática contra el pueblo que lucha,. ¿No estaban desarmados el pasado 16 de agosto los 34 mineros sudafricanos cuando fueron asesinados por “las fuerzas del orden”, enviadas por el Estado reaccionario a “aplacar” su protesta? ¿O los dos indígenas del Cauca asesinados por el ejército en las protestas del pasado mes de julio? ¿O no ha sido el Estado quién con sus fuerzas militares, de policía y paramilitares ha asesinado a miles de activistas populares y masas indefensas? Así que, ¿no es justo acaso que contra tal violencia reaccionaria institucionalizada el pueblo se levante y rebele?

Las universidades deben ser un campo de lucha ideológica y política entre lo viejo y lo nuevo. Desde una concepción avanzada del mundo se espera que en la universidad se desarrolle una actividad de carácter científico y creativo que se atreva a poner en cuestión continuamente los conocimientos “establecidos” y hacer rupturas con lo que se ha demostrado caduco y con los esquemas tradicionales, y esto permite que exista un ambiente de continuo debate y lucha entras las ideas correctas y las incorrectas, en el que permanentemente se esté buscando comprender cómo funciona la realidad y cómo es posible transformarla. Esto es lo que ha permitido a la humanidad hacer grandiosos avances en distintas esferas especialmente en los dos últimos siglos.

Quienes están cansados de las cosas como son hoy y anhelen vivir en un mundo mejor, quienes defienden el carácter científico del conocimiento y la educación, quienes creen firmemente que el disentimiento y el pensamiento crítico son vitales para el avance de la humanidad, deben oponerse seriamente a la orientación de las clases dominantes de convertir las instituciones educativas en cárceles del pensamiento, donde la única voz aceptable es aquella que no cuestione la autoridad establecida, donde literalmente se persigue y acosa todo aquel que se salga del marco establecido o no encaja en lo que es considerado “normal”. Mientras unos pocos se acostumbren al control y la represión, y llaman a otros a acostumbrase, sólo puede irse de mal en peor. Se requiere una resistencia fiera y amplia contra el control totalitario de los centros educativos; se requiere que nos atrevamos a ir contra la corriente oscurantista en que han venido sumiendo a la universidad.

No se puede ignorar una lección histórica pagada con la sangre de millones: ¡Luchar contra el sistema, no sólo contra el régimen de turno, romper sus límites e ir más allá!

Cuadro de texto: “Aunque una constitución puede jugar un papel importante en cualquier sistema político, no son las promesas de la constitución lo que conducirá a una sociedad sin explotación de clase si el ejército está en manos de las clases explotadoras y si los principales medios de producción están bajo su propiedad y control. De hecho, el papel de la constitución en toda república burguesa es precisamente garantizar que el sistema político no interfiera con el sistema económico de explotación subyacente y efectivamente le sirva. Los derechos democráticos otorgados al pueblo están dentro de este contexto y son restringidos por esa realidad. Cuando los derechos del pueblo declarados entren en conflicto con los imperativos del sistema socio-económico basado en la explotación, son los intereses del sistema de explotación los que triunfan y anulan los derechos del pueblo”. (Carta del PCREU. A los partidos y organizaciones participantes del Movimiento Revolucionario Internacionalista. 19 de marzo de 2008)

 

 

 

 

 

 

 

i “Egipto 2011: millones se han puesto de pie con heroísmo… el futuro está por escribirse. Una declaración de Bob Avakian, presidente del Partido Comunista Revolucionario, Estados Unidos”. http://revcom.us/avakian/Egypt/Egypt2011-es.html

ii “Una reflexión sobre el movimiento ‘ocupar’: un comienzo inspirador… y la necesidad de ir más allá”. Bob Avakian. http://revcom.us/a/250/avakian_on_the_occupy_movement-es.html.

iii “El Sistema de Educación Superior en Colombia”. Ministerio de Educación Nacional, Presentación del Viceministro. Bogotá, septiembre de 2008.

iv Mauricio Perfetti, “Estudio sobre la educación para la población rural de Colombia”, CRECE.

v En 2009 la minería y los hidrocarburos participaba con el 5.30% del PIB. En 2002 las exportaciones mineras representaban tan sólo un 12,72% del total del valor de las exportaciones nacionales, que ascendían a US$11.975 millones FOB, mientras que para 2009 representaron un 24,82% del total sobre unas exportaciones totales que ascendieron a US$31.853 millones FOB. (DANE).

vi Razón tiene Marcelino Cerejido (Países con investigadores pero sin Ciencia) al señalar que “Latinoamérica tiene (un poco de) investigación, porque eso depende de unos miles de personas entrenadas y exitosas, pero así y todo no tiene Ciencia (en el moderno sentido de la palabra), porque esta requiere una cierta manera de interpretar la realidad, que nuestras sociedades jamás han desarrollado. El tomar "Ciencia" como sinónimo exacto de "investigación" y de "conocimiento", nos lleva a confusiones que nos mantienen en la miseria. Pero hay maneras de superar esta situación, comenzando por que aquellas personas a quienes les damos el título de "Doctor en Ciencias", conozcan al menos su naturaleza, su historia, por qué algunos pueblos la tienen y otros en cambio no. El lema debe ser que al menos ese mundillo que hoy rodea a la investigación (técnicos, administradores, divulgadores, legisladores, empresarios) adquieran esa visión de la realidad, sin la cual la Ciencia no puede surgir ni prosperar”.

vii Ecopetrol, Pacific Rubiales, Eco-Oro (antes Grey Star), Odebrecht, Cerromatoso, etc.

viii El M-19, Quintín Lame, un sector del EPL y del ELN. Tales guerrillas no perdieron sus ideales, realmente sus programas políticos desde sus inicios están impregnados por buscar mayor participación democrática dentro del mismo sistema. Aquí el problema no reside en las formas de lucha sino en los objetivos recortados que tenían.

ix Las amenazas contra el profesor Renán Vega, de la Universidad Pedagógica de Bogotá, son la más reciente muestra de esto.

x Un claro ejemplo es la restructuración de la economía colombiana en función de la extracción de recursos mineroenergéticos y el papel del Estado en este proceso: la reforma al Código Minero a manos de los abogados de las multinacionales y el Ministerio de Minas; el envío y creación de batallones militares que garantizan el cumplimiento de la ley reaccionaria; la orientación de la investigación y la educación al servicio de la extracción minera. Igualmente, los proyectos avalados y financiados por Colciencias deben demostrar su “impacto en el sector productivo”, lo que hoy significa producción al servicio del imperialismo.

xi En la Unión Soviética, desde mediados de la década de 1950, una nueva burguesía contrarrevolucionaria encabezada por Jruschov se tomó el poder llevando a la restauración del capitalismo y la transformación de la Unión Soviética en socialImperialista (socialista de palabra, imperialista en los hechos). En China, a finales de 1976, se dio un golpe de estado por parte de la nueva burguesía bajo la dirección de Deng Siao-ping, con Jua Kuo-feng, lo cual llevó a la restauración capitalismo, manteniendo durante un tiempo una máscara “socialista”, manteniendo su nombre de “república popular” y organizándose todavía en un partido que se dice “comunista”, lo que realmente no constituye más que un cascarón del que no demoran en deshacerse por completo como lo hicieran los capitalistas de la que fuera  la Unión Soviética entre 1989-1991.

xii Uno de sus puntales ideológicos, el postmodernismo, tan de moda en la academia y que tanto ha influenciado a los “movimientos sociales”, se basa en negar la existencia de la realidad objetiva y en el relativismo. Sin embargo muchos de sus files y sacerdotes dejan de lado su relativismo cuando se trata de valorar el socialismo, cuya experiencia consideran un “fracaso”.

Brigadas Antiimperialistas

Septiembre de 2012
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