¿Representa Toni Negri lo nuevo, o lo viejo?

«Pocas veces los sucesos de la vida han refutado tan rápida y profundamente la tesis básica de un libro como el de Antonio Negri y Michael Hardt, Imperio [2000]. A fin de cuentas, Negri y Hardt describen un mundo en que un nuevo sistema global, que llaman "Imperio", ha reemplazado al imperialismo. Apenas habían bautizado este nuevo orden "imperial", se reafirmaron con mucha brutalidad y persistencia los rasgos comunes del imperialismo, sobre todo el estadounidense. La "guerra contra el terrorismo", la guerra contra Irak, la guerra contra el mundo, no de una entidad "imperial" sin Estado sino al servicio de los intereses de Estados Unidos y bajo su dirección. Después de que la guerra en Irak había hecho añicos tantas premisas de Imperio, Negri y Hardt publicaron Multitud [2004], que brega con algunas cuestiones del mundo después del 11 de septiembre, pero sin volver a examinar las tesis centrales.

¿Qué explica el atractivo de estos libros? Quizá, en parte, porque a Toni Negri lo apresó el gobierno italiano por su participación en el movimiento de la izquierda extraparlamentaria en los años 1960-70, o porque Negri y Hardt dicen haber descubierto una transformación fundamental de la sociedad y se basan en diversos ejemplos de aspectos de la vida social y la sociedad. Dicen que esta nueva etapa, que llaman "Imperio", es una sociedad de transición que se aleja del sistema imperialista. En su estudio, dicen que los distintos aspectos de lo que se llama la "globalización" prueban que el mundo avanza hacia el comunismo y a la desaparición de los Estados nacionales, cuando la humanidad se organizará y se administrará a sí misma.

Los autores dan voz a los sentimientos de millones de que hay condiciones para que la humanidad avance a algo distinto y que no se necesitará organizar la sociedad sobre los principios capitalistas de la codicia y saqueo. La conclusión de Multitud concentra esta idea: "Ya se puede reconocer que hoy el tiempo está escindido entre un presente ya muerto y un futuro [ya] viviente, y que el profundo abismo que los separa se está haciendo enorme" [406]. La posibilidad de organizar la sociedad sobre una base diferente se impone constantemente, en las aspiraciones y las luchas políticas y en toda esfera de la vida social (arte y cultura, métodos de investigación científica, filosofía y demás). La aspiración al comunismo es real, aunque pueda ser más, o menos, consciente. Lenin dijo que el comunismo brota de todos los aspectos de la vida social. No es de extrañarse que, como Negri y Hardt dan expresión a esas aspiraciones, su trabajo tenga cierta acogida.

La contradicción de su visión es que la sociedad no puede transformarse espontáneamente de la actual sociedad de clases a la futura sociedad comunista. Los que hoy dominan la sociedad harán y ya hacen todo a su alcance, como llevar a cabo enormes baños de sangre, para preservar el sistema capitalista.

Imperio no pone en primer plano la necesidad de destruir y enterrar lo que dice que está "ya muerto" (el imperialismo, la reacción y sus manifestaciones ideológicas). Con mucha frecuencia, los autores justifican y elogian al mundo como "el futuro ya viviente" (y no cómo podría ser), que aún se caracteriza por la propiedad privada, divisiones de clase, división en países opresores y oprimidos y demás horrores e injusticias del actual orden social. En esencia, quieren el comunismo sin las dificultades, sacrificios e incertidumbres de la revolución. Veremos que su visión del comunismo no rebasa los límites del sistema existente, que tal vez explica por qué están dispuestos a declarar la victoria cuando la batalla aún queda por librarse.

Veremos que, en cada esfera, Negri y Hardt rinden pleitesía a la espontaneidad, a que los procesos sociales conducirán a resultados favorables, y menosprecian el papel del pueblo como factor consciente en la reorientación del desarrollo social. La elaboración de su teoría es una lección en la espontaneidad: sigue a la cola de las corrientes intelectuales de los últimos decenios. Abrazan los escritos de diversos posmodernistas y adoptan gran parte de sus conceptos y vocabulario. Se refieren constantemente al mundo actual como "posmoderno", pero no quieren considerarse "posmodernistas". Dicen: "Por más que lo hagan de manera confusa e inconsciente, estos teóricos [posmodernistas] indican el tránsito hacia la constitución del Imperio" [Imperio, 140]. Toman lo que consideran el trabajo confuso e inconsciente de los posmodernistas como los componentes básicos de su sistema ideológico. El marxismo en el siglo XXI debe estar al tanto de los descubrimientos y debates de la sociedad actual (tal como lo hicieron Marx y Engels con el desarrollo de la ideología del proletariado en el siglo XIX). El marxismo debe abordar, descuartizar, criticar lo erróneo y absorber todos los aspectos de lo correcto de las fuentes más variadas. Pero Negri y Hardt hacen algo muy diferente. Hacen más consciente y sistemática la "confusión" del posmodernismo y dicen que esta nueva ideología corresponde a los cambios materiales en la organización de la sociedad, que llaman "Imperio".»

La anterior es la Introducción al ensayo "Sobre Imperio de Hardt y Negri: ¿Comunismo revolucionario o 'comunismo' sin revolución?", de KJA, en el número 32 de la revista internacionalista Un Mundo que Ganar [2006]. El ensayo aborda la obra de estos teóricos políticos radicales y algunas críticas de la misma. Como explica el ensayo, Hardt y Negri argumentan que la globalización de las últimas décadas ha llevado el mundo a una fase de "una forma fundamentalmente nueva de dominio" (que llaman "imperio") y que por eso el estado-nación ha perdido mucha importancia.

Además, señalan que muchas de las nuevas formas de producción relacionadas con la computarización han hecho anticuado el análisis marxista de la economía política. Prevén el desarrollo de esa fase a un futuro comunista sin estados-nación, en el cual la humanidad "se organizará y se administrará a sí misma". Declaran que se podría llegar a ese futuro por medio de variadas formas de acción de masas desde abajo, pero NO por una revolución para destruir el poder del estado actual y crear un nuevo estado apropiado a la transición al comunismo.

El ensayo de Un Mundo que Ganar es una polémica, una crítica global de Hardt y Negri. No niega los muchos cambios en el mundo que Hardt y Negri están abordando, sino que analiza detalladamente sus argumentos principales y examina lo que significan -y no significan- dichos cambios. Se adentra en las contradicciones reales y los fenómenos contradictorios con los cuales bregan Hardt y Negri, para examinar dónde se equivocan y por qué. En el transcurso del artículo, el autor aborda: ? las características esenciales del imperialismo; ? si el imperialismo es una política o un sistema en Estados Unidos, y cómo evaluar la historia de la democracia estadounidense; ? el papel, y el papel potencial, de la ONU y otras instituciones internacionales; ? qué es lo que realmente impulsa la producción y expansión capitalista, y las verdaderas causas y carácter de la crisis capitalista; ? la importancia de las luchas de liberación nacional, incluso en un mundo cuya economía es más altamente integrada, y las contradicciones complicadas que ese mundo creará para los estados socialistas futuros; ? el significado de las nuevas formas de producción relacionadas con la computarización; y ? ¿cuál es el camino adelante hacia la sociedad comunista: intentar "expandir la democracia" por luchas parciales hoy con el fin de reformar (o "transformar") las instituciones actuales, o prepararse concretamente para la revolución y hacer la revolución contra el poder estatal actual?

Todas estas cuestiones son de crucial importancia, y todas se expresan en los debates más agudos entre los radicales hoy en día. Por ejemplo, Hardt y Negri han planteado sistemáticamente una teoría que justifica y defiende la posición política de fuerzas como los Zapatistas, en México, que por su parte atraen a muchas personas ansiosas de un cambio fundamental. El enfoque del autor de la polémica de Un Mundo que Ganar NO es demostrar cómo Hardt y Negri se alejan de la historia del marxismo, sino adentrarse a los cambios reales que estos tratan y su análisis de dichos cambios, bregar con estos cambios materiales y responder con una respuesta materialista más profunda. [revcom.us - Revolución Nº 85, abril de 2007]

De nuevo, recomendamos mucho estudiar esta polémica, particularmente hoy, en un contexto en que el movimiento revolucionario se encuentra en una encrucijada en la que hay fuertes divergencias: el camino auténticamente revolucionario hacia la sociedad sin explotación y opresión, por un lado y, de otro, dos tendencias opuestas pero emparentadas: o bien de aferrarse de manera religiosa, dogmática, a toda la anterior experiencia de construcción de una nueva sociedad y a la teoría y el método asociados con ella, o (en esencia, si no de palabra) de renunciar a estas e ir en reversa hacia la democracia del siglo XVIII.

Brigadas Antiimperialistas

20 de Noviembre de 2012
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