La destitución de Petro y la facistización de la sociedad colombiana

El 9 de diciembre el procurador general ordenó la destitución del alcalde de Bogotá Gustavo Petro, y su inhabilidad para ocupar cargos públicos por 15 años, por “irregularidades” (chambonadas) en su reforma al sistema de recolección de basuras un año antes. La medida de la Procuraduría ha generado una crisis política que no se limita solo a la capital, por el asco que da que alguien como Ordoñez y sus amigotes ultraderechistas de camándula y motosierra tengan la potestad de juzgar y sancionar a alguien. Para el análisis más cabal de la situación, que Petro y sus seguidores han señalado como una conspiración, hay que tener en cuenta varios aspectos:

  • La conspiración derechista es una realidad. La derecha más recalcitrante y sus aliados están llevando a cabo una campaña coordinada para echar a un lado no solo a Petro sino a otros representantes de la “izquierda” tradicional e incluso a un sector de los liberales, pero no sólo eso, ni es apenas ahora.
  • Lo esencial y más importante es que poderosas fuerzas de esta sociedad están tratando de imponer a la brava un programa económico, político y social más reaccionario y represivo. Y tuvieron su mayor despegue en los ocho años del despótico “Uribato”.
  • A pesar de que critican la excesiva injerencia del Estado, en realidad quieren meter al Estado en nuestra vida diaria y darle a la policía carta blanca para pisotear presuntos derechos y protecciones constitucionales. Todo esto pretenden mostrarlo como una cruzada de alto nivel contra la corrupción y a favor de los valores tradicionales y la “rectitud moral”, fundados en la religión. En esto ha sido punta de lanza el procurador Alejandro Ordoñez.
  • En Colombia, al igual que en el mundo en general, el centro político se ha desplazado a la derecha, especialmente desde hace dos décadas tras el derrumbe de la imperialista Unión Soviética y el fin de la “guerra fría”. El imperialismo, encabezado por Estados Unidos, desató la llamada “guerra contra las drogas” y posteriormente (luego del 9 de septiembre de 2001) la “guerra contra el terror”, que tuvieron repercusiones importantes e inmediatas en Colombia, permeando la vida social y política del país hasta hoy.
  • En particular tras la más reciente oleada de globalización de finales de siglo, la arena mundial es cada vez más decisiva en los asuntos de cada país. En el sistema mundial capitalista-imperialista, hay dos tipos de países: las potencias imperialistas y toda una gama de países dependientes, subordinados a estas en calidad de semi (o neo) colonias. Para las necesidades de este sistema mundial ha sido clave el desarrollo incluso de teocracias y en general del fundamentalismo religioso de distinto tipo (así proceda de sectores reaccionarios locales con contradicciones con el imperialismo), desde el de los ayatolas y talibanes hasta la derecha cristiana estadounidense.
  • La injerencia de ésta no es retórica: la enseñanza de “valores” en Colombia desde los 90 se ha basado en buena medida en las ideas del ideólogo derechista William Bennett cuyos textos se han difundido por miles, e incluso en cientos de miles como insertos en El Tiempo.
  • La facistización es una necesidad del imperialismo, y tipos como el misógino y oscurantista procurador colombiano tienen un papel importante en la agenda imperialista. Las pretensiones teocráticas del procurador Ordoñez van en serio. Su tesis de grado, “Presupuestos fundamentales del Estado católico”, dedicada a “Nuestra señora la Virgen María” a la que le suplica “la restauración del orden cristiano y el aplastamiento del comunismo ateo”, sigue siendo su brújula.
  • El anticomunismo de Ordoñez no es marginal, es esencial a la doctrina de la organización políticoreligiosa que encabeza(ba), Tradición Familia y Propiedad. La base del discurso de la TFP, como lo señala su filial argentina es que el comunismo “es repugnante para la conciencia de un pueblo cristiano…”, “niega a Dios, la existencia del alma, la familia, la libertad legítima de trabajar, de emprender obras culturales, industriales o comerciales, la propiedad privada y, por ende, la herencia…”, es la “doctrina más antinatural y anticristiana que la humanidad haya conocido”.
  • Los ataques de Ordoñez no se dirigen contra quienes se plantean (con razón o sin ella) comunistas, sino contra todos los que, no siendo comunistas, bajo la percepción de la TFP sí ayudan a que las ideas comunistas puedan transmitirse o no ayudan lo suficiente a luchar contra el comunismo. Es precisamente esta doctrina (del inspirador de la TFP, el brasileño Plinio Corrêa), la que formó parte abiertamente de la legitimación religiosa de las dictaduras militares en Argentina y Chile.
  • Así, la moral del lefebvrista procurador Ordoñez es selectiva: En sus sanciones “peca”, —exonera a los Araújo, Merlano, Mario Uribe, etc. de la horda de políticos del paramilitarismo—, y para empatar “reza” — persigue a Piedad Córdoba, Alonso Salazar, Petro (y va por Iván Cepeda), a quienes considera enemigos, independientemente de que se arrodillen como Salazar respecto al aborto, y Petro con su voto de 2008 para elegir a Ordoñez y su explícita venia al Establecimiento en el funeral de Turbay en 2005.
  • Por otra parte, la resistencia también se ha desplazado hacia la derecha, e incluso muchos revolucionarios tendieron más hacia el reformismo y el economicismo (rendir culto a la espontaneidad, no llevar conciencia realmente revolucionaria a las masas populares), a nombre de buscar ganar peso cuantitativo, buscando “puntos de contacto” o un común denominador, nivelando por lo bajo.
  • Las oleadas de movilizaciones y paros en lo que va de la década —de estudiantes, campesinos, indígenas, maestros— a pesar de que han mostrado cierta beligerancia, de ninguna manera han puesto en cuestión la legitimidad del sistema, sino que por el contrario, y es un rasgo del corrimiento a la derecha, deliberadamente se han movido en función de legitimar al sistema, buscando alternativas dentro de este, limitándose a cuestionar un “modelo” de capitalismo y a llamar a que “se aplique la Constitución”.
  • El que el populista de “izquierda” Petro, sea víctima de la conspiración derechista no lo pone del lado de los verdaderos intereses del pueblo, que es también (y principal) víctima de la derechización/fascistización del país. Petro, como buena parte de la “izquierda tradicional” (que se ha desplazado a la derecha) es más representante de los ideales de la burguesía liberal, que se opone a los elementos más reaccionarios del sistema, pero no busca tocar la base material del sistema de explotación y opresión.
  • En una sociedad cuyas bases son las relaciones de producción capitalistas —como en Colombia, donde se desarrolla un capitalismo burocrático-comprador en el contexto de una sociedad semifeudal y semicolonial—, la superestructura legal y política (y las formas dominantes de conciencia social) sirven para mantener el dominio de la burguesía sobre el proletariado y para preservar y proteger aquellas relaciones de explotación.
  • Muchos se preguntan cómo, en un país democrático como Colombia, puede el sistema político servir para mantener la dominación de la burguesía sobre el proletariado cuando todos tienen el derecho de escoger los dirigentes políticos, participando en las elecciones. La respuesta es que las elecciones en esta sociedad y el “proceso democrático” en su conjunto son una farsa y una trampa, y en realidad un medio para efectuar la dominación sobre los explotados y oprimidos por la clase dominante. Las elecciones son controladas por la burguesía; no son el medio a través del cual se toman las decisiones básicas en ningún caso; realmente, sus propósitos fundamentales son los de legitimar el sistema, las políticas y acciones de la clase dominante, dándoles la fachada de un “mandato popular”, y canalizar, confinar y controlar la actividad política de las masas populares. [Hay que estudiar «Democracia, ¿es lo mejor que podemos lograr?», de Bob Avakian]
  • Se necesita el poder, pero eso no quiere decir puestos de poder dentro del actual sistema. Si hay cambios importantes (o que lo parecen) los bloquearán, como ha sucedido en todo el mundo, como fue el caso con Allende en Chile, donde antes del golpe militar la ultraderecha conspiró creando un caos no con las basuras sino con el transporte de carga.
  • Hay una enorme experiencia en el mundo y en Colombia de los muchos callejones sin salida representados por las fuerzas, incluso armadas, que buscan reformar el actual sistema, ganando porciones de poder sin tocar la base material que genera la opresión y explotación. Se necesita el poder, pero para barrer la opresión y explotación de todo tipo. Hay una rica experiencia de las revoluciones del siglo XX en Rusia y China, de sus inmensos logros y de sus errores. Y se necesita ir más allá de lo logrado hasta ahora. Para eso se necesita una verdadera revolución, ¡nada menos que eso!

  • Brigadas Antiimperialistas

    diciembre de 2013
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