¡Salvar el páramo! ¡Salvar el planeta!

Se oficializa la devastación del páramo de Santurbán. Una resolución de MinAmbiente (la 2090 del 14-dic-2014) ha dado vía libre a la actividad minera a gran escala en el área de páramo Jurisdicciones-Santurbán-Berlín.

En el consabido palabrerío del burocratés (como llama Martín Caparrós a la jerga de los burócratas y muchos oenegeros en su libro El hambre), se pretende que las grandes mineras se esforzarán por no afectar los “servicios ecosistémicos” que provee el páramo, como si el páramo fuera uno de los sub-sub-contratistas que sirven a las entidades oficiales o a las corporaciones imperialistas. Así que, tal vez, luego de deteriorarlo por completo, lo declararán “insubsistente”.

Es cierto que la resolución oficial es ecléctica (e hipócrita): por una parte supuestamente reconocen la importancia de este valioso ecosistema y dizque han tenido en cuenta que el agua del páramo surte 7 zonas hidrográficas y de ella se “benefician” (en realidad dependen) más de 2.500.000 personas de 68 municipios (incluidos un poco más de un millón del área metropolitana de Bucaramanga) y dicen que lo que buscan siempre es “el mejoramiento de la calidad de vida de los habitantes, la distribución equitativa de las oportunidades del desarrollo y la preservación de un ambiente sano” [sic]; pero por otra parte, de inmediato, dejan en claro que la Constitución protege “la propiedad, la actividad económica y la iniciativa privada[s]” y este hecho “obliga al Estado”, a ser “justo y equitativo” con la gran propiedad e iniciativa privadas y no puede solo estipular el marco para las actividades de los pequeños agricultores y mineros que viven en el/del páramo.

Con más palabrería de “armonizar” y “buscar un equilibrio” entre ambos aspectos, con promesas de que “atenuarán” y “prevendrán” las “perturbaciones” del ecosistema, de que habrá “preservación” y “restauración”, “uso sostenible” etc. (ya se sabe en qué acaban estas promesas, basta el botón de muestra de El Cerrejón en la Guajira)1, les abren la puerta a los contratos de concesión o títulos mineros (art. 5) “otorgados antes del 9 de febrero de 2010”. Así, poniendo de parapeto a los pequeños agricultores y pequeños mineros a nombre de ser “justos y equitativos”, les dan carta blanca al capital imperialista de Eco Oro (Greystar en “cuerpo ajeno”), AUX Colombia, Leyhat y otras.

No son simples temores, es una realidad ya palpable: “la empresa Anglo Gold Ashanti posee 17 títulos mineros, la canadiense Eco Oro Minerals Corp. (antes Greystar Resources Ltd.) 15 títulos, seguida por AUX Colombia con 14, Sociedad Minera Calvista con 12, Galway Resources Holdco con 8 y Leyhat con siete, la mayoría otorgados durante el gobierno de Álvaro Uribe [antes de la fecha límite del decreto, ¡qué casualidad!]”. Y, como era de esperar, se “descubrió en marzo pasado que Eco Oro había realizado 850 perforaciones, de 400 metros de profundidad en promedio, en muchas de las cuales verificó mal manejo, generando afectación a la vegetación circundante”2.

Lo que está bajo ataque de la voracidad del capitalismo-imperialismo aquí es el ecosistema de páramo. Los páramos son ecosistemas formados tras millones de años de evolución de la naturaleza: de la interacción muy compleja entre la evolución de una gran variedad de especies de flora y fauna y las transformaciones geológicas que han dado lugar a la diversidad del entorno topográfico –sistemas montañosos, ríos, valles, etc. El páramo es el ecosistema natural de mayor altitud en el mundo, es el ecosistema con mayor radiación solar del planeta, tiene una flora más rica que toda la flora de los ecosistemas de montaña en el mundo. El páramo provee continuamente agua en cantidad y calidad, y almacena carbono atmosférico, que ayuda a controlar el calentamiento global. El páramo funciona adicionalmente como un corredor biológico, para una gran variedad de fauna.

El frailejón y el Senecio gigante son tal vez las plantas que más adaptación presentan a un clima extremo, tienen un tronco grueso que retiene agua. La paja también tiene una gran adaptación al frío y al viento, a la gran radiación y a la humedad. La paja forma la principal cobertura en el páramo, da protección a una gran variedad de plantas menores y fauna, y protege el suelo cubriéndolo y permitiendo así la regulación hídrica, de ahí la gran importancia de los pajonales.

La regulación hídrica es el valor más notable de los páramos tanto en Latinoamérica como en África y Oceanía. Esta importancia se debe a un balance hídrico positivo (la diferencia entre precipitación y evapotranspiración es casi siempre positiva y a veces llega hasta 3.000 mm), a la neblina que cubre grandes extensiones durante la mayoría del tiempo, a la estructura de la vegetación que capta el agua, la conduce al suelo y a su vez lo protege contra erosión y disecación, y, por supuesto, al suelo humífero. El carácter humífero del suelo de alta montaña es causado por la lenta descomposición de la materia orgánica por temperaturas bajas y características específicas de cenizas volcánicas. Ésta es tan grande que los suelos pueden caracterizarse como “turberas minerales”. Estos suelos negros y profundos son esponjas naturales capaces de contener hasta dos veces su peso seco en agua. Por esta razón pueden retener toda la lluvia de varios meses de invierno (hasta 500 mm) en su estructura y liberarla lentamente durante la época seca. Se puede decir que cada metro cuadrado de páramo “produce” un litro de agua por día.

Para los habitantes de las ciudades en el norte de los Andes (desde el norte del Perú hasta el noroccidente de Venezuela) el 85% de las fuentes de agua potable, para electricidad y para riego de producción de alimentos sale de los páramos. Por ejemplo, el 70% del agua que utiliza Bogotá (con más de 8 millones de habitantes) la toma de un solo páramo, el de Chingaza.

Por muchas razones, las actividades humanas (agrícolas y mineras, etc.) en los páramos son muy intensivas y por lo general no sustentables (incluso desde épocas prehispánicas, aunque a menor escala), por lo que en muchas partes los remanentes de bosques son talados y los pantanos drenados y una buena parte del páramo acaba siendo de potreros degradados y cultivos sin rendimiento. A este nivel, este beneficio del páramo (para agricultura o ganadería), además de la minería ha perjudicado los otros beneficios (hídricos y de biodiversidad) que son principales. A comienzos de la década del 2000, cerca del 30% de todos los páramos estaban ya completamente transformados o degradados (“ya no son páramos”), un 40% se encontraba modificado (natural, pero con quemas, ganado, carreteras, plantaciones forestales, minas, etc.) y apenas un tercio de todos los páramos seguían en condiciones naturales; normalmente son los más inaccesibles. Una gran parte del área de páramos del mundo está en Colombia (las cifras varían según varíen los criterios, ¡y la destrucción!). Esa es una razón importante por la que muchos se jacta(ba)n de la riqueza hídrica del país.

En los últimos años, el área de páramo de Santurbán, que comprendía una extensión de 142 mil hectáreas (la resolución del pasado diciembre utiliza una nueva delimitación y, para todo el complejo junto con Berlín y Jurisdicciones, habla de 98.994) y cubre parte de los departamentos de Santander y Norte de Santander se encuentra seriamente amenazado por proyectos de extracción minera a gran escala, llevados a cabo por multinacionales (aunque la pequeña minería allí es más que centenaria). Y amenazan con hacerlo desaparecer de muchas maneras: el director de la recién creada Asociación “Colombiana” de Minería que representa a las grandes mineras, principalmente de capital imperialista, Santiago Arias, declaró a la revista Semana Sostenible sobre Santurbán que “nos inventamos que era un páramo”. Como señala un artículo de La Silla Vacía (de septiembre de 2014) respecto a este despropósito: hay que empezar hasta por defender que “el tal páramo de Santurbán sí existe”.

Son muchos los daños que se harán con estos proyectos mineros, desde la masiva contaminación de los cuerpos de agua debido al uso de cianuro a niveles industriales para los procesos de separación de los minerales de la roca, como la destrucción del excepcional suelo, para mencionar dos de los más importantes. Además, el páramo es un tipo de ecosistema sensible en el que una afectación en uno de sus factores puede llevar a un efecto cascada sobre todo el conjunto. Y no es sólo Santurbán. En todo el país, los páramos están bajo ataque: en estos momentos hay 448 títulos mineros en 26 zonas de páramo, de ellos 347 ya cuentan con licencia ambiental3.

Y no son sólo los páramos. Estamos ante una emergencia ambiental sin precedentes a nivel global, que implica la posibilidad de un cambio climático irreversible y devastador. Como advierte el reconocido climatólogo James Hansen, nuestro planeta está ahora peligrosamente cercano a un punto crítico, con un medio ambiente muy por fuera del rango que ha experimentado la humanidad hasta ahora; y llegado ese punto no habrá vuelta atrás durante el tiempo de vida de generaciones enteras y en el proceso se exterminaría una gran parte de las especies sobre el planeta4.

La dimensión de la emergencia ambiental es enorme: Aproximadamente la mitad de los bosques pluviales del mundo, que están concentrados alrededor de la línea del Ecuador ya no existen, habiendo sido talados para la agricultura, la industria maderera y la ganadería (en Colombia son deforestadas cada año 336 mil hectáreas de selva y vegetación nativa, el equivalente al área del departamento del Atlántico). Mucha de la tierra que antes estaba bajo cultivo se ha esterilizado o desertificado por un mal uso de la tierra o por cultivo excesivo, esto ha sucedido especialmente en el 40% de la Tierra, que es árida o semiárida.

Los calamitosos efectos ambientales de la globalización han sido mayores en las naciones oprimidas, pero los han causado de manera desproporcionada los países imperialistas. Entre 1961 y 2000, los países ricos generaron más del 40 por ciento de la degradación del medio ambiente en todo el mundo mientras cubrían solamente el 3 por ciento de los costos de los cambios de los ecosistemas. (R. Kerry Turner y Brendan Fisher, “Environmental economics: To the rich man the spoils”, Nature 451, 28 de febrero de 2008, pp. 1067-1068)

Cuando usted sabe que la importancia del ecosistema de páramo para la red de interacciones naturales del entorno circundante y más allá, no es ignorado por los dueños de las empresas que pretenden extraer minerales que se encuentran en el subsuelo de la región (ni por los altos funcionarios del Estado que en realidad están es a su servicio); y que tampoco ellos son ignorantes de los daños medioambientales gravísimos e irreversibles que implicarán las operaciones de extracción; usted está inclinado a pensar que la razón por la cual, a sabiendas de todo eso, están dispuestos a llevar a cabo esta actividad, es que su avaricia no conoce límites, o incluso que no solo es la codicia de esta u otra empresa, sino que se trata de un defecto de fábrica de los seres humanos, que se trata de la “naturaleza humana”.

Pero ver las cosas así es verlas solo por encima. Por supuesto que hay avaricia y voracidad en la lógica de los capitalistas individuales; pero estos impulsos están en el marco de un sistema que obliga a estos impulsos. Se trata de la naturaleza del sistema de capitalismo-imperialismo, que no puede ser reformada. Se trata de un sistema que funciona mediante unas reglas que los jugadores, los capitalistas y el Estado capitalista están obligados a respetar y a hacer funcionar: 1) Todo es una mercancía y todo debe hacerse para sacar ganancias. 2) La producción es de propiedad privada e impulsada por el mandamiento “expandirse o morir”. 3) Hoy, el capitalismo opera mediante la dominación imperialista de los países oprimidos y la rivalidad estratégica entre las potencias imperialistas. (Para una explicación más desarrollada de este hecho véase http://revcom.us/a/228/Lotta-Environmental-es.html)

La economía colombiana, es decir toda su red de actividades productivas, está sometida a la dominación del imperialismo, esto quiere decir que lo que produce, para qué y cómo está determinado por las necesidades de extracción de ganancias de los monopolios imperialistas y no por las necesidades del pueblo del país. La economía colombiana, bajo este sistema, es adicta a la inversión de capital extranjero y se acomoda a sus necesidades. Por ejemplo, la proyección que tiene el Estado en cuanto a minería es de duplicar la explotación de carbón y cuadruplicar la de oro, además de triplicar el área de los contratos mineros.5 Además, se ha establecido como actividad de alta prioridad incrementar y divulgar el conocimiento geológico “con el fin de permitir a los privados una mayor aproximación al nivel de riesgo de sus inversiones”6.

El Estado colombiano es parte de un sistema global, capitalista-imperialista, y respeta (tiene que respetar) sus reglas de juego; mediante modificaciones en la legislación flexibiliza los costos laborales y el otorgamiento de licencias ambientales y de títulos mineros, como en el caso del reciente Plan Nacional de Desarrollo, todo para ofrecer mejores oportunidades de ganancia para los imperialistas; mediante la más cruel violencia –de las fuerzas armadas legales y sus brazos ilegales– garantiza acceso a tierras para las multinacionales. Las clases dominantes colombianas en medio del proceso de inyección de capital al país también reciben de ello ganancia, principalmente por medio de los ingresos al Estado y de la participación como socios menores en los grandes proyectos.

Por esa razón fundamental no pueden ser más que ilusiones dirigir los esfuerzos hacia trabajar por la consecución de reformas en los mecanismos del Estado –escoger a “los buenos” candidatos en las elecciones, hacer lobby para reformas legislativas, etc. Mientras continúe vigente este tipo de Estado afianzará el funcionamiento del sistema y usará para ello tanto el engaño como la represión. No se puede reformar un Estado que está al servicio de un sistema que no se puede reformar.

Corresponde así que se haga un contundente llamado a quienes están seriamente preocupados por la destrucción medioambiental en el páramo de Santurbán y los que ven el contexto mayor de la devastación del ecosistema global y los peligros que eso conlleva; a quienes se sienten obligados moralmente a desarrollar la resistencia contra el sacrificio de los recursos naturales en función del afán de ganancias: Mantengan sus convicciones de que es justa la resistencia que están desarrollando y extiéndanla; no cejen en su decisión de frenar los proyectos de destrucción de la naturaleza –sean quienes sean sus ejecutores–; no transen sus principios por acuerdos “inteligentes” y “realistas” con uno u otro sector de los opresores; y métanse a conocer a fondo las causas de la situación por la cual hoy ustedes se han puesto de pie, no se echen para atrás cuando descubran que ninguna otra cosa salvo una transformación verdaderamente revolucionaria de la sociedad, que derroque el sistema capitalista-imperialista, es la solución real al rumbo que está tomando el planeta, y más bien únanse a quienes ya están trabajando de verdad en esa dirección para emprender juntos esta tremenda tarea. ¡Necesitamos una revolución – nada menos!


Notas

1 El documental de National Geographic “El desastre del Golfo” de 2010, así como un artículo de la revista en el segundo semestre de ese año, muestran la responsabilidad con el ambiente de las compañías imperialistas: el estudio ambiental que presentaron era un vulgar copie-y-pegue de un estudio particular para “proteger, recuperar y restaurar” fauna y flora… de Alaska. Y a fin de cuentas, en el Golfo, de aquello: nada.

2 “Mineras en Santurbán, territorio vedado”, El Espectador, 23 de septiembre de 2012.

3 “Habría al menos 347 títulos mineros en 26 páramos del país”, El Espectador, 17 de abril de 2015.

4 Storms of My Grandchildren: The Truth About the Coming Climate Catastrophe and Our Last Chance to Save Humanity, James Hansen, Bloomsbury USA, 2009

5 Unidad de Planeación minero energética del Ministerio de Minas y Energía: Indicadores de la Minería en Colombia. Visión preliminar. Bogotá, 2014.

6 República de Colombia. Ministerio de Minas y Energía. Plan Nacional de Desarrollo minero a 2014. Bogotá, 2012

Brigadas Antiimperialistas

Abril 2015

Una reflexión que no pierde vigencia:

“Considerada desde el punto de vista de una formación económica superior de la sociedad [el socialismo y el comunismo], la propiedad privada de algunos individuos sobre la tierra parecerá algo tan monstruoso como la propiedad privada de un hombre sobre su semejante. Ni la sociedad en su conjunto, ni la nación ni todas las sociedades que coexistan en un momento dado, son propietarias de la tierra. Sólo son sus poseedoras, sus usufructuarias, y deben legarla mejorada a las generaciones venideras”. (Carlos Marx, El capital)

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