No podemos dejar que la polarización actual vaya a peor... Hay que trabajar en serio por la verdadera solución, ¡que la hay!

El inicio de la presidencia de Iván Duque reimpulsa el polo negativo de la polarización en la situación econó­mica, social y política colombiana. La presidencia de Duque se perfila como una continuación del «Uribato», el ré­gimen que ha encabezado Álvaro Uribe Vélez desde 2002.

En el paréntesis de los dos periodos presidenciales de Juan Manuel Santos (quien fuera la ficha de Uribe — «el que dijo Uribe» de entonces— pero que rápidamente entró en ciertas contradicciones con el uribismo en las formas de dirigir la criminal maquinaria del estado colombiano), el sector ultrarreaccionario en torno a Uribe no perdió su enorme poder (económico, político y... , sí, militar) y ha logrado definir en gran medida el marco en el que se desarrollan aspectos centrales de la política colombiana.

Es que las clases dominantes no son un todo «monolítico», no podemos verlos siempre como un «ELLOS» só­lido. Tienen diferencias, incluso grandes, sobre cómo llevar a cabo su dominación, especialmente en función de perpetuarla, como sistema. Aunque en eso de querer mantener su sistema si son muy «ellos».

El retorno de la derecha más «dura» no es cuestión del tal «péndulo político» que luego regresa a la situación «menos peor». Las cosas pueden seguir empeorando. Lo de la consolidación del «Uribato» es un serio peligro. El proyecto de la derecha más recalcitrante no es para un simple período de gobierno o algo así. Como han dejado muy en claro José Obdulio Gaviria y demás «pensadores» del «think tank» Primero Colombia, la pretención es que «la doctrina» y «el ideario» uribistas determinen la política colombiana (y más allá) «por generaciones». No es gratuito que Duque se refiera a Uribe como «presidente eterno».

Y  no es gratuito calificar el gobierno de Duque como continuación de un «Uribato». En muchos sentidos, no está lejos del «Porfiriato», el nefasto período (1876-1911) de la historia de México marcado por acentuados centra­lismo, autoritarismo y represión. Las similitudes no paran ahí, pero el Uribato puede ir más allá. Hace parte de un proceso de derechización con tendencias fascistas hoy en el mundo. Y la arena mundial determina cada vez más en buena parte lo que sucede en cada país particular.

Se han acentuado las contradicciones entre imperialistas y la lucha de cada uno de ellos por sobreponerse a los demás. Se ha acelerado y ha crecido enormemente la migración principalmente hacia Europa y Estados Uni­dos de millones de personas especialmente provenientes de países del tercer mundo a causa de los horrores de la opresión y explotación por parte de esos países y de las cruentas guerras por imperio. Se ha elevado el desafío a la reinstalación de rancios valores tradicionales y patriarcales. Estas, entre otras intensas contradicciones en el seno del sistema capitalista-imperialista, han agudizado la pugna entre sectores de las clases dominantes por el tipo de régimen mediante el cual ejercer su dictadura sobre las masas populares: a través de la democracia burguesa, o a través del fascismo.

Y  tal pugna la están ganando los sectores recalcitrantes, echando abajo las normas democrático burguesas y consolidando nuevos regímenes fascistas. El régimen de Trump/Pence en Estados Unidos es el más notorio repre­sentante del fascismo y el más peligroso para la humanidad, e intentando no quedarse muy atrás siguen una lar­ga cola de países como Italia, Hungría, Polonia, República Checa, Egipto y Filipinas.

América Latina no es la excepción. Donde hasta hace poco florecía la denominada "ola rosa", el ascenso de regímenes socialdemócratas que se adscribían al llamado «socialismo» del siglo XXI — que pretendían construir un "capitalismo con rostro humano", una más equitativa distribución de la riqueza social, y el "perfeccionamien­to" de la democracia—, hoy se instauran regímenes de corte derechista e incluso fascistoide.

Los imperialistas, especialmente yanquis, han trabajado sistemáticamente por sabotear y arrinconar a los re­gímenes socialdemócratas que han significado un estorbo para una mayor penetración del capital imperialista. En Brasil, por ejemplo, el esfuerzo por sacar de la escena política burguesa a Lula da Silva va acompañado del as­censo de Jair Bolsonaro, fundamentalista cristiano al que la prensa europea ha llamado el "Trump tropical". En Venezuela, la ofensiva económica de Estados Unidos de sancionar y bloquear al régimen chavista ha sido uno de los factores determinantes de la desesperada situación del pueblo venezolano.

Pero las fuerzas reformistas — que han propagado ilusiones en dar un "rostro humano" al criminal sistema ca­pitalista-imperialista y llaman al pueblo a confinar su actuar a las normas y principios democrático-burgueses, a la par de que mantienen intactas (aunque maquilladas) las relaciones básicas de producción capitalistas y las relacio­nes sociales e ideas predominantes bajo este sistema— han cumplido un papel de paralizar políticamente a quienes anhelan una sociedad diferente, y de paso, con su demostrada incapacidad de representar algo positivo para el pue­blo, han ayudado a abrir paso a las fuerzas derechistas y de tendencia fascista, en toda la región y el mundo.

En Colombia, durante el «Uribato», a nombre de cerrarle el paso al «castro-chavismo», se han llevado a cabo la mayoría de los más de 100.000 (¡cien mil!) asesinatos por parte de fuerzas paramilitares, así como el asesinato alevoso de miles de personas, especialmente jóvenes, haciéndolos pasar por "guerrilleros dados de baja en com­bates con el ejército" (a los que la obsecuente prensa, y todo el aparato propagandístico de «ellos», llama «falsos positivos»). En el gobierno de Álvaro Uribe se redobló la guerra contra el pueblo a través de asesinatos selectivos, masacres y desapariciones bajo el pretexto de la "guerra contra el terrorismo" (parte de la iniciada por EEUU en 2001), y a pesar de la judicialización por sus vínculos con paramilitares de más de 60 congresistas del círculo más cercano de Uribe, el uribismo es considerado por este sistema como una fuerza legítima para dirigir la sociedad.

El cierre del paréntesis en el Uribato no tiene implicaciones sólo en cuanto a la represión. El medio ambiente es uno de los principales damnificados del proceso de derechización en la economía en todo el globo, y en Colom­bia el nuevo gobierno prepara planes que significarán ahondar el problema: El Consejo Gremial presentó una pro­puesta con la que Iván Duque expresó que tiene una "gran coincidencia". Es un programa para profundizar el acaparamiento de tierras por parte de los grandes capitalistas y terratenientes, la continuación del desarrollo de la agroindustria y de la minería a gran escala incluyendo la destructiva técnica del fracking. Se proponen disminuir las sanciones a terratenientes por afectación al medio ambiente, poner coto a las consultas populares, consultas previas y entidades ambientales que puedan estorbar en sus objetivos y aplicar "mano dura" contra las protestas y "vías de hecho" que anticipan significará la continuación de tales proyectos. Es un modelo de despojo de tierras, empobrecimiento y desplazamiento de los pequeños y medianos campesinos y de devastación ambiental.

Las clases dominantes saben que tales objetivos no los logran solo con la implementación de normas legales. El puño visible de la solución militar, ya sea a través de las fuerzas represivas oficiales o de la paramilitares, acompañará como siempre su tal «mano invisible» del capitalismo.

El uribismo aprovechará las "oportunidades" que brindan los Acuerdos de paz del gobierno Santos con las FARC, como la apertura a que grandes capitalistas y grandes terratenientes ocupen y exploten con mayor tran­quilidad territorios que antes no podían. Pero a la vez ha mostrado su firme intención de minar los Acuerdos e impedir su implementación (de igual manera que con los incipientes acuerdos con el ELN).

Las FARC (al igual que el ELN hoy y el M19 antes) no representan ni han representado la revolución ni una transformación radical de la sociedad. No obstante, existen fuertes disputas entre las clases dominantes sobre có­mo someterlos, respecto a cuál es la mejor forma de legitimar más al actual sistema y deslegitimar la opción revo­lucionaria a ojos del pueblo. La integración de la guerrilla reformista de las FARC al Estado (y las conversaciones para lograr tal objetivo con el ELN) es vista por un sector de las clases dominantes como la mejor opción, pero el sector del uribismo y otros sectores ultrarreacionarios están pugnando por bloquearla. El terreno político que ha creado, incluyendo con su victoria electoral, les ayudará a halar en esa dirección y se está abriendo paso en el te­rreno de la opinión pública para lograrlo.

La derechización no se trata solo del ascenso de fuerzas de tendencias fascistas al poder, también implica el corrimiento de TODO el espectro político hacia la derecha. Luego de la victoria del "No" en el plebiscito de 2016 quedó claro el ascenso de las fuerzas fundamentalistas cristianas y católicas ultraconservadoras y su papel cen­tral en la ofensiva contra los derechos básicos y fundamentales, especialmente de las mujeres, y de la población LGBT+, y en la defensa de los valores tradicionales y de la familia patriarcal. El católico ultraconservador Alejan­dro Ordoñez manifestó que Duque se comprometió en privado con el programa misógino y homofóbico que es un componente central también en el programa fascista cristiano, y que cínicamente llaman "agenda pro-vida".

Para contrarrestar todo esto, la intelectualidad y la academia también tienen un potencial de propagar y po­pularizar ideas y marcos de pensamiento que jueguen un papel clave en transformar distintos ámbitos del mun­do, pero el arraigo de tonterías anticientíficas como el posmodernismo y el relativismo filosófico que con su rollo de "cada cual tiene su verdad", el rol de caja de resonancia de la cultura del individualismo, la competitividad ca­pitalista y la charlatanería pseudocientífica, ha cumplido un papel negativo de socavar en amplios sectores de la sociedad la búsqueda con espíritu crítico y científico de las raíces del problema que enfrenta la humanidad y la solución revolucionaria a dicho problema. Abriéndole paso, conscientemente o no, a la propagación del engaño y la mentira embellecida con la chapa de posverdad.

Se necesita una repolarización de la sociedad colombiana, dándole otra fuerza y otro sentido al polo positivo. En ese sentido los revolucionarios tenemos un gran deber político e ideológico. Tenemos que unirnos con los nume­rosos individuos y fuerzas que buscan urgentemente una solución a todo esto en el marco del sistema capitalista y la democracia burguesa y luchar con ellos pero no andar a la zaga. Debemos unirnos con ellos por el odio que le tie­nen a lo que representa el uribismo y al rumbo por el cual está llevando esta sociedad, pero también tenemos que lu­char con ellos y transformar la oposición y resistencia que se está gestando hoy en algo radicalmente distinto. Ade­más, tenemos que hacerlo como parte de potenciar un movimiento para la revolución, lo cual es un elemento decisi­vo para un mundo realmente distinto.

Brigadas Antiimperialistas

7 de agosto de 2018
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