«ˇNo le metan política!»

El llamado a “no meterle política” al movimiento reivindicativo de los estudiantes ha sido acogido de manera amplia y sin mucha (o ninguna) reflexión. Pero sí que merece reflexión, para no ser víctimas del engaño ajeno ni del autoengaño. Aquí van entonces unas reflexiones inspiradas y basadas (bastante) en un escrito de Bob Avakian:

La política, según la definen y buscan reducirla casi siempre quienes tienen las riendas de este sistema (y los moldeadores de opinión), es la disputa que tiene lugar en sus propias filas, o por lo menos conforme a las condiciones impuestas por ellos, para lidiar con las contradicciones entre los intereses de individuos(o segmentos de la sociedad y segmentos de la clase dominante en particular) y los intereses generales de la clase dominante en su conjunto.

Tal política se refiere a la disputa por obtener puestos públicos (elecciones y politiquería en general), al conflicto de “intereses particulares” versus el “bien general” (los intereses generales de la clase dominante), etc. Según esto, “meter política” en algo quiere decir introducir motivos o intereses personales o particulares, en pugna con el interés general.  No es nada casual que tal definición (y reducción) de la política haga caso omiso de “detallitos sueltos” como la división de la sociedad en clases y en naciones opresoras y oprimidas (condiciones fundamentales en su actual etapa imperialista), cuyo reconocimiento es esencial para empezar siquiera a entender correctamente la política.

En la realidad la política es la lucha por influenciar y cambiar la  sociedad. En la época de la historia humana en que la sociedad está dividida en clases, esto se expresa de manera más básica y esencial en la lucha de clases. Así, es de crucial importancia que los sectores sociales oprimidos conscientes de clase suban al escenario político, en toda esfera y dimensión importante, y contiendan con la clase dominante y sus principales representantes, de todo pelambre, en relación a los principales asuntos que afectan a la sociedad y los sucesos mundiales —siempre en preparación para llevar la lucha de clases a su forma más alta, la lucha definitiva por el poder político, lo antes posible.

Especialmente en el mundo de hoy, sería un desastre si la clase dominante y sus representantes tuvieran éxito en frenar el despertar y activismo de los oprimidos dentro de la arena de la política tal como la define, reduce y controla la burguesía. Pero también sería un desastre si los elementos avanzados, de veras revolucionarios, en particular no entraran en esa arena decisiva de lo que realmente es la política —especialmente ahora. Naturalmente que la burguesía de vez en cuando usa el término “política” en otro sentido más general y en ese caso suele ser con un sentido negativo —para denotar “mala política”: oposición al orden establecido, o al orden que ellos están resueltos a establecer.

Por eso, oímos tantos llamados a no “meter política”, no solo en los movimientos que buscan cuestionar algunas políticas sino en una dimensión más general, por ejemplo en los deportes [en las Olimpia-das de México 1968, los imperialistas yanquis rechazaron la politización por parte delos deportistas negros; igualmente cuando se celebraron en Los Ángeles, en 1984]... pe-ro no en las de 1980 [promovieron el boicot cuando los organizadores fueron sus rivales imperialistas, en Moscú 1980]. En este sentido les tenemos que dar mucha más de esa “mala política”: trabajar por llevarla a su forma más alta ¡tan pronto como se pueda!

Así que hay “política” y POLÍTICA. Hay política que sirve a mantener un sistema de opresión y explotación, y política que sirve a la liberación. Hay política reaccionaria y política revolucionaria. La cuestión es ¿cuál política vamos a dejar que predomine en el movimiento?

Tal vez valga mucho la pena poner atención a una advertencia de hace muchos años pero no añeja, de V. Lenin: «Las personas han sido siempre, en política, víctimas necias del engaño ajeno y propio, y lo seguirán siendo mientras no aprendan a descubrir detrás de todas las frases, declaraciones y promesas morales, religiosas, políticas y sociales, los intereses de una u otra clase. Los que abogan por reformas y mejoras se verán siempre burlados por los defensores de lo viejo mientras no comprendan que toda institución vieja, por bárbara y podrida que parezca, se sostiene por la fuerza de determinadas clases dominantes.»

Sí, la cuestión es cuál política vamos a dejar que predomine en el movimiento: ¿La “política” reducida a las condiciones impuestas por quienes tienen las riendas de este sistema que perpetúa las injusticias y opresión asfixiantes de esta sociedad o la política que se opone al orden establecido y se rebela contra los “canales y formas aceptadas” por este sistema, sirve a la liberación y a trabajar por una transformación revolucionaria de la sociedad?

 

 

 

Brigadas Antiimperialistas

-octubre de 2018
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