A los espíritus libres de América

Este documento de los estudiantes argentinos (de la Universidad Nacional de Córdoba) de hace un siglo (junio de 1918) [ligeramente editado para dejar ver principalmente la pertinancia aquí y ahora de muchos de los planteamientos] muestra cómo buena parte de lo que se debate sobre cuáles son los problemas y cuáles las salidas (y mucho de lo que no se debate ampliamente hoy) sigue rondándonos en especial porque las soluciones, incluso a veces con la etiqueta de "revolución", se han dado en el presupuesto de mantener el mismo sistema, por lo que discutir sobre las salidas debería incluir el interrogarse sobre ¿bajo qué modo de producción?, y sobre si algunas "salidas" son realmente callejones sin salida. Este documento, también, permite ver algo del porqué los opresores necesitan convencer a los estudiantes de tener una universidad "apolítica" y un movimiento estudiantil dizque "apolítico" (es decir con la política de las clases dominantes). Y recalca la importancia de conocer la verdadera historia del movimiento estudiantil. No dejemos que sea una mera frase de cajón (original de un "burgués gentilhombre") eso de "utilizar el pasado como trampolín y no como sofá".

[...] Acabamos de romper la última cadena que nos ataba a la antigua dominación monárquica y monástica. Hemos resuelto llamar a todas las cosas con el nombre que tienen. Nuestro pueblo se redime. Desde hoy contamos para el país una vergüenza menos y una libertad más. Los dolores que quedan son las libertades que faltan. Creemos no equivocarnos: las resonancias del corazón nos lo advierten: estamos pisando sobre una revolución, estamos viviendo una hora americana. La rebeldía estalla ahora [...] y es violenta, porque los tiranos se habían ensoberbecido y porque era necesario borrar para siempre el recuerdo de los contra-revolucionarios [...]

Las universidades han sido hasta aquí el refugio secular de los mediocres, la renta de los ignorantes, la hospitalización segura de los inválidos y —lo que es peor aún— el lugar en donde todas las formas de tiranizar y de insensibilizar hallaron la cátedra que las dictara. Las universidades han llegado a ser así el fiel reflejo de estas sociedades decadentes, que se empeñan en ofrecer el triste espectáculo de una inmovilidad senil.

Por eso es que la Ciencia, frente a estas casas mudas y cerradas, pasa silenciosa o entra mutilada y grotesca al servicio burocrático. Cuando en un rapto fugaz abre sus puertas a los altos espíritus es para arrepentirse luego y hacerles imposible la vida en su recinto. Por eso es que, dentro de semejante régimen, las fuerzas naturales llevan a mediocrizar la enseñanza y el ensanchamiento vital de los organismos universitarios no es el fruto del desarrollo orgánico sino el aliento de la perioridad revolucionaria.

Nuestro régimen universitario es anacrónico. Está fundado sobre una especie del derecho divino: el derecho divino del profesorado universitario. Se crea a sí mismo. En él nace y en él muere. Mantiene un alejamiento olímpico. El estudiantado se alza para luchar contra este régimen y entiende que en ello le va la vida. [...] El concepto de Autoridad que corresponde y acompaña a un director o a un maestro en un ámbito de estudiantes universitarios, no puede apoyarse en la fuerza de disciplinas extrañas a la substancia misma de los estudios. La autoridad, en un ámbito de estudiantes, no se ejercita mandando [...]. Si no existe una vinculación espiritual entre el que enseña y el que aprende, toda enseñanza es hostil y de consiguiente infecunda. [...]

Fundar la garantía de una paz fecunda en el artículo conminatorio de un reglamento o de un estatuto es, en todo caso, amparar un régimen cuartelario, pero no a una labor de Ciencia. Mantener la actual relación de gobernantes a gobernados es agitar el fermento de futuros trastornos. Las almas de jóvenes deben ser movidas por fuerzas espirituales. Los gastados resortes de la autoridad que emana de la fuerza no se avienen con lo que reclama el sentimiento y el concepto moderno de las universidades. El chasquido del látigo solo puede rubricar el silencio de los inconcientes o de los cobardes. La única actitud silenciosa que cabe en un instituto de Ciencia es la del que escucha una verdad o la del que experimenta para crearla o comprobarla. [...]

Ahora advertimos que la reforma, sinceramente liberal, aportada a la Universidad [en décadas anteriores}, sólo ha venido a probar que el mal era más afligente de lo que imaginábamos y que los antiguos privilegios disimulaban un estado de avanzada descomposición. [...] Los intereses creados en torno de los mediocres han encontrado en ella un inesperado apoyo. Se nos acusa ahora de insurrectos en nombre de un orden [...] que nada tiene que hacer con nosotros. Si ello es así, si en nombre del orden se nos quiere seguir burlando y embruteciendo, proclamamos bien alto el derecho sagrado a la insurrección. Entonces la única puerta que nos queda abierta a la esperanza es el destino heroico de la juventud. El sacrificio es nuestro mejor estímulo; la redención espiritual de las juventudes americanas nuestra única recompensa, pues sabemos que nuestras verdades lo son —y dolorosas— de todo el continente. ¿Que en el país alguna ley [...] se opone a nuestros anhelos? Pues a reformar la ley, que nuestra salud moral, lo está exigiendo.

La juventud vive en trance de heroísmo. En general es desinteresada. No ha tenido tiempo aún de contaminarse tanto. [...] Hay que dejar que decidan sobre sus maestros y directores, seguros de que el acierto ha de coronar sus determinaciones. En adelante sólo podrán ser maestros [...] los verdaderos constructores de almas, los creadores de Verdad, de Belleza y de Bien. La juventud universitaria [...] cree que ha llegado la hora de plantear este grave problema a la consideración del país [...].

Al confesar los ideales y principios que mueven a la juventud en esta hora única de su vida, quiere referir los aspectos locales del conflicto y levantar bien alta la llama que está quemando el viejo reducto de la opresión clerical. En la universidad [...] se ha contemplado y se contempla el nacimiento de una verdadera revolución que ha de agrupar bien pronto bajo su bandera a toda la gente libre del continente. Referiremos los sucesos para que se vea cuánta razón nos asistía y cuanta vergüenza nos sacó a la cara la cobardía y la perfidia de los reaccionarios.

Los actos de violencia, de los cuales nos responsabilizamos íntegramente [salvo los de los provocateurs agentes del régimen], se cumplían como en el ejercicio de puras ideas. Volteamos lo que representaba un alzamiento anacrónico y lo hicimos para poder levantar siquiera el corazón sobre esas ruinas. Aquellos representan también la medida de nuestra indignación en presencia de la miseria moral, de la simulación y del engaño artero que pretendía filtrarse en las apariencias de la legalidad. El sentido moral estaba obscurecido en las clases dirigentes por un fariseísmo tradicional y por una pavorosa indigencia de ideales.

El espectáculo que [a veces ha ofrecido] la asamblea universitaria ha sido, en verdad repugnante. Grupos de amorales deseosos de captarse la buena voluntad [de los opresores y sus chupatintas] exploraban los contornos de la probable mayoría [...] para inclinarse luego al bando que parecía asegurar el triunfo [...] A la burla respondimos con la revolución. La mayoría expresaba la suma de la regresión, de la ignorancia y del vicio. Entonces dimos la única lección que cumplía... y espantamos para siempre la amenaza del dominio clerical.

La sanción moral es nuestra. [...] La juventud universitaria [...] se levantó contra un régimen administrativo, contra un método docente, contra un concepto de autoridad. [...] Los métodos docentes han estado viciados de un estrecho dogmatismo, contribuyendo a mantener a la Universidad apartada de la ciencia [...]. Las lecciones encerradas en la repetición interminable de viejos textos [así sean recientemente escritos], amparaban el espíritu de rutina y de sumisión. Los cuerpos universitarios, celosos guardianes de los dogmas, trataban de mantener en clausura a la juventud, creyendo que la conspiración del silencio puede ser ejercitada en contra de la Ciencia. [Tiemblan] ante el temor de que fuera perturbada su plácida ignorancia. [...]

Creímos honradamente que nuestro esfuerzo había creado algo nuevo, que por lo menos la elevación de nuestros ideales merecía algún respeto. Asombrados contemplamos entonces como se coaligaban para arrebatar nuestra conquista los más crudos reaccionarios. No podemos dejar librada nuestra suerte a la tiranía de sectas religiosas, ni al juego de intereses egoístas. A ellos se nos quiere sacrificar. [...]

Recojamos la lección, compañeros de toda América; acaso tenga el sentido de un presagio glorioso, la virtud de un llamamiento a la lucha suprema por la libertad: ella nos muestra el verdadero carácter de la autoridad universitaria y estatal, tiránica y obsecada, que ve en cada petición un agravio y en cada pensamiento una semilla de rebelión.

La juventud ya no pide. Exije se le reconozca el derecho a pensar por su propia cuenta. Exije también que se le reconozca el derecho a exteriorizar ese pensamiento propio en los cuerpos universitarios por medio de sus representantes. Está cansada de soportar a los tiranos. [...]

La juventud universitaria [...] saluda a los compañeros de la América toda y les incita a colaborar en la obra de libertad que inicia.

Brigadas Antiimperialistas

- octubre 2018
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