Haití: Rebelión en Bel Air
Obrero Revolucionario #1255, 17 de octubre de 2004

Recibimos la siguiente carta de un lector. Se pueden encontrar más informes sobre Haití y la caída del presidente haitiano Jean-Bertrand Aristide (con el apoyo de Estados Unidos) en febrero de este año en la internet en revcom.us. Una fuerza militar de Estados Unidos y la ONU ha ocupado el país y, en septiembre, poco antes de los sucesos descritos en esta carta, casi 2,000 haitianos murieron en inundaciones causadas por la tormenta tropical Jeanne.

Desde un techo del barrio Bel Air de Puerto Príncipe, Haití, Gerald, de 14 años, monta guardia con unos baldes plásticos llenos de piedras. Cuando la policía, armada hasta los dientes por Estados Unidos, entra a la calle, tira piedras chiquitas en los techos de los vecinos para advertirles del ataque inminente. Acto seguido, lanza piedras grandes contra los vehículos de la Policía Nacional, un arma principal de la campaña de terror del gobierno.

En un dos por tres, los vecinos rodean a los policías y los hacen retroceder con una lluvia de piedras y basura.

Gerald es uno de las docenas de miles de haitianos que han entrado a la resistencia contra las fuerzas de ocupación imperialistas y la represión del gobierno del primer ministro Gerald Latortue.

"Estamos hartos de ver la muerte de nuestros vecinos. Hace un par de días la policía asesinó a Wendy y sigue cometiendo atropellos porque para la burguesía nuestra vida no vale nada", explica. Wendy Manigat, de 15 años, murió a manos de la policía el 1° de octubre. "En este sistema no tenemos voz. Cuando los estadounidenses nos quitaron el presidente que elegimos, fue como degollarnos.

"Ahora captamos que la burguesía no nos permitirá tener una vida digna. Mi generación y la de mis padres estamos hombro a hombro para decirles `basta ya'. Sabemos que las elecciones y las discusiones de los politiqueros solo benefician a los ricos, así que nosotros tenemos que buscar otra solución que beneficie a la gente común y corriente".

En febrero una fuerza extranjera llegó a ocupar el país y la Policía Nacional sitió los barrios pobres de la capital. Muchos policías son miembros de los escuadrones de la muerte que asesinaron a miles de campesinos durante el golpe de estado de 1991 y que corrieron al presidente Jean-Bertrand Aristide este año. Últimamente los vecinos de Bel Air, uno de los barrios más congestionados y un centro de oposición a la ocupación, oponen resistencia y se defienden con las armas que encuentran a su alrededor.

Después de la caída de Aristide, el embajador yanqui instaló a Gerald Latortue, un empresario de Miami, como primer ministro. Al comienzo las protestas contra el nuevo gobierno y Estados Unidos fueron pacíficas.

Pero las fuerzas del orden las reprimieron con medidas violentas, así que la gente respondió organizando un movimiento de resistencia, a pesar de las exhortaciones de muchos líderes de continuar la protesta pacífica.

"No podemos sentarnos de brazos cruzados mientras nos aplastan. Estamos hartos. No es justo que protestemos pacíficamente mientras los militares invaden nuestras casas y matan a nuestros hijos", dijo un líder comunitario.

En los últimos seis meses las fuerzas de intervención han asesinado a docenas de haitianos, la mayoría de quienes ni siquiera protestaban. A muchos otros los han arrestado ilegalmente, desaparecido o matado a sangre fría los escuadrones de la muerte (entrenados y financiados por la CIA) y la policía.

Entre los caídos la semana pasada figuran Marguerite Saint- Fils, de 35 años, baleada en su casa por la policía; Wendy Manigat, estudiante de secundaria; Roland Braneluce, de 28 años, muerto por la policía en una manifestación en la calle Tiremasse; Maxo Casséus, líder de una organización comunitaria del barrio Cite Soleil muerto por un escuadrón de la muerte el 30 de septiembre; y Piersine Adéma, una señora mayor muerta por el mismo escuadrón cuando estaba sentada en su propio porche.

El gobierno de Latortue se está esforzando por sofocar el disentimiento. Ha arrestado a centenares de manifestantes sin acusarlos de nada, entre ellos 75 chavos el 6 de octubre en Bel Air. Ha callado las emisoras y arrestado, desaparecido o muerto a docenas de periodistas.

Centenares de líderes de grupos comunitarios están presos, y cada día a las 4 de la tarde las emisoras leen una lista del Ministerio de Justicia de los que va a arrestar y no pueden irse del país. Caen en las miras de los escuadrones de la muerte.

El 30 de septiembre miles de personas participaron en una marcha por el centro de Puerto Príncipe para protestar contra la brutalidad de la policía. Agentes de la Unité de Sécurité Presidentielle (USP), un escuadrón especial del presidente interino Boniface Alexandre, abrieron fuego y mataron a seis personas desarmadas. Los manifestantes se armaron y pelearon contra las USP, y así nació la resistencia.

Las luchas campales continuaron. La noche del 1º de octubre, la policía rodeó Bel Air para allanar las casas de varios militantes. Cuando abrieron fuego, los vecinos les contestaron con fuego y los hicieron retirarse tras una batalla de tres horas.

El 2 de octubre, el ex diputado Roudy Hèrivaux, la senadora Yvon Feuillè y el senador Gerald Gilles participaron en un programa de la emisora Radio Caraibes. Los tres, que eran miembros del gobierno de Aristide y han exhortado a "buscar una solución pacífica", condenaron los ataques contra los manifestantes y las demás medidas de represión.

Antes de que terminara el programa, centenares de policías de motín rodearon la emisora y arrestaron a los tres (junto con su abogado defensor, Axène Joseph). El ministro de Justicia, Bernard Gousse, firmó la orden de detención y llamó a Hèsrivaux y Feuillè "autores intelectuales" de la rebelión popular.

Radio Caraibes suspendió la programación como protesta, pero las demás emisoras son instrumentos del gobierno. El 2 de octubre, un vocero de la policía pidió que los radioescuchas de Radio Metropole y Sweet FM "nos informen si sospechan que hay chimeres en su barrio". Chimere es una palabra despectiva que refiere a los chavos desempleados de los barrios pobres y a los militantes que apoyan a Aristide y se oponen a la ocupación.

Pero la resistencia no se dejó amilanar y el 2 de octubre estallaron protestas en Martissant, un barrio pobre del oeste de la capital. La policía rodeó el barrio con el pretexto inventado de un ataque contra una delegación. Mató e hirió a docenas de personas y arrestó a 24 militantes, según informaron unos testigos. Pero los vecinos contraatacaron y corrieron a la policía.

"Estamos listos y vamos a luchar. Sabemos que las tropas extranjeras podrían intervenir, pero no tenemos opción. Tenemos que luchar hasta que llegue la hora de conquistar el poder", dijo Margaurette, de 22 años, quien organiza la distribución de armas a sus vecinos.

Brian Concannon, un abogado de derechos humanos del Instituto pro Justicia y Democracia en Haití, que defiende a los manifestantes atacados por las fuerzas del orden, dijo: "Los arrestos del 2 de octubre son parte de una campaña de ataques contra los que se oponen a la política sobre derechos humanos del gobierno interino. El 16 de septiembre la policía allanó las oficinas de la Confederación de Trabajadores Haitianos y arrestó a nueve sindicalistas sin orden judicial. Poco después, un grupo de militares enmascarados atacó la oficina del Comité por la Protección de los Derechos del Pueblo Haitiano". Ambas organizaciones han urgido resistencia al gobierno.

Actualmente no hay un partido revolucionario en Haití. Pero el pueblo haitiano ha empezado a forjar una visión de un movimiento que va más allá de los confines de la democracia burguesa, que ha sido el foco de su lucha desde la caída de Baby Doc Duvalier, el dictador pro yanqui que huyó ante las protestas populares en 1986. El movimiento pro democracia puso a Aristide en el poder, pero la intervención imperialista y los límites de la democracia capitalista le amarraron las manos y no pudo realizar cambios duraderos.

Washington y los medios de comunicación pintan la resistencia como un puñado de "partidarios de Aristide con machetes" que decapitan a policías inocentes. Pero a pesar de que pueden visitar las morgues y los hospitales sin restricción, no han encontrado ni un solo cadáver de un policía decapitado.

¿Quiénes son los combatientes de la resistencia? Son hombres y mujeres de 13 a 69 años de edad y la mayoría son campesinos que han tenido que abandonar sus tierras a raíz de la crisis económica causada por el programa de ajuste estructural impuesto por el Fondo Monetario Internacional. En los últimos 10 a 20 años, muchos se han ido a Puerto Príncipe en busca de trabajo (que no hay) y hoy viven en barrios como Cite Soleil y Bel Air, de a dos o tres familias en chozas de un solo cuarto.

En Bel Air, Gerald señala las aguas negras que corren en las calles entre las montañas de basura. Dice: "No soy adulto, pero sé que no tengo nada que perder y que tengo que oponerme al nuevo gobierno. Aquí no tenemos futuro y la juventud sabe que solo vamos a tener una vida mejor si luchamos por un mundo diferente".

 

Volver