La trágica historia de Haití está entrelazada con la de Estados Unidos
Robert Parry, Consortium News, 14 de enero de 2010

Al anunciar la ayuda de emergencia para Haití luego del devastador terremoto de magnitud 7.0, el presidente Barack Obama mencionó los lazos históricos con la empobrecida nación caribeña, pero pocos estadounidenses conocen qué tan importante fue la contribución de Haití a la historia de EEUU.

En los tiempos modernos, cuando Haití se entromete en la conciencia estadounidense es por lo general debido a algún desastre natural o a un violento levantamiento político, y la respuesta de EEUU es por lo general paternalista, si no teñida con un desprecio racista hacia la población predominantemente negra del país y su inacabable incapacidad de escapar de los ciclos de aplastante pobreza.

Sin embargo, hace más de dos siglos, Haití era uno de los más importantes vecinos de la nueva república norteamericana y jugó un papel central en permitirle a Estados Unidos expandirse hacia el oeste. Si no hubiera sido por Haití, el curso de la historia estadounidense podría haber sido muy diferente, posiblemente sin que Estados Unidos se hubiera expandido nunca más allá de las montañas Apalaches.

En el siglo XVIII, cuando se llamaba Santo Domingo y cubría el tercio occidental de la isla La Española, Haití era una colonia francesa que rivalizaba con las colonias norteamericanas como la más valiosa posesión europea en el Hemisferio occidental. Basándose en una bárbara explotación de esclavos africanos, las plantaciones francesas allí producían casi la mitad del café y el azúcar del mundo.

Muchas de las grandes ciudades de Francia deben su esplendor a la riqueza extraída de Haití y sus esclavos. Pero el costo humano fue inenarrablemente alto. Los franceses habían diseñado un sistema esclavista endiabladamente cruel que importaba africanos esclavizados para trabajar en los campos con procedimientos contables para su amortización. Trabajaban literalmente hasta caer muertos.

Los colonizadores norteamericanos pueden haberse rebelado contra Gran Bretaña sobre cuestiones como la representación en el parlamento y las acciones arbitrarias del rey Jorge III. Pero los haitianos negros enfrentaban un brutal sistema de esclavitud. Un infame método francés de ejecutar a un esclavo problemático consistía en insertarle una carga de pólvora en el recto y luego detonar el explosivo.

Así, mientras las colonias en América luchaban por su libertad en la década de 1770 y mientras esa inspiración contra la tiranía se extendió hasta Francia en la década de 1780, las repercusiones llegarían con el tiempo a Haití, donde el grito de los jacobinos de "libertad, igualdad y fraternidad" resonó con especial fuerza. Los esclavos exigieron que el concepto de libertad fuera aplicado universalmente.

Cuando continuó el brutal sistema de plantación francés, se dieron violentos levantamientos de esclavos. A medida que los rebeldes copaban la colonia, centenares de blancos propietarios de plantaciones fueron asesinados. Un esclavo autodidacta llamado Toussaint L'Ouverture surgió como líder de la revolución, demostrando destrezas en el campo de batalla y en las complejidades de la política.

A pesar de las atrocidades cometidas por ambos bandos en conflicto, los rebeldes -conocidos como los "jacobinos negros"- se ganaron la simpatía del Partido Federal de EEUU y en particular de Alexander Hamilton, quien también era nativo del Caribe. Hamilton, primer Secretario del Tesoro de EEUU, ayudó a L'Ouverture a redactar una constitución para la nueva nación.

Conspiraciones

Pero los acontecimientos en París y Washington pronto conspiraron para deshacer la promesa de la nueva libertad de Haití. A pesar de las simpatías de Hamilton, algunos Fundadores, incluido Thomas Jefferson quien era dueño de 180 esclavos y debía su fuerza política a los intereses agrícolas, veían con nerviosismo la rebelión de los esclavos en Santo Domingo. "Si no se hace algo, y se hace pronto", escribió Jefferson en 1797, "nos convertiremos en los asesinos de nuestros propios hijos".

Entretanto, el caos y los excesos de la Revolución Francesa llevaron al poder a Napoleón Bonaparte, un brillante y presuntuoso comandante militar poseído de una ambición legendaria. A medida que expandía su poder por Europa, Napoleón también soñaba en reconstruir un imperio francés en las Américas.

En 1801, Jefferson se convirtió en el tercer presidente de Estados Unidos -y sus intereses estaban al menos temporalmente alineados con los de Napoleón. El dictador francés estaba decidido a restaurar el control francés de Santo Domingo y Jefferson estaba ansioso por ver aplastada la rebelión de los esclavos.

A través de los canales diplomáticos secretos, Napoleón le preguntó a Jefferson si EEUU le ayudaría al ejército francés a viajar por mar a Santo Domingo. Jefferson respondió que "nada será más fácil que aprovisionar a su ejército y flota con todo y reducir a Toussaint [L'Ouverture] por hambre".

Pero el plan de Napoleón tenía una segunda fase secreta que no compartió con Jefferson. Una vez el ejército francés sometiera a L'Ouverture y su fuerza rebelde, Napoleón pretendía avanzar al continente norteamericano, basar un nuevo imperio francés en New Orleans y establecerse en el vasto territorio al oeste del Río Mississippi.

En mayo de 1801, Jefferson conoció los primeros indicios de la otra agenda de Napoleón. Alarmado ante la perspectiva de que una importante potencia europea controlara New Orleans y por tanto la desembocadura del estratégico Río Mississippi, Jefferson se echó atrás en su compromiso con Napoleón, asumiendo una postura de neutralidad. Aún así -aterrorizado ante la perspectiva de que triunfara una república organizada por esclavos africanos libertos- Jefferson no tomó ninguna acción para bloquear el empuje de Napoleón en el Nuevo Mundo.

En 1802, una fuerza expedicionaria francesa logró un éxito inicial contra el ejército de esclavos, empujando a las fuerzas de L'Ouverture a retirarse a las montañas. Pero, a medida que se retiraban, los ex esclavos incendiaron las ciudades y las plantaciones, destruyendo la antes próspera infraestructura económica de la colonia.

L'Ouverture, esperando ponerle fin a la guerra, aceptó la promesa de Napoleón de un acuerdo negociado que prohibiera en el futuro la esclavitud en el país. Como parte del acuerdo, L'Ouverture se entregó. Sin embargo, Napoleón incumplió su palabra. Celoso de L'Ouverture, quien era considerado por algunos admiradores como un general con destrezas que rivalizaban con las de Napoleón, el dictador francés embarcó a L'Ouverture encadenado hacia Europa donde fue vejado, muriendo en prisión.

Planes frustrados

Enfurecidos por la traición, los jóvenes generales de L'Ouverture reiniciaron la guerra con represalias. En los meses siguientes, el ejército francés -ya diezmado por la enfermedad- fue aplastado por un feroz enemigo que combatía en un terreno conocido y estaba decidido a no ser esclavizado de nuevo.

Napoleón envió un segundo ejército francés, pero éste también fue destruido. Aunque el famoso general había conquistado buena parte de Europa, perdió 24.000 hombres, incluyendo algunas de sus mejores tropas, en Santo Domingo, antes de abandonar su campaña. Las bajas entre los ex esclavos fueron mucho más altas, pero se impusieron, aunque en una tierra devastada.

Para 1803, un frustrado Napoleón -al ver negado su punto de apoyo en el Nuevo Mundo- acordó venderle a Jefferson New Orleans y los territorios de Luisiana. Irónicamente, la Compra de Luisiana, que abrió el actual corazón de Estados Unidos a la colonización norteamericana, había sido posible a pesar de la equivocada colaboración de Jefferson con Napoleón.

"Por su larga y amarga lucha por la independencia, los negros de Santo Domingo tuvieron un papel decisivo en permitirle a Estados Unidos aumentar en más del doble el tamaño de su territorio", escribió el profesor de la Universidad de Stanford John Chester Miller en su libro, The Wolf by the Ears: Thomas Jefferson and Slavery [El lobo por las orejas: Thomas Jefferson y la esclavitud]. Pero, añade Miller, "la decisiva contribución de los luchadores por la libertad negros. pasó casi desapercibida para la administración jeffersoniana".

La pérdida del liderato de L'Ouverture asestó un grave golpe a las perspectivas de Haití, según Paul Finkelman, de la cátedra Jefferson del Instituto Politécnico de Virginia. "Si Toussaint hubiera vivido, es muy probable que se hubiera mantenido en el poder el tiempo suficiente para poner a la nación sobre una firme base, para establecer un orden de sucesión", me dijo Finkelman en una entrevista. "Toda la historia subsiguiente de Haití podría haber sido diferente".

En lugar de eso, la nación isleña continuó en una espiral descendente.

En 1804, Jean-Jacques Dessalines, el líder esclavo radical que había remplazado a L'Ouverture, declaró formalmente la independencia de la nación y le devolvió su nom- 20 bre indígena original: Haití. Un año después, al parecer temiendo un regreso de los franceses y una contrarrevolución, Dessalines ordenó la masacre de los blancos franceses que quedaban en la isla.

Aunque la resistencia haitiana había entorpecido los planes de Napoleón de penetrar el continente norteamericano, Jefferson reaccionó ante el espantoso baño de sangre en Haití imponiendo un asfixiante embargo económico sobre la nación isleña. En 1806, Dessalines fue brutalmente asesinado, desencadenando un ciclo de violencia política que atormentaría a Haití por los siguientes dos siglos.

Las manchas de Jefferson

Para algunos académicos, la revanchista política de Jefferson hacia Haití -al igual que el hecho de que era propietario de esclavos- representó una horrible mancha en su legado como histórico defensor de la libertad. Incluso en sus últimos años Jefferson siguió obsesionado con Haití y su vínculo con la cuestión de la esclavitud en EEUU.

En la década de 1820, el ex presidente propuso un plan para quitarles los hijos a los esclavos negros en EEUU y enviarlos a Haití. De esa manera, planteaba Jefferson, desaparecerían progresivamente la esclavitud y la población negra en EEUU. Con el tiempo, según pensaba de Jefferson, en Haití sólo habría negros y en EEUU sólo blancos.

El plan de deportación de Jefferson nunca fue tomado muy en serio y la esclavitud estadounidense continuó durante otras cuatro décadas hasta que fue [formalmente] abolida por la Guerra Civil. La hostilidad oficial de EEUU hacia Haití se mantuvo casi el mismo tiempo, acabando en 1862 cuando el presidente Abraham Lincoln otorgó al fin el reconocimiento diplomático.

Sin embargo, para entonces los destructivos patrones de violencia política y caos económico se habían establecido en Haití -continuando hasta hoy. También se han mantenido hasta hoy las conexiones personales y políticas entre la élite haitiana de piel clara y los centros de poder de Washington.

Las recientes administraciones republicanas han sido especialmente hostiles hacia la voluntad popular de las empobrecidas masas haitianas. Cuando el cura izquierdista Jean-Bertrand Aristide fue elegido dos veces por abrumadores márgenes, fue sacado ambas veces -la primera durante la presidencia de George H.W. Bush [padre] y la segunda siendo presidente George W. Bush [hijo].

El enfoque convencional de Washington sobre Haití es que el país es un caso perdido que sería mejor gobernado por tecnócratas con espíritu comercial que siguieran el paso marcado desde Estados Unidos. Sin embargo, el pueblo haitiano tiene una perspectiva distinta. A diferencia de la mayoría de los estadounidenses que no tienen ni idea de su deuda histórica con Haití, muchos haitianos conocen muy bien esta historia. Los amargos recuerdos de Jefferson y Napoleón todavía alimentan la desconfianza que los haitianos de todas las clases sienten hacia el mundo de fuera.

"En Haití, nos convertimos en el primer país negro independiente", me dijo una vez Aristide en una entrevista. "Entendimos, y seguimos entendiendo, que no fue fácil para ellos -los estadounidenses, los franceses y otros- aceptar nuestra independencia".¦

Sobre el autor: Robert Parry es un periodista investigador, reconocido desde que sacó a relucir muchas de las historias del escándalo Irán-Contra en los 80 para la Associated Press y Newsweek. Ha escrito libros sobre los gobiernos de los Bush y sobre los Contras y la relación de estos con las drogas y el papel de la prensa.

Traducido por: Brigadas Antiimperialistas

 

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