24 de abril de 2006

¡Apoyar la lucha popular de Nepal!
¡Abajo la monarquía! ¡No a la intervención
-Parar toda ayuda al régimen de Gyanendra!

En las últimas dos semanas y media, un movimiento de una gran amplitud y alcance ha barrido las ciudades y pueblos de Nepal. Una huelga general continúa paralizando el país. Cientos de miles de personas han desafiado los toques de queda del gobierno, las órdenes de disparar a matar, las balas (no sólo las de caucho), cachiporras y gases lacrimógenos de la policía, y se han tomado las calles exigiendo poner fin a la monarquía feudal. A pesar de los miles de personas que han sido heridos y encarcelados por la policía —incluyendo al menos catorce personas que han sido asesinadas— este movimiento continúa creciendo y extendiéndose e involucra a cada vez más amplios sectores de la sociedad nepalesa. A los obreros, estudiantes, intelectuales, maestros, periodistas, médicos, comerciantes y abogados se les están ahora uniendo empleados públicos incluso del aterrorizado Ministerio del Interior que han entrado a las protestas. Todos los observadores están de acuerdo en que el actual movimiento ya ha sobrepasado al de 1990 que obligó a la reinstauración de un sistema parlamentario. El logro de esta nueva y masiva oleada de lucha no puede ser menos que poner fin a la monarquía y establecer una república en la que todo el poder político esté verdaderamente en manos del pueblo.

Como era de esperarse, esta grandiosa efusión de respuesta de las masas contra siglos de opresión feudal y dominación extranjera en Nepal ha lanzado a las clases dominantes nepalesas y a sus padrinos internacionales a un frenesí de maniobras en un esfuerzo por salvar el barco que se hunde. El Rey Gyanendra, el odiado señor feudal, está ahora arrinconado como una rata en el Palacio Real. Está cercado por los que antes eran sus víctimas: aquellos cuya vida y sangre han sido por décadas e incluso siglos la fuente de la enorme riqueza de él y de su familia —así como la de las clases sociales a las que él representa y sirve. Desperados, él y sus compinches están amenazando con implantar la ley marcial. Esperan que derramando aún más la sangre del pueblo e intensificando más su reino de terror puedan mantenerse en el Poder y salvar al “único reino hindú del mundo”.

Los principales sustentadores extranjeros de Gyanendra, muy especialmente EEUU, el Reino Unido e India, están nerviosos. Están hablando abiertamente sobre una posible “caída del gobierno”, de que Nepal se convierta en un “Estado fallido” y están tratando de poner cierta distancia entre ellos y su esbirro real. Por supuesto que lo que ellos en verdad temen no es el surgimiento de un “Estado fallido” en Nepal, que lo ha sido durante décadas. La monarquía feudal y el sistema social del que es parte han fallado completamente en proporcionar todo tipo de vida decente a la inmensa mayoría del pueblo de Nepal —uno de los países más pobres del mundo. Lo que las grandes potencias realmente temen es la posibilidad de que a partir de este levantamiento el pueblo nepalés mismo tome el control de poder político a nivel nacional y comience a arrancar completamente de raíz todo el sistema de relaciones sociales feudales y de dominación extranjera que es la causa de su actual miseria. Tal acontecimiento podría servir como un llamado a los más de dos mil millones de personas desesperadamente explotadas de Asia —y a los oprimidos de todo el mundo.

Este curso de los acontecimientos no es una ociosa fantasía. En agudo contraste con el movimiento de masas de 1990, el actual levantamiento se está dando en el contexto del avance de la lucha revolucionaria que está dirigiendo el Partido Comunista de Nepal (Maoísta) [PCN(M)]. La Guerra Popular que los maoístas iniciaron en 1996 se ha extendido ahora por todo el país y abarca el 80% de su territorio y a la mayor parte de su pueblo. En las bases de apoyo revolucionarias del campo, el pueblo ha comenzado a crear nuevas instituciones que sirven a sus necesidades y a reorganizar la sociedad sobre una base de no explotación con verdadera igualdad entre nacionalidades, castas y géneros. En el curso de 10 años de lucha literalmente millones de personas han pasado a apoyar y aceptar nada menos que el cambio revolucionario de verdad. En particular ahora existe un Ejército Popular de Liberación con siete divisiones y una milicia revolucionaria que se dice está conformada por varios miles de personas más. El pueblo de Nepal tiene ahora un arma con la cual enfrentar eficazmente al asesino Ejército Real que es armado y entrenado por EEUU, India y otras potencies extranjeras y comandado por el rey. Y con el PCN(M) el pueblo cuenta con un liderato que tiene una visión viable de una sociedad completamente diferente y que está dirigiendo conscientemente sus esfuerzos como parte de la lucha mundial por la eliminación del imperialismo. Como históricamente ha sido el caso, estos logros del pueblo han sido tachados como “terrorismo” por los gobiernos imperialistas del mundo. Pero son precisamente estos grandes avances revolucionarios los que han sentado las bases para el actual acuerdo entre los siete partidos parlamentarios (ASP) y el PCN(M) y han dado por resultado el completo aislamiento político de la monarquía y han puesto el escenario para el actual levantamiento.

Al mismo tiempo y por estas mismas razones, también está creciendo el peligro de una abierta intervención militar extranjera. Las grandes potencias y sus “diplomáticos” están buscando por todos lados alguna forma de descarrilar el movimiento, romper el actual alineamiento de los partidos parlamentarios con la revolución dirigida por los maoístas y de alguna forma salvar la monarquía o al menos a los principales componentes del actual estado de cosas. Aunque ya no puedan mantener la monarquía, ellos están decididos a encontrar una forma de aplastar una vez más las aspiraciones del pueblo. Por eso es por lo que junto con la perspectiva de triunfo de la lucha popular también está creciendo la amenaza de intervención militar.

En esta situación, toda la gente progresista en todo el mundo debe ponerse del lado del pueblo de Nepal y su lucha. Tenemos que apoyar, de todas las formas que podamos, su exigencia de poner fin a la monarquía y nosotros mismos tenemos que exigir que se ponga fin inmediatamente a toda forma de ayuda y apoyo extranjeros al régimen de Gyanendra. Tenemos que dejar en claro ahora que cualquier intento de intervención militar enfrentará nuestra decidida y masiva resistencia.

¡De norte a sur, de oriente a occidente -unir las luchas del pueblo!

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