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Israel después de Gaza

26 de septiembre y 3 de octubre de 2005

La evacuación de los asentamientos sionistas en Gaza y Cisjordania completada esta semana no tuvo como objetivo liberar esa parte de Palestina sino sellarla en un ataúd. Los clavos, es decir, los asentamientos de colonos y el ejército israelí, sólo están cambiando de frente.

Aunque hubo regocijo entre los palestinos en Gaza al verse liberados de esa “pequeña prisión” (los campamentos de refugiados y otros pueblos que estaban confinados por las tropas israelíes), Gaza en su conjunto queda como una “gran prisión”, tal como dicen muchos palestinos. Están segregados del resto del mundo, incluida Cisjordania donde viven la mayoría de los palestinos.

Al mismo tiempo la retirada está vinculada a una reconfiguración planeada de la misma Cisjordania, un programa que apunta principalmente no sólo a consolidar los asentamientos israelíes, sino también incluye su expansión. Los asentamientos presentes y los planeados que se extienden al este hacia el río Jordán van a dividir Cisjordania en tres zonas y a cortar las carreteras que los palestinos usan para viajar entre ellas. El resultado es el desmembramiento de ese territorio en pedazos rodeados de muros y fusiles de modo que trabe más que nunca el desarrollo de una economía palestina y de un Estado viable.

La cicatriz de Gaza y el muro de Cisjordania

La actual Gaza es una cicatriz dejada por la formación de Israel. Dos tercios de sus habitantes son refugiados que los sionistas corrieron de sus hogares, algunos en oleadas de limpieza étnica dentro de las fronteras de lo que llegó a constituir Israel después de la primera guerra sionista de expansión, cuando Israel fue fundado en 1948, y otros de dentro del extenso territorio de que Israel se apoderó en 1967 cuando lanzó la segunda guerra. Gaza misma ha estado bajo control israelí desde 1967.

Es uno de los lugares más hacinados del mundo. Casi un millón y medio de palestinos viven en una franja de desierto de menos de 10 km de ancho por 42 km de largo. Ahora con la retirada del ejército israelí y los retenes se puede cruzar en media hora de norte a sur. Los asentamientos israelíes y su red de carreteras, donde sólo se permitía a judíos, al igual que en las carreteras de los asentamientos de Cisjordania, habían partido a Gaza en cinco secciones. El trayecto entre ellas era dificultoso en el mejor de los casos. Con los israelíes fuera las familias separadas por sólo una corta distancia ahora pueden visitarse por primera vez en años. Muchos niños palestinos nunca han visto el mar, a sólo unos minutos de sus hogares. Cuando los soldados israelíes se retiraron, los palestinos abrieron boquetes en el muro que Israel construyó entre Gaza y Egipto de tal manera que podían tener breves reuniones con sus familiares egipcios antes de que los boquetes fueran tapados de nuevo.

Gaza es ahora un símbolo del fracaso del proyecto sionista tal como un día lo pensaron sus líderes. Los fundadores de Israel planearon establecerse con el paso del tiempo en todo el territorio entre el río Jordán y el mar Mediterráneo. Muchos colonos en Gaza no vivían en casas rodantes sino en modernas y confortables casas estilo suburbano, a veces con albercas, lo que representaba una cruel bofetada en la cara de los palestinos, cuya agua les era robada. Algunos de los ricos colonos poseían grandes invernaderos construidos por obreros palestinos, donde los propios palestinos cultivaban para la exportación. No obstante, menos de nueve mil israelíes llegaron a establecerse en las colonias en Gaza.

Es más, en vez de darse por vencida, la resistencia palestina continuó creciendo en oleadas. Sobre todo con la segunda intifada, la rebelión palestina que empezó en 2000, al ejército israelí le costó reprimir a los palestinos en Gaza y en Cisjordania al mismo tiempo. En 2004, el primer ministro israelí, Ariel Sharon, quien personalmente se puso a la cabeza de la colonización, tomó una decisión que consideró dolorosa desde un punto de vista ideológico, pero necesaria para la expansión israelí y la solución del reto palestino: abandonar los asentamientos sionistas en Gaza y en vez de eso, concentrar colonos, soldados y otros recursos en Cisjordania. Todo eso lo explicó plenamente en manifiestos y discursos públicos.

Si los palestinos fueran a recuperar toda Cisjordania más allá de la línea del cese el fuego de 1967, se quedarían sólo con el 22% de lo que fue una vez Palestina. El muro antipalestino que Israel está construyendo más allá de la línea de 1967 ocupa al menos otro 8% de Cisjordania de acuerdo a los actuales planes y cifras israelíes. Pero estos datos no dan una idea concreta de la importancia de esta tierra que se extiende por las colinas de norte a sur y que ha sido el corazón humano y económico de esa región por miles de años.

El muro tiene dos afiladas ramificaciones: una que se extiende hacia el este hasta el asentamiento Ariel en el norte y sobre todo Jerusalén y las colonias de Maale Adumim más allá. El muro separa miles de palestinos que se encuentran del lado israelí donde están bajo presiones para salir debido a las restricciones sobre sus permisos de residencia que les hace la vida difícil. También separa muchos miles de palestinos del “lado palestino”, de su tierra y sustento al oeste del muro. Y las “eses” del muro en su ruta de zigzagueo también separan muchas ciudades y pueblos palestinos en el lado este del resto de Palestina, tal como Qalqilya rodeada por tres lados por el muro y bloqueada por el cuarto lado por un retén del ejército israelí. (Véase el mapa del muro planeado hasta febrero de 2005 en http://www.stopthewall.org/maps/860.html.)

Israel no tiene la intención de que Gaza sea viable, pues controla el espacio aéreo y la costa. La frontera con Israel está totalmente resguardada. Israel está demoliendo caminos y puentes que solían conectarlo a Gaza por el norte. Hay informes que señalan que está construyendo una zona de amortiguamiento en el mismo territorio de Gaza. Por ahora, sólo se permite a un número limitado de palestinos cruzar la frontera para trabajar en Israel y los israelíes dicen que cortarán ese flujo tan pronto como sea posible. La frontera con Egipto al sur está completamente cerrada. Israel declara que “considerará” qué hacer con esa frontera en los próximos seis meses, pero no piensa devolverla a los palestinos. Todo el tráfico entre Egipto y Gaza pasa por Israel para que las autoridades ahí puedan controlarlo. Los viajes entre Gaza y Cisjordania están también a merced de Israel. Gaza depende totalmente de Israel para el suministro de agua, electricidad, la eliminación de aguas residuales, todos los alimentos y otros productos de importación, hasta de la moneda.

Lo que Israel está dejando a los palestinos en Gaza y Cisjordania no es claramente defendible desde el punto de vista militar, ni es políticamente factible, ni económicamente sustentable. Muchos comentaristas comparan la situación con la de los bantustanes de Sudáfrica, los países títeres formalmente “independientes” para el pueblo negro creados como parte del apartheid. No es una configuración que posiblemente pudiera generar igualdad entre judíos y palestinos, sino simplemente la dominación de Palestina por Israel, sin importar si Israel permite que los palestinos establezcan alguna especie de Estado o no.

¿El fin de la hoja de ruta?

Pero hay un aspecto de mayor cinismo en este plan. Al “ceder” 21 colonias de Gaza y cuatro colonias aisladas de Cisjordania y al llevarlo a cabo unilateralmente sin ninguna consulta con la Autoridad Palestina electa, Sharon intenta adelantarse al establecimiento de cualquier “miniEstado” palestino.

Eso lo expuso explícita y desvergonzadamente el alto consejero de Sharon y jefe de equipo Dov Weissglas. En un comentario del año pasado cuando se estaba debatiendo el plan de retirada en Israel, explicó el objetivo: “Efectivamente, el paquete general llamado el Estado palestino, con todo lo que acarrea, se ha quitado indefinidamente de nuestra agenda. Y todo eso. . . con la bendición presidencial [de Estados Unidos] y la ratificación de ambas cámaras del Congreso”. La “retirada” israelí de Gaza, agregó, “es en los hechos formaldehído. Nos da la cantidad de formaldehído que es necesario para que no haya un proceso de paz con los palestinos”. “Formaldehído”, explicó un miembro del parlamento israelí, “es el liquido en el que los cuerpos de los muertos se conservan” (Ha’aretz, 8 y 11 de octubre de 2004).

Un poco después de la retirada de Gaza, el “cuarteto” (constituido por Estados Unidos, la Unión Europea, Rusia y la ONU después del acuerdo que estableció la “hoja de ruta” para la paz) publicó una declaración que dice que esperaban mayor progreso en el “camino” que conducía a un miniEstado palestino. En algunos foros internacionales, Sharon continúa apoyando de dientes afuera a este acuerdo. Al intervenir en la sesión de apertura de la Asamblea General de la ONU después de retirarse de Gaza, Sharon dijo que los palestinos “tienen derecho a la libertad y a una existencia soberana nacional en un Estado propio”.

En realidad los Estados Unidos y la Unión Europea deliberadamente ensalzan lo que dice Sharon en la ONU y esconden lo que éste dicen en Israel y en lo más posible le restan importancia a lo que Israel está haciendo: la constante e inexorable expansión de los asentamientos en Cisjordania, estrictamente ilegal (de acuerdo al derecho internacional), contraria a la hoja de ruta y no obstante llevada a cabo con gran descaro. Aunque el acuerdo prohíbe la expansión y llama a desmantelar todos los asentamientos construidos después de 2001, el reciente informe Sasson de la oposición israelí documenta casi cien asentamientos nuevos construidos desde entonces, organizados y financiados por el gobierno, junto con la construcción de gran número de nuevos apartamentos en las colonias existentes. Los colonos retirados de Gaza, que recibieron cientos de miles de dólares de indemnización por familia, han anunciado su intención de mudarse a Cisjordania.

Las autoridades israelíes le llaman a esto un “engrosamiento” de los asentamientos, con el fin de consolidar y conectar los principales bloques urbanos, a la vez que ceden algunas pequeñas zonas rurales (hasta ahora sólo cuatro) con unas cuantas casa rodantes. La más grande concentración de colonos está en Jerusalén, una ciudad que era casi enteramente palestina hasta que los israelíes se la apropiaron en 1967. Según el derecho internacional, a ningún país se le permite colonizar tierras que haya conquistado a través de una guerra. Además, bajo los acuerdos de la “hoja de ruta” el estatus de la mitad oriental de Jerusalén se supone que se dejó abierto a negociación. Pero en sus declaraciones en la ONU donde exhortó a los palestinos a tener un “Estado propio”, Sharon alardeó de que Jerusalén siempre sería “la eterna e indivisible capital” de Israel, dando a entender que Israel nunca cedería ninguna parte de la ciudad. En la ciudad y sus crecientes suburbios del este viven más de la mitad de los 400 mil israelíes de Cisjordania. Llama la atención que Sharon ni siquiera mencionó la posibilidad de que Israel retornase a las fronteras de 1967. Eso también está estipulado en la hoja de ruta aunque los Estados Unidos siempre ha declarado que los palestinos tendrán que aceptar “cambios en el terreno”, en particular las principales colonias israelíes.

El más dramático “cambio en el terreno” es el muro construido por Israel. Hace poco se modificó su ruta después de un fallo de la Corte Suprema israelí. Los jueces ordenaron cambios secundarios para liberar a cinco pueblos palestinos atrapados en la maraña, y reafirmaron que Israel debía ignorar a la Corte Internacional de Justicia de la ONU en La Haya, que falló que el muro era completamente ilegal. Un informe del 15 de septiembre sobre la nueva ruta, de la organización de paz israelí B’Tselem, muestra que el nuevo trayecto da ligeramente menos énfasis para cubrir todos los asentamientos existentes y favorece la expansión de asentamientos estratégicos, incluso, en las palabras de B’Tselem, a expensas de las consideraciones de “seguridad” que supuestamente es el propósito del muro.

Sharon justificó con descaro el muro y otras medidas diciendo que “Israel no tiene socios de paz”, con el falso pretexto de que el esquema del miniEstado palestino no tiene partidarios en Palestina. Como dijo Henry Siegman, un importante rabino proisraelí norteamericano y experto en el Medio Oriente quien critica fuertemente a Sharon, en un estudio del plan de retirarse de Gaza cuando primero se propuso el año pasado, la verdad es justamente lo contrario: “Que los palestinos no tienen socios de paz israelíes” (New York Review of Books, 2 de diciembre de 2004). En otras palabras, Siegman, tal como muchas otras personas, reconoce que Israel está emprendiendo una reconfiguración estratégica con el fin de llevarla en la dirección opuesta a la que supuestamente indica la hoja de ruta.

Lo que Israel está ofreciendo a los palestinos no es la paz sino está demandando que abandonen sus aspiraciones nacionales y toda esperanza de una Palestina habitable.

El futuro de Israel

Varios comentaristas partidarios del sionismo defienden la redistribución y reconfiguración de Israel que motivan la retirada de Gaza como la última oportunidad para una solución “democrática” al “problema israelí-palestino”. Con la inmigración sionista a Israel a un nivel bajo histórico, se espera que los palestinos tengan mayor población que los judíos en los territorios entre el río Jordán y el Mediterráneo en la próxima década. Si esa zona se hace formalmente parte de Israel, los judíos estarían en minoría allí, e Israel tendría que “elegir entre ser judío o ser democrático”, tal y como lo han señalado con preocupación por escrito muchos sionistas. Al declarar Gaza y parte de Cisjordania no parte de Israel sino de un Estado palestino actual o futuro, según el argumento, Israel puede mantener tanto una cosa como otra.

Sharon dijo en la ONU: “No queremos gobernar a los palestinos”. Uri Dromi (el director del Instituto de la Democracia de Israel en el Jerusalén ocupado) escribió al respecto: “Israel se ha liberado del yugo de tener que gobernar a más de un millón de palestinos” en Gaza y que ahora debería “retirarse a territorios en que no tiene que gobernar a tantos árabes” en Cisjordania.

Esta frase es tan hipócrita como cualquiera pronunciada jamás. Los recientes ataques de mísiles en Gaza tenían como fin mostrar que la franja está al alcance de los aviones israelíes. Israel mantiene concentraciones de tropas y artillería a lo largo de la frontera de Gaza para una posible invasión futura por tierra. En cuanto a Cisjordania, no hay ninguna propuesta para la retirada del ejército israelí. Las tropas israelíes hacen redadas y detienen como siempre, cuando quieran, donde quieran. El gobierno israelí ha reafirmado que la redistribución no quiere decir que ha acabado con su política de “asesinatos selectivos” de palestinos donde sea. El ejército sionista es uno de los más poderosos del mundo, pero Israel ha dicho que no tolerará la existencia de un ejército de verdad en Palestina.

El monopolio de la violencia que busca Israel: ¿No es eso la esencia de su gobierno?

Israel ilustra muy claramente por qué las elecciones y el “gobierno de la mayoría” no son la esencia de la democracia y que pueden esconder desigualdades y un dominio represivo. El que los judíos sean mayoría en Israel en un momento dado y el que Sharon y otros partidos ganen una mayoría en el parlamento, ¿qué tiene de democrático el aplastamiento de un pueblo por otro? Y, aunque se estableciera un mini-Estado palestino en Gaza y parte de Cisjordania (cosa que en teoría significaría que habría dos Estados iguales) y que tuviesen lugar en Palestina unas elecciones, eso no cambiaría las contradicciones entre Israel y Palestina, ni mucho menos traería justicia. La independencia e igualdad formales para Palestina enmascararían una dominación estructural permanente.

Hoy, los judíos son mayoría en la tierra histórica de Palestina porque obligaron a marcharse a tantos palestinos. La tradicional exigencia de los palestinos para el “derecho de regreso” de los millones de palestinos desterrados a los países vecinos y otros lugares (y sus descendientes) es anatema para los sionistas, aunque éstos reclaman ese derecho para los descendientes de los judíos que se fueron de Palestina no hace medio siglo, sino hace 17 siglos. La mayor parte de la Palestina histórica e incluso del Israel moderno tiene pocos habitantes. Más de las tres cuartas partes de los israelíes viven en el 15 por ciento del territorio de Israel. O sea, el problema no es una falta de espacio para todos. El problema nunca ha sido que los judíos y los palestinos no pueden “llevarse bien”, sino que el sionismo siempre ha buscado un Estado exclusivamente judío. Por definición, un Estado religioso, un Estado para un solo pueblo, no puede ser democrático, y las elecciones en Israel no pueden cambiar eso.
Tampoco es justificación para nada la “seguridad” de Israel. Tal y como lo señalan los palestinos, la construcción del muro de “seguridad” por Israel significa robar tierra para defender tierra ya robada. La existencia del Estado de Israel sobre lo que incluso sus partidarios reconocen como “tierra confiscada” significa que su existencia está basada en la opresión de los palestinos y que siempre lo requerirá.

Mini-Estado, macro-sionismo

Los líderes de la Autoridad Palestina han expresado enorme frustración con la situación post-Gaza porque el futuro para un Estado palestino nunca se ha visto tan poco halagador. El mini-Estado que consigan no tendrá nada que ver con lo que esperan, si es que lo consiguen siquiera. Los políticos palestinos de diferentes tendencias llaman al mini-Estado una primera etapa en la liberación de Palestina. Sin embargo, aceptar un mini-Estado dependiente de la buena voluntad de Israel y de Estados Unidos es el camino que los ha llevado a la actual situación sin salida.

Pero, a pesar de sus muchos compromisos con el sionismo, es posible que estos políticos no reciba nada.

Se supone que tendrían lugar en enero próximo unas elecciones para el parlamento palestino, y se espera que el movimiento fundamentalista islámico Hamás salga bien librado, a costa de la ahora dominante Organización para la Liberación de Palestina (OLP). Algunos líderes de Hamás han indicado que están dispuestos a hacer su propio trato con Israel, y algunos elementos del Departamento del Estado estadounidense están dispuestos a aceptarlo, basándose en el modelo de “coexistencia” que está evolucionando entre Israel y Hezbolá en el Líbano. La política religiosa fundamentalista es menos peligrosa para el proyecto sionista que la exigencia apoyada en un momento por la OLP por una Palestina democrática y laica para todos. Anteriormente, las fuerzas de seguridad de Israel impulsaron el avance de Hamás contra el OLP. Pero por ahora, al menos, el gobierno israelí ya ha amenazado de que es posible que no “permita” elecciones si Hamás postula candidatos, al igual que no aceptó a Yaser Arafat como legítimo representante del pueblo palestino aun después de que ganó las elecciones por una aplastante mayoría como dirigente de la Autoridad Palestina. Israel acaba de nombrar a dos dirigentes de Hamás como candidatos para un “asesinato selectivo.” Con o sin elecciones, ¿qué poder político pueden tener los palestinos si Israel puede asesinar a quien quiera? Al igual que en todas las elecciones que tienen lugar bajo un gobierno opresivo, lo único que pueden hacer los votos palestinos es aprobar lo que los verdaderos gobernantes permitan.

Por qué, por ahora, existe Israel

Puede parecer irónico que en el momento en que esté en su cenit el poder de Israel para mangonear a los palestinos, un ambiente de desanimación se está imponiendo entre muchos israelíes y sionistas en otros lugares. Los elementos que permitieron que algunas tendencias sionistas llevasen una máscara humanista e idealista se están evaporando. Por ejemplo, hoy una gran parte de la población de Israel es gente que emigró por motivos económicos, y no ideológicos. Es más, la realidad del conflicto con los palestinos ha polarizado a muchos israelíes entre los sionistas de línea dura y los que están profundamente perturbados por la situación. El movimiento colonial desencadenado por Sharon, cuyo núcleo es una o dos generaciones que se han criado en las comunidades religiosas fundamentalistas aisladas, militarizadas y extremistas que se establecieron deliberadamente en confrontación con los palestinos, tiene un componente fuertemente fascista en relación con los palestinos y con otros israelíes que pueden aceptar el sionismo pero que desearían que no fuera tan descaradamente parecido a los nazis.

Los colonos de Gaza lanzaron calumnias, inmundicias e incluso ácido contra los soldados israelíes que organizaban la evacuación. El ejército israelí reaccionó con amabilidad frente a actos que hubieran llevado a un baño de sangre si los hubiera cometido los palestinos. Las escenas televisadas de estos enfrentamientos enajenaron a muchos israelíes, pero seguramente animaron a los fanáticos acérrimos a continuar la marcha hacia el Gran Israel. Gaza tiene menos peso en la ideología sionista que Cisjordania, que se considera el corazón de la milenaria civilización judía. Sharon no se ha enfrentado con estos colonos, como dice alguna gente. Simplemente los han redistribuido.

La lucha palestina se enfrenta a grandes dificultades. Pero también el sionismo. La crisis histórica del partido Likud de Sharon, una agria disputa entre su plan y los sionistas que se oponen a toda “concesión” a los palestinos, refleja el hecho de que es posible que ninguna de estas tácticas logre aplastar a los palestinos. La situación de Israel se ha convertido en una fuente de graves preocupaciones para la clase dominante estadounidense.

Hoy, Israel existe por una sola razón: es la piedra angular de la dominación estadounidense del Medio Oriente. Por eso, y no la exagerada influencia del “lobby judío” norteamericano, Estados Unidos respaldó la creación de Israel y lo ha apoyado con hasta $5 mil millones al año de ayuda y préstamos durante los últimos 25 años. La insoportable arrogancia de gente como Sharon y sus rivales sionistas es la arrogancia de animales cuya capacidad de reinar o sobrevivir depende cien por cien de los intereses y la política del imperialismo estadounidense. Sin basarse en este análisis, ninguna estrategia política con su consiguiente estrategia militar para liberar a Palestina puede tener ninguna posibilidad de éxito.

Esto significa que Israel representa una debilidad clave para Estados Unidos porque está fundada sobre una injusticia básica y descarada a que odian y se oponen de alma y corazón millones de palestinos y los pueblos del Medio Oriente y del mundo entero. Por ejemplo, veamos a Irak: Estados Unidos quisiera transformarlo en otro pilar de dominación del Medio Oriente como su propia colonia, y la resistencia está ligada al ejemplo de Palestina por mil hilos. La actual cruzada estadounidense de subyugar directa y completamente al Medio Oriente, como elemento integral de su hegemonía sobre los pueblos oprimidos y sus rivales imperialistas, es el contexto en el cual Israel lleva a cabo sus planes actuales. Pero esto representa una potencial ventaja estratégica para la liberación de Palestina, si lo reconocen y toman en cuenta los revolucionarios que pueden ver más allá que la religión y el nacionalismo a los intereses comunes de la gran mayoría de los pueblos del mundo: de crear un mundo nuevo.

 

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