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¿Qué motiva los combates entre los palestinos?

23 de octubre de 2006

El siguiente artículo fue tomado del portal electrónico The Electronic Intifada (electronicintifada.net), escrito por Rima Merriman, quien se describe como palestino-norteamericana que vive en Ramalla, en los territorios ocupados de Cisjordania. Aunque el SNUMQG no coincide con todos los puntos de vista por ella expresados, consideramos que esta pieza arroja un rayo de luz sobre algunas de las razones que motivan las actuales contiendas entre dos organizaciones palestinas: Hamás, la cual dirige el gobierno electo de la Autoridad Palestina (AP) y Fatah, la cual tiene la presidencia de la AP.

La actual parálisis de la Autoridad Palestina (AP) simplemente ha puesto sobre el tapete, ante el mundo y ante los mismos palestinos, quienes se niegan a aceptarlo, la verdadera naturaleza engañosa de su Autoridad y de las instituciones públicas.

Desde los acuerdos de Oslo firmados por la Organización para la Liberación de Palestina en 1993, los palestinos, juntos a gran parte del mundo, han estado moviéndose dentro de dos apreciaciones falsas. Una es que, con Oslo, Israel había finalmente reconocido sus aspiraciones. La otra es que sus líderes, encabezados por su presidencia y por el gobierno establecido, tenían los medios para conducirlos hacia un verdadero Estado palestino, dentro de las fronteras de 1967, a contrapelo de los planes y de las intenciones de Israel en la región. Es el clásico síndrome de las personas desesperadas que creen lo que quieren creer.

De este modo los palestinos y la comunidad internacional empezaron a ser engañados por las ilusiones que ellos mismos fabricaron: algunas parecían sólidas y bien decoradas, como las construcciones del gobierno, con fondos de la ayuda internacional, en Ramalla. Sin embargo, recientemente la sede del gobierno, un flamante edificio de piedras blancas, fue quemado y saqueado por los mismos palestinos, quienes se han visto obligados a despreocuparse del Estado y ocuparse más en procurar alimentos para sus hijos.

Los medios están interpretando este acto de vandalismo como el resultado de las divisiones entre Hamás y Fatah, pero en realidad es el resultado inevitable de la arquitectura política y económica construida para los palestinos desde Oslo, en la que Israel tiene todas las de ganar y que es la que Estados Unidos ha estado consolidando en lugar de orquestar la paz en forma honesta.

Estas ilusiones no son sino efectos especiales. A pesar de la conexión con Estados Unidos, resulta que no tienen el poder ni la capacidad de obtener ni un miniEstado.

Con esta parálisis la AP pone al descubierto su verdadera naturaleza, desenmascarando sus ilusiones y mostrándolas como lo que realmente son: un valiente intento por construir una fantasía. Fantasías como instituciones públicas, pasaportes, sellos, portal electrónico nacional y placas para automóviles; también bautizar los territorios ocupados como “territorio” ocupado a fin de encubrir la ausencia de continuidad geográfica entre la franja de Gaza y Cisjordania; añadir la palabra “Nacional” a la “Autoridad Palestina” a fin de declarar la AP como germen de un futuro Estado inscribiendo “Estado de Palestina” en algunos edificios o portales electrónicos del gobierno.

Pero la realidad es que a los funcionarios electos de la AP, a todos los niveles, los puede secuestrar con impunidad Israel. La AP carece de control, no sólo sobre sus fronteras internacionales sino sobre el desplazamiento de una ciudad a otra, de la AP y de los ciudadanos comunes. La AP no tiene soberanía sobre sus fronteras ni sobre el registro de su población. No tiene control sobre si Israel puede crear cientos de asentamientos judíos en su territorio, expropiar tierras palestinas y explotar sus recursos.

Esta parálisis también demuestra que la estructura de gobierno definida en los Acuerdos de Oslo, sólo sirve a los intereses de seguridad de Israel; demuestra además que Israel es el mayor problema de los palestinos y que de hecho Israel es hasta la fecha, el principal culpable de los fracasos del gobierno palestino: ausencia de democracia, búsqueda de ingresos y corrupción.

Los retos económicos que enfrentaron los palestinos después de Oslo fueron enormes. Los territorios ocupados, o el “seudo Estado” construido, tenían la economía de un país en desarrollo, con todos los retos que tales economías enfrentan. La base fiscal de la economía palestina era dependiente de ingresos e impuestos aduanales cobrados por Israel; como también eran dependientes de Israel el comercio y el flujo de bienes y personas. Israel, naturalmente, se aprovechó de estas condiciones, humillando las aspiraciones palestinas.

Lo que es admirable, como lo señalan los economistas, es que el surgimiento de la AP produjo crecimiento económico e inversión privada a pesar de las incertidumbres y redujo la dependencia de ayuda internacional en un 10% del PIB aproximadamente.

Sin embargo, justo cuando la AP estaba construyendo su administración, financiada principalmente con ayuda internacional, Israel estaba construyendo sus asentamientos ilegales, retenes de control y fronteras internas para proteger dichos asentamientos. Israel, de este modo, obtenía el poder de paralizar ciudades palestinas enteras, poder que ha usado desde la segunda Intifada para reducir a los palestinos a la impotencia.

Ahora que los palestinos han sido cercados y hambreados, ahora que han comenzado a matarse entre sí y a prender fuego a los edificios de la AP, sus representantes se están preparando a hablar de nuevo con el enemigo de acuerdo a los términos que éste imponga, tal como ocurrió en Oslo. Las posibilidades de un acuerdo que favorezca a los palestinos son remotas, dado que la mejor opción que se les ofrece es la Hoja de Ruta y ésta es una réplica de los Acuerdos de Oslo.

Entonces ¿qué se puede hacer? Ésa es la pregunta de un millón de pesos.

 

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