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La masacre de Beit Hanoun: Estados Unidos apoya asesinas medidas israelíes

13 de noviembre de 2006

El 11 de noviembre Estados Unidos vetó una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que criticaba a Israel por la masacre de 19 miembros de la familia Al-Athamnah en la aldea de Beit Hanoun en el norte de Gaza. Para evitar el veto estadounidense, el gobierno pro norteamericano de Qatar, un patrocinador de la resolución, insertó una crítica a los palestinos por lanzar proyectiles a territorio israelí. (Los proyectiles de los palestinos casi nunca cobran vidas, en tanto que los israelíes han asesinado cerca de 450 personas en la incursión en Gaza que comenzó a fines de junio de 2006.) Esto no bastó para Estados Unidos, que declaró que en vista de que Israel aceptó que abrir fuego contra los civiles era “un error”, cualquier crítica resultaba “desequilibrada” e intolerable.

Si familias israelíes hubiesen muerto a manos de palestinos, todos saben que Estados Unidos no hubiese aceptado explicación o excusa alguna. Además, si es que fuera efectivamente un accidente, no era imprevisible, y puede haber sido más bien intencional. Hay ciertos hechos que llevan a esta conclusión.

En primer lugar, como el diario israelí Ha’aretz (12 de noviembre de 2006) indicó, los comandantes israelíes han modificado formalmente su política en Gaza, reduciendo a la mitad los llamados “márgenes de seguridad”, o sea la distancia que supuestamente dejan entre el objetivo de los proyectiles y las construcciones habitadas más cercanas. Desde principios de 2006, la política oficial israelí (al margen de lo que sus comandantes hagan que no admiten públicamente) es que incluso en circunstancias normales (no en un enfrentamiento), sus artilleros pueden disparar proyectiles de calibre 155 mm y alto poder explosivo a blancos en un radio de 100 metros de los edificios habitados más cercanos. Estos proyectiles pueden matar a personas en un círculo de 50 a 150 metros de su lugar de impacto. Este hecho podría explicar el asesinato de los 19 civiles.

Otros hechos indican algo más que el desprecio general de Israel por la vida humana. Esta no sería la primera vez que Israel ha llevado a cabo deliberadamente un acto de castigo colectivo contra familias, vecinos y comunidades sospechosos de resistencia armada.

Las tropas israelíes ocuparon esta aldea agrícola de 40.000 habitantes una semana antes de la masacre. Prohibieron que los aldeanos abandonaran sus casas, sin importarles emergencias médicas o la falta de alimento. A todos los varones entre 16 y 45 años se les ordenó reunirse en una plaza de la aldea, desde donde eran llevados a otro lugar para “interrogatorio”. Buldóceres blindados destrozaron las redes de agua y alcantarillado, y la electricidad fue cortada. El objetivo declarado era la búsqueda de “militantes” y de armas, tales como los pequeños cohetes caseros lanzados en su mayoría a espacios despoblados a lo largo de la frontera meridional adyacente de Israel. Resulta obvio que todo esto no era más que un castigo colectivo a los habitantes por las actividades de los combatientes palestinos.

Durante esa misma semana, en otra aldea en el norte de Gaza, miles de palestinas se reunieron frente a una mezquita a la cual los israelíes acusaban que ocultaba combatientes palestinos. El ejército abrió fuego sobre las mujeres desarmadas y mató a dos. La mayoría de los hombres en la mezquita supuestamente escapó. Se dijo que la manifestación de mujeres había sido liderada por Jamila Shanti, una representante de Hamás en el parlamento palestino. Pocos días después tanques israelíes dispararon a su casa y asesinó a dos mujeres más.

El hecho de que Israel atacó a la familia de Shanti en represalia sugiere que pudo haber castigado de la misma forma a la familia extendida que vivía en un conjunto de tres apartamentos en Beit Hanoun, cercano a los límites de la aldea y a los campos frutales desde el cual se lanzan proyectiles ocasionalmente.

A las 5:30 de la mañana, justo un día después de que los soldados y tanques israelíes se retiraron de la aldea, miembros de la familia Al-Athamnah dormían cuando los primeros proyectiles de artillería comenzaron a caer sobre su casa. Los adultos se abrieron paso entre la oscuridad y el humo para evacuar a los niños hacia un pasillo entre las viviendas, en busca de protección. Pero las balas comenzaron a caer sobre los niños y adultos tanto en el pasillo como entre aquellos que aún estaban en sus camas. Un vecino contó hasta 15 proyectiles de artillería. Otros testigos hablaron de “docenas” de proyectiles y misiles. ¿Parece esto un accidente? La fuerza de los explosivos dejó las paredes salpicadas con partes de cuerpos de infantes, niños y sus padres y abuelos. Más de 60 resultaron seriamente heridos.

En reacción a la indignación pública, incluso la de los israelíes, las autoridades justificaron el bombardeo de artillería alegando que el día anterior se habían sido lanzados proyectiles desde un lugar cercano (un automóvil), y que los proyectiles impactaron las viviendas porque el sistema de puntería del cañón estaba defectuoso. El primer ministro israelí Ehud Olmert prometió una investigación. La investigación será encabezada por el mayor general Meir Kalifi quien condujo una investigación previa que concluyó que la muerte de seis miembros de la familia Ghaliya en una playa de Gaza en junio de 2006 también fue un “accidente”. Las fuerzas armadas israelíes han asesinado a 1.845 palestinos desde septiembre de 2000. Ningún soldado israelí, ni mencionar los líderes militares y políticos de Israel, ha sido condenado nunca por estos asesinatos.

Esta es la cuarta vez en tiempos recientes que Estados Unidos han vetado una crítica a Israel en el Consejo de Seguridad de la ONU.

Una palabra acerca de Hamás, y el occidente “democrático”

Algunos observadores han especulado que la masacre de Beit Hanoun fue una provocación deliberada con la intención de que Hamás levantara su tregua. Eso impediría un acuerdo entre Hamás y Al Fatah que pudiera conducir a la formación de un nuevo gobierno que al menos algunas potencias occidentales aceptarían. Israel ha utilizado la elección de Hamás a la dirección de la Autoridad Palestina como pretexto para cortar los ingresos provenientes de los impuestos, la ayuda extranjera y otros ingresos para los palestinos, junto con un bloqueo económico que ha arruinado la economía.

Hamás no es una organización que representa los intereses del pueblo palestino. Por ejemplo, la situación de las mujeres en Gaza y Cisjordania bajo el gobierno liderado por Hamás es inaceptable para toda persona comprometida con la justicia. Además del sufrimiento y las privaciones que conlleva la ocupación israelí, las mujeres tienen poca protección jurídica y social ante la posibilidad de ser asesinadas y abusadas por hombres palestinos. Hace poco, Human Rights Watch publicó un reporte basado en entrevistas a mujeres en Gaza y Cisjordania que señala que las autoridades palestinas hacen poco por castigar a hombres que golpean a mujeres y que cometen “asesinatos por honor” (el asesinato de mujeres supuestamente culpables de “pecados” sexuales) y violaciones (las mujeres que denuncian una violación son obligadas con frecuencia a casarse con el violador). Hamás, como organización islámica, exalta el patriarcado y la supremacía masculina (que también son elementos centrales para el judaísmo, como se demostró en los violentos ataques contra homosexuales en Jerusalén la semana pasada).

Hamás está haciendo lo que pueda, aunque hasta ahora sin mucho éxito, por llegar a una componenda con Israel. Ha prometido un cese al fuego de largo plazo y un reconocimiento de facto de la existencia del Estado sionista, aunque no renuncia a su propósito declarado de derrocarlo en el futuro. Tras la masacre de Beit Hanoun y el veto estadounidense en la ONU, Hamás respondió haciendo un llamado a una “conferencia de paz que incluya a representantes árabes, a Israel y el Consejo de Seguridad de la ONU para alcanzar un acuerdo justo y global en todos los ámbitos en concordancia con las resoluciones internacionales y el principio de ‘tierra por paz’”. Eso significa que los palestinos aceptarían la paz a cambio de una retirada de Israel de Gaza y Cisjordania que dejaría en la práctica a Hamás y a otros partidos como administradores neocoloniales. Que cualquiera de tales arreglos no pondrá fin a la dominación israelí está demostrado por la brutalidad con que el ejército israelí volvió a ocupar Gaza en noviembre de 2006, después de que supuestamente la abandonaba de una vez por todas en 2005, por el constante desencadenamiento de los escuadrones de aniquilamiento israelíes donde su ejército no tiene presencia oficial y por la demostrada capacidad de los israelíes para triturar la economía de Gaza y Cisjordania a su arbitrio.

En resumen, Hamás no busca ni tampoco es capaz de unir a los palestinos y al pueblo más ampliamente para reemplazar el Estado sionista (cuya existencia depende de su utilidad para Estados Unidos) con un Estado democrático, plurinacional que pueda librarse de la dominación imperialista. Su servilismo respecto de las relaciones imperialistas dominantes en el mundo y su preservación de las relaciones sociales atrasadas en Palestina van de la mano, tal como ocurre también en Israel.

¿Pero qué es lo que le da a Estados Unidos o a cualquier otra potencia occidental el derecho de imponer sus dictados a los palestinos? Israel, que durante años utilizó sus servicios de inteligencia para apuntalar a Hamás contra el laico Al Fatah, ahora considera que tiene el derecho a determinar la “legitimidad” de un partido político palestino o de un gobierno electo de la Autoridad Palestina. Estados Unidos apoya y refuerza este dictado. Entre otras cosas, amenazó con represalias a bancos europeos y de otros países que transfieran fondos a los palestinos, de modo que sus propios aliados tienen poco o nada que hacer salvo aceptar la estrangulación económica de Cisjordania y en especial de la plaza fuerte de Hamás, Gaza.

¿Qué es lo que tiene de mal Hamás a los ojos de Estados Unidos? El gobierno norteamericano dice que debe renunciar a las armas y al objetivo de barrer con Israel. Como partidarios de Hamás han señalado últimamente, al Ejército Republicano Irlandés (ERI) se le permitió unirse al “proceso de paz” en Irlanda del Norte sobre la base de un cese al fuego mucho antes de que entregara las armas y abandonara la violencia política. Además, el ERI hasta ahora (al menos de palabra) no ha renunciado al objetivo de terminar con la dominación británica en Irlanda del Norte y reunificarla con el resto de Irlanda. Los partidarios de Hamás argumentan que pueden funcionar como partido parlamentario al tiempo que retienen sus objetivos de largo plazo. ¿Qué diferencia hay entre Hamás y el ERI?

La diferencia no tiene que ver tanto con las dos organizaciones como con las necesidades del imperialismo, especialmente en este caso, con Estados Unidos. Éste necesita y quiere a un Israel sionista como confiable protector de sus intereses en una región cuyos pueblos se han vuelto más hostiles a Estados Unidos como resultado de la creciente dominación norteamericana. Ningún otro país jamás ha recibido tanta ayuda financiera de Estados Unidos como Israel: más de 140 mil millones de dólares durante los últimos treinta años.

Por eso, en el occidente “democrático”, cualquier crítica seria a Israel, inclusive de aquellos que no necesariamente son hostiles al sionismo, se considera ilegítima, y la misma oposición al sionismo resulta intolerable. Lo atestigua, por ejemplo, el acoso a los académicos no radicales John Mearsheimer y Stephen Wait, quienes escribieron un artículo en el London Review of Books en que revelan en hechos y cifras el apoyo de Estados Unidos a Israel y argumentan que ésta es materia propia para un debate (http://www.lrb.co.uk/v28/n06/print/mear01.html), o la cancelación repentina de la conferencia (por la embajada francesa) de la historiadora Carmen Callil en Nueva York porque en el Posfacio a su respetado estudio de la Francia de Vichy comparó “el terror sin esperanza de los judíos de Francia” a “lo que los judíos de Israel están dando al pueblo palestino”.

Entretanto, en Cisjordania y en Gaza, los cañones y misiles israelíes dictan lo que se permite decir o hacer, y no se permite nada salvo la sumisión absoluta al sionismo.

 

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