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Gaza: Las riñas intestinas son "una segunda catástrofe para los palestinos"

21 de mayo de 2007

Los palestinos y otros pueblos del mundo están asqueados por las escenas de los combates entre las dos principales organizaciones en Gaza, mientras que Israel les lanza proyectiles y sus tropas merodean en Cisjordania. ¿Por qué está sucediendo esto?

Los recientes combates se iniciaron el 13 de mayo con el asesinato de un alto líder de Fatah y se agudizaron el 15 de mayo cuando Fatah asesinó a un líder de Hamás durante un asalto contra la Universidad Islámica, una plaza fuerte de Hamás. Hamás respondió atacando con proyectiles la casa de un comandante de Fatah. Los ataques continuaron en los entierros de cada uno. Aunque las fuerzas de combate de Fatah son mucho más grandes que las de Hamás, al menos en teoría, algunos observadores dicen que sus soldados parecían desmotivados y débiles en el combate. Fatah llevó una brigada de policías palestinos de 500 elementos, provenientes de un programa de entrenamiento en Egipto pagado por Estados Unidos y dirigido por un general norteamericano. Israel abrió el cruce de la frontera en Rafah para que pudieran pasar. Si bien Estados Unidos e Israel se dicen neutrales, funcionarios de ambos países les dijeron a reporteros que respaldan a Fatah contra Hamás (The New York Times, 19 de mayo). Cuando Hamás atacó a la base de Fatah cerca al cruce de Karni entre Gaza e Israel, los soldados israelíes abrieron fuego en su contra.

Durante los primeros enfrentamientos, los combatientes de Hamás eran de la llamada ala militar, las brigadas Qassam. Como los enfrentamientos escalaron, Hamás lanzó su Fuerza Ejecutiva, su principal fuerza militar, una unidad paramilitar semejante a las fuerzas de seguridad de la Autoridad Palestina oficiales controladas por Fatah. En ese momento, Israel rompió una tregua de seis meses y empezó a enviar helicópteros y cazas de combate F-16 para atacar a Hamás. El pretexto de Israel fue la andanada de proyectiles Qassam que cayeron sobre Sderot, un pueblo fronterizo de Israel. Pero de acuerdo con algunos reporteros, el fuego israelí se concentró sobre la Fuerza Ejecutiva y los líderes públicos de Hamás y no sobre las Brigadas Qassam clandestinas.

Esta respuesta fue, como de costumbre, desmesurada, pues los proyectiles Qassam han causado nueve muertes en Sderot en los últimos siete años, mientras que en unos pocos días los sofisticados proyectiles de Israel dieron muerte a 30-40 personas. Algunos eran combatientes de Hamás; muchos otros eran civiles transeúntes y otros palestinos comunes muertos en los edificios-blancos, otros edificios y en la calle. Los proyectiles de Israel que arrasaron el 20 de mayo el hogar de un líder parlamentario de Hamás, dejaron sus tres hermanos, otros cuatro miembros de la familia y un vecino muertos e hirieron una docena de personas más. De acuerdo al personal médico palestino, los muertos tenían de 6 a 66 años de edad. El parlamentario no estuvo en casa en el momento de los ataques. En una reunión del 20 de mayo, el gabinete israelí decidió aumentar los ataques aéreos, aunque en ese momento al parecer se vislumbraba una tregua entre las dos organizaciones palestinas. Israel empezó a atacar a otra organización palestina llamada la Yihad Islámica, la cual ha amenazado con renovar los ataques suicidas en Israel.

La escena en las calles durante los combates de Fatah y Hamás la reporteó Laila El-Haddad, quien se describe como una periodista independiente palestina y creadora de un diario digital residente en Gaza (commentisfree.guardian.co.uk./laila_elhadad). “Los combates con armamento pesado y morteros siguen ardiendo por toda la ciudad de Gaza, mientras que los helicópteros de combate israelíes tirotean el norte y el este de la ciudad, la cual que se ha transformado en un pueblo fantasma. Hasta el más temerario opta por permanecer en casa; se cerraron todas menos una tienda de autoservicio. Los francotiradores enmascarados de Fatah y Hamás patrullaban las calles y se apostaban en los edificios más altos, lo que hizo que los habitantes, escolares y universitarios se mantuvieron en casa mientras que los enfrentamientos arreciaban.

“Mucha gente se refiere a estas batallas esporádicas como una nueva ‘Nakba’, algo que coincide con el día que los palestinos recuerda como su ‘catástrofe’ original, cuando se declaró el Estado de Israel en el 78 por ciento de la Palestina histórica. El martes [15 de mayo] se observó el 59 aniversario. ‘Nuestra Nakba se ha convertido en dos Nakbas’, corearon al unísono los jóvenes manifestantes en las calles esta mañana”.

Mientras tanto, en Cisjordania, donde Hamás tiene mucho menos fuerza y donde no se informó de combates entre palestinos, el ejército israelí llevó a cabo al menos 26 incursiones en las comunidades palestinas en la semana anterior al 16 de mayo, de acuerdo a un reporte de la Comisión Palestina de Derechos Humanos. Así es la vida para los palestinos en tiempos normales. Los soldados israelíes tirotearon en el estómago a una mujer embarazada en un campo de refugiados cerca de Naplusa, cuando abrieron fuego sobre una manifestación pacífica cerca de Ramallah, hirieron a un niño y adulto palestinos y a un activista solidario suizo.

Las tropas israelíes dejaron Gaza en 2005, después de 38 años de ocupación, pero no fueron muy lejos. Gaza está rodeada por Israel, Egipto (que depende de la ayuda de Estados Unidos y cuyo embajador en Israel alabó los ataques aéreos) y el mar. Israel controla su aeropuerto, puerto marítimo, frontera terrestre, oficina de registro de nacimientos, electricidad, agua, economía y espacio aéreo, y ha hecho todo a su alcance para convertir a Gaza en una prisión abierta donde los aviones y las unidades élites de secuestro israelíes pueden atacar con impunidad. La Autoridad Palestina (AP) que se desprendió del Acuerdo de Oslo de 1993 carece de poder, excepto contra los propios palestinos.

En enero de 2006, los palestinos eligieron una mayoría de Hamás en el parlamento palestino, y por ende Hamás pudo formar un gobierno para dirigir la Autoridad Palestina. Eso no fue del agrado de Israel y Estados Unidos, y el presidente de la AP y miembro de Fatah, Mahmoud Abbas (conocido también como Abu Mazen) ha bloqueado constantemente las labores del primer ministro de Hamás, Ismail Haniya. Fatah ha recibido municiones y armas norteamericanas por medio de Egipto y Jordania. Al final del año pasado, el asesor de seguridad nacional estadounidense, Elliot Abrams, instó abiertamente a Fatah a montar un “golpe de Estado duro”, a fin de ponerle fin por la fuerza de las armas a la disputa por el control de la AP (“Elliot Abrams’ Uncivil War”, en Mark Perry y Alistair Crooke, Conflicts Forum, 7 de enero de 2007).

Aunque ahora Israel y Estados Unidos favorecen a Fatah y no a Hamás, antes era al contrario. Cuando Fatah estuvo comprometida con “la revolución hasta la victoria” en Palestina, los servicios de inteligencia de Israel alentaban el crecimiento del grupo musulmán fundamentalista Hamás (con ligas a la Hermandad Musulmana Sunita Egipcia) con el objeto de debilitar la organización de liberación nacional laica (la Organización para la Liberación de Palestina). Aunque al final el fundador de Fatah, Yasser Arafat, firmó el Acuerdo de Oslo, Israel y Estados Unidos estaban decididos a humillarlo, no por lo que él había llegado a representar sino por lo que una vez representó. A pesar de su elección incuestionablemente legítima a la presidencia de la AP, las tropas de Israel lo mantuvieron como prisionero en su oficina por varios años hasta su muerte en noviembre de 2004.

Durante años y especialmente con la descarada traición de los gobiernos árabes y el colapso de la Unión Soviética, con cuyo apoyo Arafat confiaba aunque todos estos gobiernos una y otra vez traicionaron a Palestina y la URSS se volvió capitalista e imperialista, Fatah decidió que su meta original de reemplazar al Estado sionista con una Palestina laica y plurinacional no era “realista”. La degeneración de Fatah a tal grado que hoy Israel y Estados Unidos la pueden usar ilustra el posterior desarrollo de esa lógica. Pero la experiencia de los últimos años desde el establecimiento de la Autoridad Palestina debería ser suficiente para desacreditar completamente la idea encarnada en el Acuerdo de Oslo y más tarde en la “hoja de ruta” auspiciada por Estados Unidos, Europa, Rusia y la ONU: una especie de mini-Estado palestino basado en las partecitas de Palestina que Israel no se ha molestado en colonizar, las partecitas de un territorio que ni siquiera son contiguas, ni hablar de formar un país viable.

Se dice que Hamás tiene una reputación de estar menos infestada de corrupción y gangsterismo que Fatah (aunque el gangsterismo de Fatah es mucho menor en comparación con el de Israel). Pero el altruismo no es lo que motivó a Hamás a organizar programas sociales a fin de resaltar la falta de interés del gobierno de Fatah por las necesidades básicas del pueblo. Su objetivo ha sido y aún es construir un movimiento social que promueva un fundamentalismo islámico que antes no era muy popular entre los palestinos. El fundamentalismo islámico es una expresión de unas relaciones económicas y sociales que históricamente se desprendieron del tribalismo y luego del feudalismo. Estas relaciones, y de igual importancia las ideas, costumbres y prácticas que las sustentan y que se han considerado un refugio ante el desarrollo capitalista, han mantenido a los palestinos oprimidos y débiles, vulnerables a la opresión imperialista. Éstas son exactamente las relaciones económicas y sociales atrasadas y las cadenas ideológicas que tienen que ser destruidas si se quiere lograr una verdadera liberación nacional y obtener la base para una posterior revolución emancipadora. Además, este fundamentalismo religioso es una importante fuente de la división en el seno de los palestinos y entre los palestinos y otros árabes y pueblos. El futuro del pueblo palestino depende de la construcción de una unidad regional e internacional contra un enemigo común, las potencias imperialistas encabezadas por Estados Unidos, el verdadero amo y señor de Israel, una unidad que es realista, por el rol que los palestinos han jugado en la vanguardia de esa lucha, entre otras razones.

El lanzamiento de proyectiles Qassam por la frontera israelí no puede lastimar en absoluto las fuerzas armadas ni el Estado sionistas y en los hechos ayuda a los gobernantes sionistas a movilizar a los judíos contra los palestinos. El único propósito posible de tales ataques es presionar al gobierno israelí a aceptar a Hamás. Mientras tanto, tal como describió el citado diario digital y otros informes, los palestinos, hombres y mujeres (siendo éstas de menor valor a los ojos del fundamentalismo islámico) quedan como espectadores y víctimas y no tienen la necesaria dirección para tomar el futuro en sus propias manos. Hamás apunta más a establecer un Estado islámico que a liberar a Palestina, y como es sabido nunca aceptará reemplazar al Estado sionista con una Palestina plurinacional y laica, que por difícil que sea lograrlo, es la única posible solución a este conflicto en pro de los intereses del pueblo. Así que no es de sorprenderse que Hamás crea que la cosa más importante ahorita es su propio gobierno islámico, en lugar de movilizar y unir al pueblo palestino para combatir a Israel. Puede que Hamás no sea tan corrupto como Fatah, pero su visión (lo que a su parecer está haciendo) es igualmente opresivo e igualmente lo obliga a emprender actividades reaccionarias que se han compaginado con las acciones sionistas para mantener al pueblo palestino aún más en la miseria.

La situación tampoco es buena para los imperialistas y sus regímenes clientelares regionales. Después de su desastre en el Líbano, Israel no quiere enviar tanques y unidades de artillería más allá de la periferia de Gaza donde ahora están apostados. Al mismo tiempo, se informa que a algunos sionistas y otros reaccionarios les preocupa que Fatah haya agotado el capital de su credibilidad histórica y que pueda estar cerca al colapso. Algunos regímenes reaccionarios pueden estar tentados a hacer negocios con Hamás porque Fatah se está desmoronando y no puede hacer solo el trabajo de títere. En marzo, uno de los jugadores centrales que obligaron a las dos organizaciones palestinas a formar un “gobierno de unidad” fue Arabia Saudita. El colapso de Fatah podría constituir un gran problema para Egipto y Jordania, dos regímenes que antes le daban puñaladas por la espalda, aunque ahora lo apoyan firmemente por miedo a que la inestabilidad en Palestina se extienda en sus propios países. Cuando Abbas [presidente de la Autoridad Palestina] se entrevistó con el rey Abdullah de Jordania en diciembre de 2006, el monarca lo desairó diciéndole que se fuera a casa y que volviera sólo si estuviera acompañado de Haniya. El ex secretario de Defensa Rumsfeld también propuso mantener a raya a Hamás en lugar de atacarlo, según el citado artículo de Perry y Crooke. Un experto sobre Palestina de la Universidad de Columbia advierte: “Si dejamos que la Autoridad Palestina sea destruida y que se aísle a Hamás, nos quedaremos con los chicos duros, las pandillas que andan hoy en las calles de Gaza que no respetan a ninguna autoridad” (citado por Thomas Friedman, The New York Times, 21 de mayo).

Pero Estados Unidos tiene intereses mayores que Palestina. Sin el apoyo político, económico y militar estadounidense, Israel se desinflaría como un globo. Estados Unidos está enfrascado en una lucha con varias clases de fundamentalistas islámicos en la región, de una forma que a diario perjudica más al pueblo a quien se le dice que tiene que elegir entre dos alternativas antipopulares. Esta situación ilustra cómo Estados Unidos ve a Hamás. Como resultado, a pesar de la declarada actitud acomodaticia de Hamás hacia el sionismo y Estados Unidos (al menos por ahora) y del hecho que Hamás puede tener más efectividad que Fatah en la estabilización de Gaza y Cisjordania, sus ambiciones han sido violentamente frustradas, y su propia frustración ha sido violenta.

uchos palestinos y gente progresista en el exterior culpan a Israel y Estados Unidos por las riñas intestinas palestinas. Eso tiene mucho de verdad. Encerraron a los palestinos de Gaza en un infierno terrenal, y no sorprende que en un infierno sucedan cosas malas. Pero las dos organizaciones tienen su propio pensamiento y naturaleza, y de esta situación se pueden sacar lecciones muy importantes.

 

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