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La gran fuga de Gaza: ¿hacia dónde?

28 de enero de 2008

Justo en el momento en que Israel apresuraba el paso para recuperar el control sobre Gaza, en tanto aspecto central del plan de Anápolis para la hegemonía yanqui en el Medio Oriente, centenares de miles de palestinos, tal vez la mitad de la población de 1.5 millones de Gaza, se escaparon.

Era una maravillosa semana en Rafah; las imágenes suscitaron alegría por todo el mundo. Pero el clima soleado y frío abrió paso a lluvias torrenciales y caminos chiclosos y a algunas duras verdades sobre cómo son las cosas en el mundo.

El 22 de enero, cuando los palestinos de Gaza marcharon a la frontera egipcia por primera vez y exigieron que se abriera, la policía egipcia atacó con macanas, lanzaaguas, gas lacrimógeno y armas de fuego y dejó cuatro heridos. En la madrugada del 23, explosiones simultáneas abrieron enormes boquetes en buena parte del muro de metal y concreto. Con maquinaria pesada, los habitantes empezaron a derrumbarlo y retirar los escombros. Al amanecer, decenas de miles de personas pasaban por los boquetes, de Rafah y del resto de Gaza. Como Israel le había dicho a Egipto de que sólo podía apostar unos cientos de soldados en la frontera, las autoridades egipcias no pudieron contra la marea humana sin medidas mucho más drásticas de lo que estaban dispuestas, aunque en el pasado había disparado armas automáticas contra pequeños grupos de gente. En los siguientes días, utilizaron macanas eléctricas y cachiporras contra la multitud, pero cuando intentaron cerrar la frontera, se toparon con una lluvia de piedras y balas. Caían muchos trechos del muro hasta que por fin grandes oleadas de masas cruzaron en camiones, coches y a pie, una escena que un reportero llamó “un reordenamiento sísmico e imparable de los hechos del Medio Oriente” (The Observer, 27 de enero).

Se decía que era como un festival. Mucha gente llevó a niños vestidos de fiesta. Compraron lo que Israel les ha negado, sobre todo comida: harina para preparar pan, arroz, azúcar, leche, fruta y verduras, queso (¡hacía tanto tiempo sin queso!), bizcochos y otros alimentos empaquetados, gallinas (y alimento para ellas, prohibido por Israel), cabras, ovejas y camellos. Compraron medicamentos para gente con diabetes, males del corazón y otras enfermedades. Compraron combustible para calentar sus hogares, diesel para los generadores de electricidad y gasolina para vehículos motorizados que casi habían desaparecido de las calles. Compraron mucho concreto. Un hombre joven dijo que con el concreto, puede construir una casa y casarse; otra familia dijo que sin concreto, en Gaza no se han podido construir tumbas en la arena. Compraron cigarrillos, parabólicas satelitales, chocolate y gaseosas.

Mucha gente no compró nada, o se quedó después de gastarlo todo. No más disfrutaba de unos cuantos días fuera de la jaula. Mucha gente, y no sólo los jóvenes, jamás han tenido la oportunidad de salir de Gaza. Otra gente se reunió con familiares y amigos a quienes no había visto en años. Unos cuantos intentaron adentrarse en territorio egipcio e ir a otros países para conseguir tratamiento médico, asistir a una universidad o no más escaparse.

Casi un millón de los habitantes de Gaza están inscritos con la ONU como refugiados de otras partes, expulsados de sus hogares por los sionistas cuando se fundó Israel en 1948. En ese entonces, estas tierras eran un desierto poco poblado, pero el Plan de Partición de la ONU que creó a Israel las asignó a Palestina. Para Israel era necesario controlar la población. En la guerra de 1967, Israel se apoderó de estas tierras y las ocupó por 18 años. Cuando se inició el levantamiento popular llamado la segunda Intifada en 2000, levantó un muro entre Gaza y Egipto y selló la frontera más fuertemente que nunca.

Cuando las tropas israelíes se retiraron de Gaza en 2005, conservaron el control de las aguas costeras de Gaza y de su espacio aéreo, aparte de las fronteras con Israel. Se prohibió el tránsito entre Gaza y las comunidades palestinas en la Cisjordania ocupada por Israel. Aunque Israel decía que entregó el control de la frontera colindante con Egipto a la Unión Europea, conservó el control efectivo restringiendo los bienes que entraban y salían e impidiendo el paso a casi todos. El ejército israelí volvió a entrar a Gaza en junio de 2006 para cerrar la frontera, la abrió un poco de vez en cuando y por fin mandó que Egipto la cerrara en junio de 2007 después de la elección del gobierno de Hamás en Gaza.

En septiembre de 2007, Israel declaró Gaza una “entidad enemiga”: no Hamás sino toda la población. El bloqueo israelí puso fin a la vida económica en esta aislada franja de tierra de 41 km de largo y 6-12 de ancho. Aproximadamente 75% de la población depende de la caridad de la ONU y del Programa Mundial de Alimentos (PMA). Cuando el 17 de enero Israel decidió aislar a Gaza del resto del mundo, dijo que dejaría pasar suficientes alimentos para que la población no muriera de hambre. Pero la ayuda de la ONU está empaquetada en bolsas de plástico e Israel prohíbe la importación de plástico a Gaza. El PMA no pudo conseguir combustible para sus vehículos. Como anteriormente casi 18% de los niños estaban desnutridos y el 70% de los infantes anémicos, la desnutrición crónica se convirtió en desastre.

El 21 de enero, la única planta de electricidad de Gaza suspendió operaciones debido a la falta de combustible y medio millón de personas quedaron en la oscuridad. Como podían, los hospitales se apoyaban en generadores de emergencia y esperaban que no se agotara el combustible o no se descompusieran debido a la escasez de refacciones causada por el embargo. La muerte rondaba a los bebés prematuros en las incubadoras, a los pacientes que recibían tratamiento con diálisis y otros enfermos. Las autoridades israelíes no permitieron que cientos de enfermos que necesitaban tratamiento con urgencia en el exterior salieran de Gaza.

El profesor en derecho de la Universidad de Princeton, Richard Falk, habló de “un preludio de genocidio”, basándose en el Tratado de 1948 sobre la Prevención y Sanción del Crimen de Genocidio, como la cláusula d: “someter intencionalmente al grupo [nacional, étnico, racial o religioso] a condiciones cuya finalidad prevista sea causar su destrucción física total o parcial…”. El comisionado especial de la ONU sobre Derechos Humanos, John Dugard, denunció el bloqueo como una violación de IV Convención de Ginebra, que dice que constituye un crimen de guerra infligir castigos colectivos (castigar o intimidar a un individuo) “por una ofensa que él o ella no cometiese personalmente”.

Muchos palestinos consideran, con fundamento, que Estados Unidos le dio a Israel luz verde para cometer este crimen. Después de todo, Israel cortó el suministro de bienes a Gaza un día después de que Bush abandonó la región. Cuando se presentó un proyecto de resolución al Consejo de Seguridad de la ONU que expresaba preocupación humanitaria por la gente de Gaza, Estados Unidos lo vetó.

El que fuera explícito o implícito el permiso estadounidense, sin duda el embargo contra Gaza se desprendió de la conferencia de Anápolis y la visita mesooriental de Bush. La cruzada yanqui por una “solución de dos Estados” no se debe a un deseo de justicia sino a las consideraciones estratégicas del imperio yanqui. Supuestamente se proponía resolver la contradicción entre el inquebrantable apoyo yanqui a Israel en pro de un Estado judío (en la actual situación, el gendarme y avanzada más confiable para Estados Unidos en la región y a largo plazo quizá el único país en el cual se puede apoyar de lleno) y a su vez permitir que los gobiernos árabes mesoorientales dependientes de Estados Unidos se unieran a un frente unido a fin de aislar y tal vez derrocar a la República Islámica de Irán, sin provocar la furia de sus respectivos poblaciones de modo que cayeran estos mismos gobiernos. Este plan tiene en la mira las mismas metas que Estados Unidos ha buscado con la invasión de Afganistán e Irak y las amenazas de guerra contra Irán: hacer retroceder los desafíos al control estadounidense del Gran Medio Oriente, sobre todo las fuerzas fundamentalistas islámicas que han estado presentándose como principal obstáculo a ese control.

Mediante una combinación de garrotes y dulces durante años, Estados Unidos logró que Al Fatah, una vez la más poderosa organización de liberación palestina, accediera a la creación de un “miniEstado” palestino rebanado e impotente en menos de una quinta parte de la Palestina histórica. Pero todo mundo sabía que el control de Hamás, el rival de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), sobre Gaza era un gran problema en este proyecto.

Tal vez mucha gente sepa eso, pero precisamente el porqué es un asunto complejo en diversos planos. El primer aspecto es que, aunque se cree un “miniEstado” palestino (y hay muchas dudas sobre esta posibilidad), Israel planea subyugar y rebanar a Palestina aún más. Por ejemplo, Israel ha seguido apoderándose de más de las pocas tierras que les quedan a los palestinos, construyendo carreteras exclusivas para los israelíes cuyo único propósito es cercar y aislar a aldeas y pueblos palestinos entre sí. La relación entre opresor y oprimido no va a cambiar, establézcase o no un Estado títere palestino. S ha demostrado desde hace mucho el potencial de que las masas palestinas se alcen contra tal opresión, y se ha estado demostrando de nuevo en Gaza. Así que para Israel (y Estados Unidos) es imprescindible conseguir la aceptación de algunos vendidos palestinos y a su vez humillar al pueblo y quebrantarle el espíritu. Por ejemplo, en el caso del jefe de Fatah, Abu Abbas, Israel lo promueve como su representante elegido de los palestinos y repetidamente lo humilla.

El segundo aspecto es Hamás. Hamás no representa ninguna amenaza a la existencia de Israel y una mínima amenaza a su tranquilidad. Nadie murió en los ataques con proyectiles contra la colonia israelí de Sderot en enero que sirvió de pretexto para sellar a Gaza, después de un largo cese al fuego unilateral de Hamás. (Es sabido que un presunto francotirador palestino efectivamente dio muerte a un jornalero agrícola justo en el lado israelí de la frontera.) El ejército israelí mató a unos 40 palestinos durante el mismo tiempo. En los últimos seis años, han muerto doce israelíes por proyectil. Según la organización pacifista israelí B’Tselem, en 2006 y 2007 los palestinos dieron muerte a 24 israelíes y el ejército israelí a 816 palestinos.

Hamás no tiene ninguna estrategia para derrotar al ejército israelí y jamás lo ha intentado. Ni siquiera entra en sus planes. Los proyectiles tienen el propósito de obligar a Israel a negociar y aceptar el gobierno de Hamás. El ejército israelí tampoco protege a nadie contra Hamás. En muchas ocasiones, Hamás le ha ofrecido a Israel acatar un cese al fuego, entre ellas en el más reciente embargo: dijo que dejaría de lanzar proyectiles a cambio de una suspensión de incursiones israelíes en Gaza y los asesinatos “selectos” de líderes de Hamás y sus esposas, hijos y padres. Algunos prominentes asesores imperialistas, como Robert Malley del Grupo Internacional de Crisis, han criticado el rechazo israelí de la oferta.

Pero Israel ha dudado en aceptar esta clase de trato debido a los riesgos y problemas de mayor peso. Los dos factores citados son parte del paquete. El mayor problema con Hamás, en cuanto a Israel, son sus lazos con la República Islámica de Irán, una gran fuente de apoyo, y la Hermandad Musulmana de Egipto de la cual se desprendió. Hamás ha estado buscando un lugar para sí mismo en el marco del actual orden mundial en el cual se incluye a Israel. Pero su fundamentalismo islámico no sólo es un mecanismo para granjearse el apoyo de la gente. Muchos palestinos, como en Gaza, no le entran a este fundamentalismo religioso. Hamás tiene sus propias metas relacionadas con su ideología y, a diferencia de Estados Unidos e Israel, conservar el actual orden no necesariamente es su máxima meta. Por eso Bush, en su discurso en Abú Zabí en enero, colocó a Hamás (y a Hezbolá en El Líbano) en el mismo plano que su amalgama del gobierno iraní y Al Qaeda.

Todo esto también contribuye a explicar el papel complejo del gobierno egipcio en esta situación. De un lado, el tirano egipcio de Estados Unidos, Hosni Mubarak, considera que la Hermandad Musulmana es el principal peligro a su gobierno, pero del otro lado, ha sido su oposición preferida. Por ley está proscrita, y periódicamente las autoridades arrestan a sus integrantes, pero también dejan que participe en el parlamento controlado por Mubarak. Esta situación contrasta con las tentativas mucho más encarnizadas de aplastar a las fuerzas de la oposición laica. La fuerza latente de esta oposición irrumpió en lo que algunos observadores llamaban un “histórico” mitin de masas en apoyo a los pueblos palestino e iraquí en vísperas de la invasión de Irak en marzo de 2003, si bien desde entonces la policía secreta de Mubarak ha aumentado la represión en su contra.

En los días antes de la caída del muro entre Gaza y Egipto, se celebraron importantes manifestaciones en algunas ciudades egipcias en apoyo a los palestinos; en algunos casos, se buscaba vincularse con las profundas corrientes de descontento de las masas. Parece que en determinado momento, cuando Mubarak no podía parar a los palestinos, decidió que tolerar de manera temporal su cruce al territorio egipcio podría aliviar la presión contra su gobierno de parte de la Hermandad Musulmana y las fuerzas laicas. Esta decisión tiene relación con problemas de mayor peso, pues Egipto, el país árabe más poblado, ha jugado un papel clave en el mundo árabe. Esta situación ha puesto al descubierto la minúscula base y la gran vulnerabilidad del gobierno de Mubarak, y ha señalado, entre otras razones, por qué Estados Unidos montó la cumbre de Anápolis en primer lugar: una profunda preocupación por la forma en que el ferviente apoyo a los palestinos en el seno de todos los pueblos de la región sigue enlazando esta falla fundamental con otras fallas que amenazan el futuro de todos los odiados gobiernos árabes que Estados Unidos mantiene en el poder.

La fuga de Gaza era hermosa porque, pese al papel que jugara Hamás para tumbar el muro, lo que salió a relucir era la posibilidad de que las masas palestinas tomaran su propia iniciativa, su sed de hacerlo y la manera en que tal iniciativa podría empezar a cambiar la situación general. Tal vez sea muy precipitado concluir que esta situación haya acabado con el proceso de Anápolis, como alguna gente quisiera creer, pero efectivamente mostró que podría desarrollarse un proceso dinámico completamente diferente y mucho más favorable para los intereses del pueblo.

Pero los palestinos nadan en aguas peligrosas. Israel, Egipto, Hamás y Fatah ya están maniobrando en diversas configuraciones desfavorables para hallar una salida de la crisis a su costa. El gobierno de Mubarak cortó los suministros por camión a la península del Sinaí, lo que obliga a los palestinos a competir con los egipcios por los pocos productos en las tiendas. La policía impide que los palestinos se adentren más en territorio egipcio y ha arrestado a miles. El presidente iraní Ahmadinejad telefoneó a Mubarak en medio de la crisis, con la oferta de reanudar relaciones diplomáticas, y no cuesta trabajo imaginar lo que ofreció a cambio de debilitar el frente unido de Estados Unidos. En pro de propios intereses, Hamás trata de demostrar a Mubarak que se le puede encomendar el control de la frontera, un tema que sus dirigentes están a punto de discutir con Mubarak. Según informes de una muy amplia gama de fuentes tales como Ha’aretz de Tel Aviv, Al Jazira y la BBC, el 28 de enero elementos de seguridad vestidos de azul de Hamás empezaron a ayudar a la policía egipcia a colocar alambre de púas en el muro. Parece que Fatah está listo a aceptar la oferta israelí de reanudar la entrega de víveres y otros bienes, pero en cantidades aún asesinamente minúsculas (un poco más de la mitad de la gasolina y menos del 20% del diesel para la planta de electricidad de Gaza de lo que permitía entrar hasta octubre de 2007).

La vergüenza que ha generado la situación para Israel ha parido un ambiente vengativo. Ya ha asesinado al comandante militar de Hamás de Gaza, acusado de haber organizado la demolición del muro. El rabino en jefe de Israel, quien se dice representar a los judíos religiosos asquenazíes (de origen europeo), llamó a trasladar a todos los habitantes de Gaza, y por implicación a todos los palestinos, en Cisjordania e Israel, “a un nuevo país hermoso y moderno” en medio del desierto en la península del Sinaí de Egipto.

Se dice que en Gaza se gesta un ambiente de crispación social.

Ninguna de las fuerzas que se dicen representar a los palestinos está en posibilidades de dar una dirección que proseguiría y serviría a los intereses comunes de Palestina, de los pueblos de la región y la gran mayoría de los pueblos del mundo. Pero eso es precisamente la orientación y la estrategia que se necesitan con urgencia en esta situación, en especial a medida que el conflicto entre Estados Unidos e Irán y lo que eso encierra vayan extendiéndose a todos los jugadores.

“Somos como pájaros en una jaula”, le dijo Adel al-Mighraky a un corresponsal estadounidense cuando volvió a Gaza después de ir a Egipto con su nieto. “Una vez abierta la puerta, los pájaros saldrán volando lo más rápidamente que sea posible, y eso es lo que hicimos. Pero ¿qué clase de pájaro tiene que volver a su jaula después de estar en libertad?”

Aparte de causar gran placer e inspiración, por importante que eso sea, lo que de veras se necesita es que tal fuga sea parte de un movimiento y proceso apuntados a zafarse de una vez para siempre del actual orden mundial y sus relaciones.

 

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