21 de febrero de 2011
Sobre la eliminación de los subsidios en Irán
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Luego de años de debate y controversia en la clase dominante iraní sobre la eliminación de los subsidios a la electricidad, el combustible, el agua y otras necesidades básicas de la población, finalmente el gobierno implementó esta medida a finales de 2010.

El precio de la gasolina aumentó en un 600 por ciento, y el precio del combustible diesel se multiplicó por 22. El precio de la electricidad aumentó según el consumo, así que por un consumo promedio de 200 a 400 kWh por mes, una familia tendrá que pagar cinco veces más que antes, y los que consumen más de 600 kWh verán sus facturas elevarse hasta 12 veces. Los 16 artículos que han tenido aumento de precio representan las necesidades más básicas de las masas, incluyendo agua, trigo (pan), azúcar, arroz y aceite de cocina, así como gasolina, combustible diesel y bencina (para cocinar y la calefacción), y electricidad.

Un proyecto de ley más blando fue presentado en el parlamento iraní durante la presidencia de Mohammad Jatami, pero el parlamento, dominado por los conservadores, se negó a aprobarlo, en parte por la preocupación sobre las consecuencias sociales y en parte debido a la disputa entre facciones. Así que el proyecto de ley fue abandonado hasta que Mahmoud Ahmadineyad lo presentó nuevamente hacia el final de su primer mandato como presidente. Sin embargo, el parlamento, a pesar de estar en manos de los aliados de Ahmadineyad y preocupado por posibles disturbios, se negó a aprobar la ley. Todavía estaba en discusión e investigación durante las elecciones presidenciales en 2009, cuando el levantamiento que siguió interrumpió el proceso. El asunto quedó sin resolver.

A la primera oportunidad Ahmadineyad presentó el proyecto de ley una vez más. Después de meses de conflicto en el que el parlamento impuso algunos cambios, finalmente fue aprobado y entró en vigor en marzo de 2010.

El conflicto entre el gobierno y el parlamento provocó la intervención del ayatolá Ali Jamenei, el Guía Supremo. De hecho, todas las facciones dentro del régimen —el parlamento, la alta jerarquía del clero incluida la facción de Jamenei, el Consejo de Discernimiento presidido por Ali Akbar Rafsanjani, y el Consejo de Guardianes [de la Constitución] dirigido por el ayatolá Ahmad Janati— hicieron hincapié en la necesidad de eliminar los subsidios y declararon que no se trataba de una opción sino de una necesidad para el régimen islámico. Incluso las facciones reformistas del régimen, en particular las dirigidas por Houssein Mousavi y Mohammad Jatami, no se opusieron a la ley sino sólo cuestionaron el momento y el ritmo de la aplicación. Advirtieron que podría dar lugar a una “rebelión ciega”.

Uno de los principales centros de la burguesía burocrática es el ala económica de los Sepah-e-Pasdaran (Guardianes de la Revolución). Durante los últimos años han monopolizado las ramas más rentables y más sensibles de la economía del país.

Los principales cambios que impuso el parlamento al proyecto de ley buscaban hacer más lento el proceso de implementación. La ley de “reorientación de los subsidios”, aprobada por el parlamento y por el Consejo de Guardianes en enero de 2010 dice que “el precio local de la gasolina, el aceite, el aceite blanco, el gas natural y los demás productos del petróleo... debe aumentar gradualmente de forma que al final de los cinco años del plan de desarrollo los precios no deben ser inferiores al 90 por ciento del precio de exportación”.

La hipocresía del régimen islámico

Sin duda los sectores vulnerables de la sociedad sufrirán enormemente por los recortes a los subsidios.

Pero Ahmadineyad alega que introdujo esta política para ayudar a los pobres. Argumenta que la mayoría de los subsidios han beneficiado al sector más acomodado. Al poner fin a estas subvenciones a los precios, dice, el dinero ahorrado puede distribuirse a cambio entre los pobres como “subsidios orientados”. Dijo: “¿Por qué el 70 por ciento de los subsidios debe servir al 30 por ciento de la sociedad? Si se implementa el nuevo plan no vamos a encontrar ninguna persona pobre en ninguna parte de Irán”. (Website de la BBC, 3 de septiembre de 2010)

De hecho Ahmadineyad no sólo trata de ocultar los resultados reales de esta política para las masas sino que además va más allá y lo llama “justicia”. Ahmadineyad está tratando de engañar a su audiencia. El gobierno le pagará a la gente 40 dólares para compensar los 80 dólares más al mes que les serán arrancados por el aumento de los precios del combustible, la electricidad y otras necesidades básicas.

Realmente lo que Ahmadineyad está tratando de vender como un plan para la justicia y la eliminación de la pobreza, con una marca islámica o iraní, es el mismo tipo de plan que ha sido impuesto en los países del tercer mundo por EEUU y sus aliados imperialistas. Es otra versión del “Consenso de Washington”, formulado a mediados de la década de 1980 por el Banco Mundial, el FMI y otras instituciones financieras imperialistas, e impuesta a la India, Egipto, Brasil, Túnez, Jordania y otros países.

Como escribiera Haghighat, el periódico del Partido Comunista de Irán (marxista-leninista-maoísta), en su Nº 53, “Además del aumento masivo de la pobreza debido a los aumentos repentinos en los gastos diarios, la economía interna en las ciudades y el campo va a sufrir otro gran golpe porque el petróleo y el gas son insumos básicos. Así que seremos testigos de una nueva andanada de quiebras de pequeñas fábricas, una de las mayores medidas de austeridad y de destrucción de las estructuras económicas en la historia reciente de Irán, y que causará desplazamientos muy importantes en la geografía económica y social del país”.

Algunos líderes del régimen han advertido sobre el período de austeridad que se avecina. Mohammad Reza Naghdi, jefe de la milicia Basij del régimen, dijo: “Aquellos que pudieron ser afectados con las reformas a los subsidios cuando se implementaron por primera vez deberían hacer un esfuerzo para mostrar mayor tolerancia y paciencia para que puedan degustar los dulces frutos de esta ley después de que esta etapa haya terminado”. (Agencia de Noticias Mehr, 28 de octubre de 2010)

El ayatolá Janati, quien tiene un puesto de alto rango en el Consejo de Guardianes, y fue el principal imán de las oraciones del viernes 17 de septiembre de 2010, dijo, “Aplicar la ley de reforma de los subsidios sin duda dará lugar a algunas tensiones que el gobierno debe reducir al mínimo, así como debe también minimizar el daño al sector más necesitado. Pero sin duda estamos en un período de semiausteridad. Debemos pedirle a Dios que nos ayude. De lo contrario, si no es la voluntad de Dios el ayudar, nadie puede hacer nada”. (Oración del viernes en Teherán, 17 de septiembre de 2010)

A diferencia de los disparates de Ahmadineyad, estos comentarios de algunos de los elementos más reaccionarios del régimen muestran que saben lo que están haciendo y adónde podrían llevar las consecuencias sociales. Además, son muy conscientes de que sus medidas engañosas podrían no funcionar, por lo que advierten a las masas no protestar.

Desde el primer día Ahmadineyad alertó acerca de aquellos que quieren “perjudicar” la implementación de esta ley. Dijo: “Si alguien es visto tratando de sabotear el mercado con rumores, deberá ser entregado a las autoridades.” (Website de la BBC, 5 de octubre de 2010)

Ahamd Reza Radan, un comandante de las fuerzas de seguridad, dijo: “Hay algunas personas que quieren la sedición, pero deben saber que la policía respaldará con todo su poder al gobierno”.

El brigadier general Esmail Ahmadi Moghadam, comandante máximo de las fuerzas de seguridad, dijo, “Hoy la sedición continúa de otras formas, como formas económicas, y hay una posibilidad de que algunas personas intenten organizar huelgas aquí o allá y cerrar algunos sitios de trabajo. Pero las fuerzas de seguridad pueden sofocar todos estos conatos de sedición”.

Un miembro del Parlamento, Ezatollah Yousefi, incluso exigió la ejecución de aquellos que perturben la aplicación de la ley. Dijo que aplicar el “plan de subsidios focalizados está ligado al mantenimiento del bienestar económico del sistema”. (Servicio persa de la BBC, 5 de diciembre de 2010)

¿Quién se beneficia?

Haghighat considera que el objetivo de los “subsidios focalizados” es crear una concentración de capital para invertir en petróleo y otros sectores de la economía. Esta concentración será producto de dos procesos: la limitación del consumo de petróleo y gas en Irán para así maximizar las exportaciones, y el debilitamiento de los ingresos de las masas vendiéndoles petróleo y gas a los precios del mercado internacional.

De hecho lo que se implementa en esta ley de “subsidios focalizados” es una parte importante del tipo de paquete que viene con las exigencias de las instituciones financieras imperialistas, como el Banco Mundial y el FMI, para países del tercer mundo con el fin de facilitar el flujo de capital y asegurar la rentabilidad del capital que se invierte en estos países. Tal enfoque ha tenido lugar a escala global en las últimas décadas y muchos países han sido víctimas de tales programas ejecutados por los gobernantes locales.

La justificación de Ahmadineyad de la eliminación de los subsidios, de que los ricos son los principales beneficiarios, ha sido rechazada como infundada incluso por el centro de investigación del parlamento iraní. Son las capas medios y las clases bajas las que más se benefician de los subsidios ya que son los mayores usuarios de los servicios públicos y gastan la mayor parte de sus ingresos en las necesidades más básicas como pan, té y azúcar.

Según un experto del FMI relacionado con Irán, el gobierno alguna vez adujo que los subsidios eran la mejor manera de distribuir la riqueza nacional. Dice que cuando los precios del petróleo eran bajos, esto no era gran cosa. Ahora que los precios han alcanzado los casi 150 dólares el barril, sugiere que ellos ponen fin a los subsidios y venden a precios del mercado. Esto significa que la cantidad de dinero por la venta local e internacional que iría a las arcas del gobierno es sustancial.

En efecto, eso es lo que está haciendo Ahmadineyad. La burguesía iraní quiere una porción mayor del botín. El mandato del FMI de acabar con los subsidios coincide con los deseos del régimen.

Esta reforma económica neoliberal comenzó alrededor de 1987, después de la guerra entre Irán e Iraq, cuando Ali-Akbar Rafsanjani se hizo presidente.

“En ese capítulo de ‘la moderación de la estructura económica’ del país, los Generales de Sepah-e-Pasdaran, los grandes ayatolás y ‘sus queridos hijos’, se convirtieron en los dueños de la industria, la tierra y los altos edificios, y se convirtieron en accionistas de las grandes compañías multinacionales norteamericanas, europeas y coreanas. La parte recibida por los campesinos desplazados fue los tugurios, las líneas de producción y esclavitud, y la búsqueda de trabajo en los centros de las ciudades”. (Haghighat)

En el nuevo capítulo de estos cambios económicos hoy, la eliminación de los subsidios está en el centro pero también hay otros aspectos implicados. Por ejemplo, el gobierno se ha comprometido a asignar a la reconstrucción de infraestructura el 20% del dinero ahorrado de la eliminación de los subsidios. Sin embargo, la infraestructura implicada probablemente sea de sectores que faciliten el transporte del capital extranjero, cosas que el Shah había comenzado en los años 60. Además, el 30% de esos recursos sería asignado a las “industrias vulnerables” afectadas por la eliminación de los subsidios. Pero como han dejado entrever funcionarios de alto rango, esta ayuda financiera estaría condicionada para empresas que modernicen su maquinaria e introduzcan nueva tecnología para aumentar su competitividad. Los principales beneficiarios serían las plantas basadas en alta tecnología y no los pequeños fabricantes y talleres.

Al mismo tiempo el régimen se ha comprometido a recortar la burocracia gubernamental y corporativa para hacerlos más eficientes. Todo esto hace parte del enfoque neoliberal sobre el desarrollo, propugnado por el Banco Mundial, el FMI y el “Consenso de Washington”, que beneficiará principalmente a la red global capitalista y parcialmente a la clase dominante a costa directamente de la inmensa mayoría del pueblo.

Las políticas dictadas por los imperialistas a través de sus instituciones financieras han fracasado en eliminar la pobreza como pretendían, en vez de eso los resultados han sido desastrosos para las masas. La inflación disparada, el aumento del desempleo, la devaluación de la moneda, el crecimiento de la agricultura y la industria orientadas a la exportación, la creciente importación de artículos de primera necesidad y bienes suntuarios, y la destrucción de la economía nacional, todo esto ha generado creciente miseria y sufrimiento para el pueblo en muchos países. Los principales beneficiados con estas políticas son el capital financiero imperialista y los burócratas burgueses locales que venden el país y les facilitan a los imperialistas inversiones saqueadoras.

El callejón sin salida económico del régimen islámico

¿Por qué, a pesar de los discursos anti-occidente y especialmente cuando enfrenta sanciones económicas internacionales lideradas por EEUU, el régimen islámico sigue un riesgoso programa que ya ha fracasado en muchos países?

La respuesta es simple: están en un callejón sin salida y sumidos en una profunda crisis. La burguesía burocrática iraní ya no puede seguir a la vieja manera.

La República Islámica no puede escapar a los dictados de los circuitos internacionales del capital y necesita adoptar estas medidas económicas. Por ejemplo, tiene que asignar más capital a su industria petrolífera, en la que la productividad no cumple los estándares capitalistas internacionales precisamente por la falta de nueva inversión. Así, como lo enfatiza el artículo de Haghighat citado, el régimen enfrenta una creciente necesidad de robar a las masas para cumplir las órdenes del capital.

De hecho la burguesía burocrática iraní en el poder ha alcanzado su límite y sabe bien que su riqueza no puede crecer más sin la ayuda del capital imperialista y está dispuesta a acceder a los dictados del Banco Mundial y del FMI, aun cuando no lo admitirán públicamente.

El gobierno iraní ganó 260 mil millones de dólares en 2007-8 sólo por el aumento del precio del petróleo. El gobierno consideró que era más barato y más eficiente importar muchos artículos de primera necesidad como trigo, arroz y té, y otros artículos como los electrodomésticos. Las ganancias de este negocio estimularon el enriquecimiento de algunos capitalistas burocráticos, principalmente los vinculados con las camarillas  en el poder. Los agricultores que cultivaban arroz y té en el país no podían competir con las importaciones, y la mayoría de ellos fueron hechos trizas.

Al recortar los subsidios el gobierno espera que esto le ayude a ser admitido en la OMC (Organización Mundial del Comercio). Ha solicitado la admisión varias veces pero ha sido rechazado. A los capitalistas burocráticos les encantan los préstamos del exterior y se beneficiarán directa o indirectamente de ellos. Sin embargo, esto llevará aún más a la subyugación de Irán al capital imperialista, como lo muestra la experiencia en otras partes. 

 

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