28 de febrero de 2011.
Sobre las protestas del pueblo iraní el 14 de febrero
Servicio Noticioso Un Mundo Que Ganar

En la mayor protesta en un año contra el régimen, el pueblo iraní salió una vez más a las calles el 14 de febrero en solidaridad con las luchas populares en el Oriente Medio. El levantamiento que comenzó en junio de 2008, luego de las fraudulentas elecciones presidenciales, había sufrido un altibajo debido a la brutal represión del régimen y a la blandenguería de los dirigentes reformistas.

A pesar de negar el permiso para la marcha, el régimen no pudo impedirla. La gente que salió a las calles tuvo que enfrentarse a miles de fuerzas de seguridad, tanto en uniforme como vestidos de civil, quienes hicieron todo lo posible para evitar que se reunieran. Al comienzo la gente se quedó en las aceras, y cada vez que encontraban la oportunidad se tomaban las calles coreando consignas contra el régimen. Las calles alrededor de la Universidad de Teherán, la plaza Valiasr, la plaza Hafte Tir, la plaza Enghelab, la Plaza Azadi y toda el área entre las dos últimas plazas estaban llenas de manifestantes.

Las consignas estaban dirigidas principalmente contra Ali Jamenei y su papel como guía y símbolo de la República Islámica de Irán. Además de “Muera Jamenei”, otras consignas reflejaban la influencia de la lucha del pueblo de Túnez y Egipto. La gente coreaba: “Ben Ali, Mubarak, ahora le toca a Seyed Ali” (Jamenei), “Pasaje sin regreso para Seyed Ali”, “Muera el dictador” y “Jamenei, mubarak su unidad Mubarak” (en persa, mubarak significa felicitaciones —“felicitamos su unidad”, dando a entender que son lo mismo). Se escucharon menos algunas de las consignas más comunes de los levantamientos del año pasado, como “Allahu Akbar” (Dios es grande) y las expresiones de apoyo al líder de la oposición reformista Mir Husein Mousavi.

Las fuerzas de seguridad y la guardia anti-motines, incluyendo a los miles de hombres vestidos de civil, equipados con máscaras, cascos y bolillos, fueron apostadas en motocicletas y en automóviles en todos los puntos estratégicos de la ciudad. Su movilidad les permitió perseguir a los manifestantes. Cuando la gente coreaba consignas, eran atacados por las fuerzas de seguridad. La gente no huía. Avanzaban y retrocedían alternadamente, y continuaban su protesta coreando consignas.

Según los informes, estallaron protestas en otras ciudades como Isfahán, Shiraz, Tabriz, Kermanshah, Rasht, Babul, Mashhad y Boushehr. Las protestas de Teherán —se sabe de una docena en total— esta vez también se realizaron en lugares como el cruce de la calle Jeihoun con la avenida Hashemi, que tuvo poca actividad el año pasado. También se reportaron en lugares con influencia del régimen desde hace tiempo, la plaza Shohada (antes Jhaleh) y la calle Jorasán. Aún más interesante, las calles Rudaki y Jeihoun fueron escenario de fuertes enfrentamientos con las fuerzas de seguridad. El pueblo les dio una lección a algunas fuerzas de seguridad, apaleándolas. Éstas dispararon contra los manifestantes y, según algunos informes, uno de los manifestantes murió en este sitio. También fueron destrozadas unas cuantas cabinas telefónicas.

En la calle Forsat cerca de la Universidad de Teherán, la gente incendió la moto de un miliciano Basij [la fuerza paramilitar islámica creada por el ayatolá Jomeini en 1979 —nota de los trad.]. La furgoneta de los Basij que vino a su rescate sufrió graves daños. Para contrarrestar los gases lacrimógenos, la gente quemó contenedores de basura o encendió hogueras. En muchos lugares continuaron hasta altas horas de la noche los enfrentamientos a piedra entre los jóvenes y los Basij.

Dos personas murieron, Sane Jhaleh, estudiante de la Universidad de Teherán de la ciudad kurda de Paveh, y otro joven, Mohammad Mojtari. Estúpidamente el régimen negó el asesinato de Sane Jhaleh. Dijeron que Sane era miembro de los Basij y rápidamente le falsificaron una tarjeta de miembro, y alegaron que había sido asesinado por los Muyahidin-e-Khalq (un grupo de oposición). Su familia negó todo esto inmediatamente. Su hermano llamó al canal de televisión la Voz de América explicando que hacía mucho tiempo que Sane era opositor al régimen y que nunca había sido miembro de los Basij. Enseguida fue arrestado por haber hecho este anuncio. El régimen no le entregó el cadáver de Sane a su familia y a cambio le organizó un funeral como si fuera miembro de Basij. Este patético acto enfureció al pueblo, especialmente a muchos del Kurdistán.

Los gobernantes de la República Islámica, frustrados y avergonzados por la dimensión de las manifestaciones, afirmaron que no había verdaderos manifestantes, sino vándalos. Keyhan, un periódico cercano a las fuerzas de seguridad, y Jamenei anunciaron que eran apenas unos 300. Ahmad Reza Radan, el comandante de las fuerzas de seguridad, fue aún más lejos al declarar que había sólo 150 manifestantes, mientras que al mismo tiempo anunciaba que habían arrestado a 300. Esta discrepancia lo convirtió en el blanco de las bromas entre la gente. Algunas fuerzas de la oposición dijeron que un millón de personas participaron en la protesta. Lo cierto es que fueron cientos de miles de personas las que protestaron en Teherán y otras ciudades.

El 20 de febrero la gente trató de salir otra vez a las calles en homenaje a los dos manifestantes mártires. La gran cantidad de fuerzas de seguridad, incluidas las unidades antidisturbios en motocicletas, usaron más fuerza y violencia que la semana anterior. Usaron gases lacrimógenos para dispersar a las multitudes en varios lugares, incluyendo los alrededores de las plazas Valiasr y Vanak. La protesta se extendió a muchos más pueblos y ciudades que la anterior, especialmente en el Kurdistán. Las tiendas cerraron en algunas ciudades kurdas, incluyendo Mahabad, Sanandaj, Bukan y Mariwan. En algunas ciudades kurdas las protestas se convirtieron en enfrentamientos con las fuerzas de seguridad.

Hubo informes de que al menos una persona murió, muchas fueron heridas y que cientos fueron detenidas. El arresto y la expulsión de estudiantes universitarios continuaron en los siguientes días.

El régimen ha detenido a los líderes reformistas “Verdes”, Musavi y Medhi Karroubi junto con sus esposas. Los últimos informes de sus partidarios dicen que se desconoce su paradero.

El pueblo se está preparando para futuras protestas.

Extractos de “Algunas notas sobre la reciente protesta” enviadas a Haghighat (periódico del Partido Comunista de Irán (marxista-leninista-maoísta)

El 14 de febrero constituyó un acontecimiento importante, luego de un intervalo de casi un año en los levantamientos del pueblo. Tal vez podría calificársele de un punto de viraje. Lo que causó la pausa temporal en el movimiento popular fue el dañino efecto de haber sido liderado por los Verdes así como la intensa represión del régimen.

Durante el último año el régimen utilizó todo lo posible para reprimir al pueblo. Hubo muchos encarcelados. Los periódicos y las librerías cerraron. Cada ocho horas ejecutaban una persona.

Cuando el pueblo en Túnez y en Egipto se levantó, se rompió el silencio. Los rayos de la lucha del pueblo egipcio llegaron a Irán. La gente empezó a hablar de la lucha del pueblo de Túnez y Egipto y compararon esas luchas con las suyas. Y la gente salió a las calles en grandes cantidades.

Cuando decimos que el 14 de febrero es un punto de viraje, podemos señalar una serie de factores: la gran cantidad de participantes; la participación de personas de diferentes sectores y diferentes edades y en su mayoría jóvenes; sus acciones y sus consignas. Todo esto muestra que la lucha del pueblo se ha vuelto más audaz y valiente.

La protesta del 14 de febrero fue gloriosa. Tuvo un alto grado de radicalismo. La mayoría de las consignas tenían como blanco al líder del régimen islámico y a Jamenei. De hecho, estas consignas tuvieron como blanco a la república islámica y sin duda están en un nivel más alto que las consignas del 2009, que principalmente eran contra Ahmadineyad. La consigna “Muera Jamenei” es como “Muera el Sha”, quien también era el símbolo de un régimen, y estaba dirigida también contra todo el sistema. Esta vez se oían consignas como “Libertad, libertad, libertad” mucho más que “Allahu Akbar” (“Dios es grande”). Esto fue un paso adelante comparado con el levantamiento de 2009. Esta vez la gente no estaba apoyando a Mousavi, decían que no querían este régimen, pero lo hacían de una manera más radical.

También hubo diversas reacciones de los diferentes sectores del pueblo ante esta manifestación. Los imperialistas están tratando de imponer su línea en la lucha del pueblo, a través de los medios de comunicación. Dicen que el pueblo en Irán, así como en Egipto no quiere la revolución ni la violencia, sino que sólo buscan reformas dentro de la estructura política existente. Por ejemplo, en una entrevista al ministro alemán de Relaciones Exteriores, en ZDF (el canal oficial de la televisión alemana), el presentador llegó a la conclusión de que en Irán, Jamenei, al igual que Mubarak, debería irse, pero que la estructura debería permanecer intacta. Ésta también es la línea que difunden el servicio persa de la BBC y la Voz de América.

Pero la reacción del poder iraní también fue sorprendente. Incluso durante los días más radicales de la revuelta de 2009, los miembros del Parlamento no habían coreado nada como ahora —“Muerte a Mousavi, Karroubi y Jatami”— y llamaron a Rafsanjani (figura del régimen) a ser más precavido y a no hacer cosas estúpidas.

Este comportamiento nervioso se debe a un gran temor. De hecho, podrían haber esperado o haber recibido la promesa de que la “sedición” había acabado y que podían seguir a la vieja manera con sus patéticas vidas. Sin embargo, después de meses de silencio, el levantamiento del 14 de febrero puso fin a su sueño.

Hay informes de que Jamenei, en una reunión con los comandantes militares y de seguridad y el Ministro de Información, exigió saber por qué no habían sido capaces de aplastar totalmente el movimiento.

Una vez más el ánimo del pueblo es elevado. Están analizando y sintetizando sus luchas de manera responsable y valiente. A pesar de las amenazas del régimen, la gente está contenta y orgullosa de su poder. Una vez más están hablando acerca de lo que han sufrido todos estos años y declaran que nada puede curar sus heridas a menos de que este régimen vaya hacia la tumba.

Es fascinante. Es un terreno fértil para las semillas revolucionarias.

Se discuten asuntos importantes entre el pueblo, como las ventajas o desventajas de algunas consignas. Por ejemplo, con respecto a “No vamos a perdonar ni olvidar”, un joven sostuvo que si alguien de las fuerzas de seguridad está indeciso y quiere abandonar su posición y sus armas y unirse al pueblo, podría intimidarse por esta consigna. Algunos estaban analizando el discurso habitual de los medios extranjeros que dicen que se debe librar una lucha pacífica para que el precio no sea demasiado alto. Otros respondieron que el precio de no usar la violencia sería mayor que el uso de la misma. Las discusiones estuvieron en un nivel más elevado que el año pasado. Al parecer hay menos ilusiones, y más gente dispuesta a escuchar y a aprender.

No hay duda de que la lucha revolucionaria del pueblo en Egipto y Túnez ha provocado un nuevo despertar en el pueblo iraní, y debemos estar orgullosos de ello. Independientemente de cómo se desarrollen las cosas, debemos entender que el pueblo oprimido —asiáticos, europeos, americanos, árabes, africanos e iraníes— todos enfrentamos enemigos comunes…
 

 

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