Libia: un punto de vista histórico y de clase

– Entrevista con Raymond Lotta

14 de marzo de 2011. Servicio Noticioso Un Mundo Que Ganar. Los siguientes son extractos de una entrevista con Raymond Lotta titulada, “Los sucesos en Libia desde un punto de vista histórico... Muammar Gadafi desde un punto de vista de clase... La cuestión de la dirección desde un punto de vista comunista”, realizada por Revolución, el periódico del Partido Comunista Revolucionario, EEUU. Véase el texto completo en la edición Nº 226 en www.revcom.us.

El levantamiento en Libia es la expresión de un profundo descontento en la sociedad libia. Amplios sectores de la sociedad libia, inspirados por los sucesos de Túnez y Egipto, se han alzado contra un régimen opresivo. Y este levantamiento en Libia es parte de la oleada de rebelión que está recorriendo todo el Medio Oriente dominado por el imperialismo.

Sin embargo, al comparar los acontecimientos en Libia y los de Egipto, hay dos importantes diferencias.

Primero, en Libia se trata de una situación en que las intrigas imperialistas se entremezclan con una agitación de masas auténtica y justa. Eso crea una situación muy, muy complicada.

En Egipto, el levantamiento fue más que todo el producto del descontento de las masas contra un régimen títere de Estados Unidos. Pero el imperialismo estadounidense contaba con un núcleo, al interior de la estructura de mando y de dirección de las fuerzas armadas egipcias, que era de su confianza. Esas fuerzas armadas han recibido de Estados Unidos adiestramiento, dinero y equipo militar. Han sido el recurso más importante que tiene Estados Unidos para estabilizar la situación en Egipto a su favor. Me refiero a la capacidad de estabilizar la situación desde dentro del aparato estatal existente... para mantener a Egipto como un flanco crucial de la dominación estadounidense del Medio Oriente. Además, Estados Unidos tiene grandes intereses económicos directos en el país.

Bueno, de ninguna manera se ha definido cómo se terminará el levantamiento de Egipto. Siguen estallando protestas, la gente está debatiendo lo que se ha logrado y lo que no, y todo está muy fluido todavía. Pero lo que estoy diciendo es que el imperialismo estadounidense cuenta con una capacidad y recursos importantes dentro del país.

Así no es el caso en Libia. No existe ahí semejante aparato militar con vínculos muy estrechos con Estados Unidos. La estructura del estado libio, y aquí me refiero a los ministerios clave y sectores clave del aparato de seguridad, está resquebrajándose y está fragmentándose en respuesta al levantamiento y las presiones del imperialismo. Estados Unidos tampoco tiene la misma proporción de grandes propiedades económicas en Libia como tiene en Egipto.

Así que esto crea tanto una necesidad como una oportunidad para los imperialistas estadounidenses y de Europa occidental. Están tendiendo la mano y buscando reforzar las fuerzas de oposición en Libia que podrían ser el embrión de un régimen neocolonial totalmente nuevo... uno que sea un instrumento más acomodaticio para los intereses occidentales. Y no se puede descartar la posibilidad de que agentes imperialistas hayan ayudado a ciertas fuerzas de la oposición desde el principio de este levantamiento.

Así que, como dije, se trata de un levantamiento de masas auténtico y justo, pero al mismo tiempo existen elementos significativos de maniobras imperialistas. Esos son factores que tenemos que analizar y comprender más a fondo.

La segunda diferencia importante entre lo que está pasando en Libia y la agitación en otras partes del Medio Oriente, es el propio Gadafi. Muammar Gadafi no es lo mismo que Mubarak.

Gadafi gozaba del apoyo popular cuando llegó al poder en 1969, en particular de sectores de la intelectualidad y de las clases profesionales y clases medias. Contaba con el apoyo de bases populares por muchos años.

Por tres décadas, mucha gente dentro y fuera de Libia veía a Gadafi como un gobernante que defendía los verdaderos intereses nacionales de Libia... que le hacía frente al imperialismo y a la ocupación israelí de Palestina.

Y el hecho es que... Gadafi fue por muchos años una espina que el imperialismo, en particular Estados Unidos, tenía clavada. No olvidemos que en 1986, Ronald Reagan lanzó ataques de cazabombarderos contra dos de las grandes ciudades de Libia, trató de asesinar a Gadafi y mató a una de sus hijas en esos bombardeos.

Gadafi no es lo mismo que el abiertamente servil Hosni Mubarak... aunque el régimen de Gadafi nunca rompió con el imperialismo ni lo desafió de una manera fundamental...

Los grandes yacimientos petrolíferos de Libia se descubrieron en 1959. Las compañías estadounidenses y europeas pronto establecieron grandes operaciones productoras. El sector bancario creció rápidamente, en particular después de terminar la construcción de un oleoducto al mar Mediterráneo. Los ingresos provenientes del petróleo se dispararon durante la década de los 1960. Y la riqueza petrolera que regresaba a Libia... se concentraba en manos de una pequeña élite mercantil, bancaria y especuladora.

La pobreza seguía siendo generalizada. Y las oportunidades para que creciera una nueva clase media junto con la economía petrolera... eran limitadas. Así que aumentaba el resentimiento de las masas contra la monarquía de Idris.

Entró en juego también el impacto de los sucesos regionales y mundiales. En 1967, Israel atacó a Egipto y Siria con el apoyo de Estados Unidos. En Libia, los estudiantes, los intelectuales y los trabajadores organizaron acciones masivas y huelgas. También había protestas contra la guerra estadounidense de Vietnam. Esa agitación iba extendiéndose ante la total subordinación del gobierno libio al Occidente.

En la década de 1960, una oleada de luchas de liberación nacional, en Asia, Latinoamérica y África, azotaba al imperialismo, sacudiendo el orden internacional. Despertó a la resistencia a literalmente centenares de millones de personas en todo el mundo. Era un tiempo en que nacía un nuevo espíritu nacionalista, cuando las ideas de unidad árabe en contra del imperialismo echaban raíces. Pero el hecho de que Estados Unidos se encontraba bajo sitio de esa manera también creó oportunidades para muchas diferentes fuerzas de clase que el imperialismo había mantenido subordinadas. Estas veían nuevas posibilidades.

Gadafi formaba parte de un grupo de jóvenes oficiales militares influenciados por las ideas del panarabismo y de reforma social de Gamal Nasser, el líder de Egipto. Gadafi era de una tribu pobre del desierto, y otros oficiales radicales venían de las clases bajas. Las fuerzas armadas eran una de las pocas instituciones de la sociedad libia que les daban alguna posibilidad de capacitación y movilidad social.

A esos oficiales jóvenes les indignaba la corrupción y la sumisión ciega del régimen en el poder. Se veían a sí mismos como los abanderados de una nueva Libia. Y en 1969, organizaron un golpe de estado contra el rey y formaron un nuevo gobierno de un organismo suyo que llamaron el Consejo de Mando Revolucionario.

Gadafi argumentó que se habían hecho trueques con la soberanía nacional de Libia, y que se había permitido que el capital extranjero mandara al pueblo libio. Acusó al viejo orden de despilfarrar los recursos petroleros del país y de hacer muy poco para aliviar el sufrimiento del pueblo.

Obligó a Estados Unidos a acelerar el plazo para cerrar la base aérea Wheelus. Tomó medidas para nacionalizar los bancos. Hizo que el gobierno recibiera una cantidad significativa de los ingresos provenientes del petróleo. Prometió desarrollar la agricultura y la industria, y en realidad destinó algunos fondos a estos sectores. Promulgó programas sociales en la década de 1970 que durante los siguientes 20 años llevaron a mejoras concretas respecto al analfabetismo de las masas, las expectativas de vida y la vivienda. En esas acciones y políticas tenía apoyo popular.

Sin embargo, a pesar de la retórica antiimperialista de Gadafi, todo este proyecto dependía de mantener y expandir una economía nacional basada en petróleo. Dependía de la continuada inserción de Libia en el sistema capitalista global... con su división del trabajo y sus relaciones internacionales de explotación.

Gadafi dependía en alto grado de Europa occidental como mercado para el petróleo libio. Usó los ingresos provenientes del petróleo para comprar aviones franceses, para atraer capital manufacturero alemán e incluso para convertirse en importante inversionista en la mayor compañía automotriz de Italia. Permitió que Italia, la antigua potencia colonial, continuara sus operaciones petroleras en Libia.

Gadafi aprovechó los ingresos provenientes del petróleo para reestructurar la sociedad. Estaba creando un sistema de bienestar público con ciertos rasgos políticos particulares. Estableció “comités populares” en el nivel local para ampliar su apoyo político y canalizar hacia el régimen central las lealtades de las tribus y los clanes. Al mismo tiempo, prohibió los sindicatos, las organizaciones políticas independientes y la crítica del régimen en la prensa.

Con los ingresos del petróleo, construyó un gran aparato militar y de seguridad... tanto para reprimir cualquier oposición interna al régimen como para proteger a Libia como modelo político y fuerza regional en el Medio Oriente y en África.

Ideológicamente, el régimen de Gadafi combinaba una sociedad benefactora y el panarabismo con valores retrógrados. El islam se convirtió en religión oficial del estado. Las mujeres tenían más oportunidades que antes, pero la ley patriarcal de la sharia se convirtió en la base de los códigos legales-sociales. Gadafi era anticomunista con vehemencia... y afirmó que estaba desarrollando una tercera vía entre el capitalismo y el comunismo.

En realidad, Gadafi estaba creando un capitalismo de estado... que se basaba en los ingresos provenientes del petróleo y dependía del imperialismo mundial para mercados, tecnología, transporte y capital de inversión.

Gadafi estaba cambiando las cosas, pero dentro del marco existente de la dominación imperialista, las relaciones capitalistas de propiedad y una compleja red de lealtades tribales y divisiones regionales.

No había nada realmente transformador en función de romper con el imperialismo. No había nada realmente transformador en función de que las masas tuvieran el tipo de dirección y poder estatal radicalmente distinto que las capacitarían para rehacer la economía y la sociedad con un rumbo verdaderamente liberador.

Bob Avakian tiene una formulación muy incisiva acerca de las “tres alternativas” en el mundo. Bueno, estoy parafraseando, pero básicamente dice esto: La primera alternativa es dejar el mundo tal como es... lo que es totalmente inaceptable. O se pueden hacer algunos cambios en la distribución de la riqueza y en las formas de gobierno, pero dejar básicamente intactas las relaciones de producción explotadoras y las relaciones sociales opresivas en la sociedad y en el mundo. Esa es la segunda alternativa.

O, y esta es la tercera alternativa, se puede hacer una revolución auténtica. Una revolución que tiene el objetivo de transformar todas las relaciones de explotación, todas las instituciones opresivas, todas las relaciones sociales opresivas y todas las ideas y valores que esclavizan... una revolución para superar la propia división de la sociedad humana en clases. Esa tercera alternativa es la revolución proletaria mundial para llegar al comunismo.

El programa de Gadafi, así como su modelo social y económico, corresponde a la segunda alternativa, que cambia algunos aspectos del estatus quo, pero mantiene como antes la esencia opresiva del orden social existente.

Ya sabes, esta noción de “hombre fuerte”... es un “espantapájaros”, un pretexto. Oculta la esencia, la esencia de clase, de las cosas. Esto es lo que el marxismo nos permite comprender.

Veamos, todas las sociedades en esta etapa de la historia humana se dividen en clases. Los líderes no flotan en una especie de éter. Ellos concentran la concepción, los métodos, y las aspiraciones de diferentes clases. Gadafi y los militares que se tomaron el poder en 1969, de lo cual hablé antes…, representaban y concentraban el punto de vista de un sector radicalizado de la pequeña burguesía y la burguesía nacional de una nación oprimida por el imperialismo.

Se sentían frustrados por el sometimiento al imperialismo. Y desde el punto de vista de su clase consideraban que el problema era que Libia estaba haciendo un mal negocio. Querían hacer que los mecanismos del mercado, los cuales se basan en la explotación y la producción de ganancias, de alguna manera “funcionaran” en beneficio de toda la nación. Tenían la ilusión de que serían capaces de arrancarle concesiones al imperialismo... y obligarlo a llegar a un acuerdo con ellos. Pero el hecho es que el capitalismo global funciona de acuerdo a una lógica clara e impone sus normas a estas sociedades y economías.

Estas fuerzas nacionalistas burguesas decían hablar en nombre de toda la nación. Consideraban que sus intereses eran idénticos a los intereses de todas las clases sociales de la nación. Pero en estas naciones hay clases dominantes y clases dominadas.

Una de las consignas planteadas por Gadafi, creo que está en su tal “Libro Verde”, era: “no asalariados, sino socios”. En otras palabras, aquí tienes este sistema basado en la ganancia y en la integración al mercado mundial capitalista, pero de alguna manera se podría convertir a todos en accionistas igualitarios. Esa era a la vez retórica populista e ilusión.

Los asalariados, o los proletarios, no poseen medios de producción. Para sobrevivir, tienen que vender su fuerza de trabajo a los que tienen el control sobre los medios de producción: los capitalistas. La clase capitalista explota a los trabajadores en el proceso de producción con el fin de hacer ganancias, y para seguir haciendo ganancias a una escala cada vez mayor. Y cuando no se pueden generar suficientes ganancias, desechan a los trabajadores asalariados. La condición fundamental del trabajo asalariado es estar dominado por el capital y subordinado a la acumulación de capital. Hay un antagonismo fundamental entre obreros y capitalistas.

En Libia, el trabajo asalariado es parte de la base de la economía. Hoy día, el desempleo es del 20%. La realidad es que los asalariados no pueden ser “socios” del capital.

Política e ideológicamente, estas fuerzas aspirantes a burguesas temían a las masas básicas —temían que las masas fueran más allá de su programa reformista de hagamos-un-trato-con-el-imperialismo. Y trataron de controlar y contener a los del fondo de la sociedad.

El punto que quiero resaltar es que, independientemente de las excentricidades que pueda tener Gadafi, si se quiere entender su programa se tienen que analizar los intereses de clase y la concepción que él representa y cómo interactúan esos intereses con la situación mundial. Lo que quiero decir es que se puede calificar a Barack Obama de “sereno” y “sofisticado”, o lo que sea, pero lo que realmente importa es que él concentra los intereses explotadores y asesinos del imperio y la concepción del mundo de una clase dominante imperialista.

Cuando Gadafi consolidó el poder a comienzos de la década de 1970, el régimen tenía ciertas cosas a su favor en la política y la economía mundiales. Para empezar, EEUU estaba enfrentando la derrota en Vietnam y su poderío económico mundial se estaba debilitando. Así que eso creó cierto espacio.

En segundo lugar, la Unión Soviética estaba desafiando a EEUU a nivel mundial. En ese entonces la Unión Soviética decía ser socialista. Pero el socialismo en la Unión Soviética había sido derrocado por una nueva clase capitalista a mediados de la década de 1950. La Unión Soviética se convirtió en una potencia socialimperialista. A mediados de la década de 1970, EEUU y la URSS se disputaban la influencia y el control en diferentes partes del mundo. Parte de su estrategia global era establecer regímenes clientes en zonas clave del Tercer Mundo. La Unión Soviética comenzó a ofrecer ayuda económica, acuerdos petroleros, y apoyo diplomático a regímenes como el encabezado por Gadafi, y los soviéticos se convirtieron en un importante proveedor de armas de Libia.

Y había un tercer factor. A finales de la década de 1960 y comienzo de la de 1970, la industria petrolera mundial estaba sufriendo cambios. Las grandes compañías petroleras estaban entrando en nuevos acuerdos con los productores de petróleo en el Tercer Mundo. Se permitió que el control formal sobre la producción pasara a manos de los gobiernos del Tercer Mundo y sus compañías petroleras estatales. La dominación imperialista se ejercía mediante el control sobre la refinación y comercialización del petróleo, la tecnología y las finanzas. Pero ahora los países productores tenían más libertad en el nivel de la producción —está el cártel de productores del Tercer Mundo, la OPEP. Y en la década de 1970 el precio del petróleo estaba en alza. Estos acontecimientos operaron a favor de Gadafi.

Todo esto le dio a Gadafi cierto margen de maniobra en lo económico y político, ¿pero para hacer qué? Las fuerzas nacionalistas burguesas como Gadafi no querían ni podían dirigir a las masas para romper con el imperialismo y desarrollar una revolución social liberadora. Como ya he dicho, les molestaba el imperialismo, pero también les temían a las masas. Reitero, esto tiene que ver con el carácter de clase de estos gobernantes: estaban sometidos a relaciones imperialistas pero no podían ver más allá de un mundo en el que ellos controlaran las relaciones de explotación, en vez de un mundo que ha abolido la explotación.

Así que aquí tenemos a Gadafi procurando mantenerse en el poder, regateando con el imperialismo y buscando modernizar una economía petrolera subordinada a las normas de la producción capitalista mundial. Más del 95% de los ingresos por exportaciones de Libia provenían del petróleo, y en la década 1973-1983, Libia se convirtió en uno de los tres mayores importadores de armas en el Tercer Mundo. Este era un desarrollo distorsionado y dependiente.

A medida que se desarrollaron las cosas, estas fuerzas nacionalistas burguesas en el poder se convirtieron en el núcleo de una élite gobernante burguesa opresiva, dependiente y atada al imperialismo.

En el ámbito internacional, Gadafi criticó a los regímenes árabes conservadores y se presentó como el verdadero adalid de los derechos del pueblo palestino. Expresó su apoyo a la liberación africana. A esto se debió parte de su popularidad.

En la década de 1980, Gadafi fue satanizado por los imperialistas estadounidenses como un gobernante desaforado, pero esto no tenía nada que ver con lo represivo del régimen o con el estilo de gobierno de Gadafi. EEUU estaba apuntalando a regímenes clientes brutales y a “hombres fuertes déspotas” en América Central —y las violaciones a los derechos humanos por parte de estos hacían ver a Gadafi positivamente benigno. El problema que los imperialistas estadounidenses tenían con Gadafi era sus estrechos lazos con el bloque soviético. El problema que tenían era la firmeza en el apoyo a ciertos movimientos y grupos radicales que podría beneficiar al bloque soviético en momentos en que la rivalidad entre los bloques estadounidense y soviético apuntaba hacia una confrontación militar mundial.

En la década de 1980, EEUU intensificó la denigración de Gadafi. Reagan provocó combates aéreos con aviones libaneses de fabricación soviética frente a las costas de Libia y lanzó el ataque militar contra Libia al que me referí antes. EEUU decidió castigar al régimen con sanciones económicas y presiones diplomáticas. Las compañías petroleras estadounidenses suspendieron sus operaciones.

Ahora bien, como he mencionado, Libia ha sido un importante proveedor de energía a Europa occidental. Esto fue una fuente de tensión entre EEUU y los imperialistas de Europa occidental. Creo que hay una fuerte evidencia de que los ataques militares de Reagan a Libia también apuntaban a alinear más a los imperialistas de Europa Occidental, a medida que se estaba intensificando la confrontación con el bloque social-imperialista soviético.

Bajo presión de EEUU, la ONU impuso sanciones a Libia. Estas medidas para aislar a Libia comenzaron a poner en aprietos la economía de Libia, y las periódicas caídas de los precios mundiales del petróleo perjudicaron también la economía. Y la industria petrolera libia estaba necesitando actualizarse y requería nuevas inversiones.

Luego, en 1989-1991, la Unión Soviética y su bloque colapsaron. Esto señaló un cambio cualitativo en las relaciones internacionales. Esto dejó casi sin aire el proyecto de Gadafi. Ya no tenía el respaldo de esta gran potencia. Y la desaparición de la Unión Soviética le dio nueva libertad a EEUU —y éste se apresuró a aprovechar esta nueva libertad en el Medio Oriente y otras partes del Tercer Mundo.

En esta cambiada situación, Gadafi comenzó a desarrollar relaciones más estrechas con los imperialistas de Europa Occidental. A finales de la década de 1990 restableció las relaciones con Gran Bretaña. A Italia se le permitió un mayor dominio sobre los sectores petrolero y gasífero de Libia.

Otro momento decisivo fue la invasión de EEUU a Irak en 2003. Esto presionó aún más a Gadafi: ¿sería Libia el siguiente? Gadafi también estaba preocupado por un desafío del fundamentalismo islámico a su dominación. Así que comenzó a hacerle propuestas a EEUU. Después del 11 de septiembre, el régimen de Gadafi comenzó a compartir inteligencia con EEUU sobre las fuerzas de tipo Al-Qaeda. En 2004, Gadafi anunció que iba a renunciar a diversos programas de armamento nuclear y de otro tipo. EEUU retiró a Libia de su lista de “estados terroristas”. Gadafi se convirtió en un valioso aliado en la guerra de EEUU contra el terrorismo. Bush dio luz verde a las compañías petroleras de EEUU para firmar nuevos contratos con Libia. Gadafi inició la privatización de algunos sectores de la industria.

Tengo que decir que Gadafi no puede contenerse de arrastrarse ante los imperialistas. El año pasado firmó un acuerdo con Italia para cerrar las rutas de cruce de inmigrantes africanos indocumentados que iban a Europa a través de Libia. Esto fue horrible. Exigió miles de millones en pago por patrullar las fronteras —y emitió advertencias racistas de que Europa se volvería “negra” a menos que adoptara medidas más estrictas para devolver a los inmigrantes africanos.

Este fue el “rehabilitado” Gadafi, cuyo hijo se reunió con Hillary Clinton. Este fue el Gadafi del que la London School of Economics aceptó enormes donaciones, el Gadafi al que los británicos le estaban vendiendo armas. Los imperialistas encontraron a un Gadafi útil y “manejable”.

A comienzos de febrero de 2011, el Fondo Monetario Internacional publicó un informe sobre la economía de Libia y elogió al gobierno de Gadafi por su “ambiciosa agenda de reformas” y su “firme desempeño macroeconómico” y “animó” a las autoridades a mantenerse en este prometedor camino. ¡Qué mejor elogio que del FMI!

Pero ahora, cuando les conviene, y es realmente descarado, cuando pueden utilizar el descontento popular para instalar un régimen mucho “más manejable”, los imperialistas han vuelto a la narrativa de “Gadafi el maniático”, “Gadafi el hombre fuerte”.

En la última década, la riqueza petrolera y las propiedades nacionalizadas se estaban convirtiendo en el feudo de un círculo cada vez más reducido, que incluye al clan familiar de Gadafi, y la mayor parte de esta riqueza se estaba invirtiendo en el extranjero.

El régimen no admitía la crítica. La censura generalizada se hizo cada vez más insoportable en un momento en que la gente buscaba medios de expresión. Los disidentes estaban siendo detenidos. Había una sed de vida política por fuera de las estructuras oficiales. Los llamados “consejos populares” estaban muy desacreditados al haberse convertido en brazos de un sistema de clientelismo y en herramientas de una red de vigilancia. Había una sed de diversidad cultural —hasta hace poco, no se podían enseñar idiomas extranjeros en las escuelas. La atención de la salud se ha deteriorado recientemente. El desempleo ha aumentado.

La respuesta de Gadafi ha sido mayor represión, al tiempo que buscaba revitalizar la economía con inyecciones de capital occidental. Una de las paradojas de los últimos años es que cuando se levantaron las sanciones, y disminuyó la sensación de cerco, las apelaciones antiimperialistas y nacionalistas de Gadafi no tuvieron la misma resonancia. Su “barniz” de batallador se había desgastado. La lealtad que antes infundía se disipó…

En Libia, al igual que en Egipto, las diferentes fuerzas sociales y de clase han salido a la palestra. Traen sus intereses y concepciones a la lucha, y las distintas fuerzas se disputan el liderazgo y buscan empujar estos movimientos en determinadas direcciones.

Hay grupos de abogados en el oriente de Libia que quieren restablecer la antigua constitución de 1952, que sirvió a un orden político y social decrépito. Y los médicos, profesores universitarios, estudiantes, jóvenes descontentos, y los trabajadores que se habían tomado las calles, son parte de un torbellino más grande en el que los reaccionarios líderes tribales, ex ministros y coroneles están buscando posición y tomarse el liderato. Hay alguna gente que está tratando de saldar viejas cuentas. Hay jóvenes enarbolando las consignas “no al tribalismo” y “no a las facciones”. Y en este mismo torbellino, están maniobrando los imperialistas.

Diferentes fuerzas de clase están proponiendo lideratos, programas y agendas que corresponden a sus intereses. Y los distintos sectores de la sociedad están buscan liderato.

Lo que estoy tratando de decir es que la cuestión no es si hay o no hay liderato. No, la cuestión es ¿qué tipo de liderato? ¿Al servicio de qué metas? ¿Utilizando cuáles métodos para alcanzar esas metas? Y la historia ha demostrado una y otra vez que donde no hay un liderato verdaderamente revolucionario y comunista, las masas pierden, la gente que es más duramente oprimida y explotada y que anhela, y desesperadamente necesita, un cambio fundamental queda excluida y traicionada.

En su reciente declaración sobre Egipto, Bob Avakian habla de manera muy poderosa sobre estas cuestiones, y quiero leerla. Él dice: “Cuando el pueblo en sus masas, de millones de personas, por fin rompa con las trabas que han estado impidiendo que se levante contra sus opresores y atormentadores, en ese momento el que su lucha y sacrificios heroicos lleven a un cambio fundamental serio o no, avance a la abolición de toda explotación y opresión o no, dependerá de si existe una dirección, una dirección comunista, o no, que tenga la necesaria comprensión y método científico y sobre esa base, pueda desarrollar el necesario enfoque estratégico y la influencia y lazos organizados entre un creciente número de personas, a fin de dirigir el levantamiento del pueblo en medio de todos los giros y vaivenes, hacia la meta de una transformación revolucionaria real de la sociedad, en concordancia con los intereses fundamentales del pueblo.

Esto me lleva de vuelta a las cuestiones de clase. Para hacer el tipo de revolución que realmente pueda emancipar a toda la humanidad se requiere convertir a los sectores básicos del pueblo en columna vertebral y fuerza motriz de la transformación revolucionaria y en emancipadores conscientes de toda la humanidad. Se requiere un liderato capaz de hacer tal cosa...

 

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