Al acercarse el 8 de marzo, Día Internacional de la mujer, caracterizado por movilizaciones revolucionarias en muchos países, reimprimimos el siguiente artículo publicado el 7 de marzo de 2005 en el SNUMQG.
El tráfico de mujeres: la opresión de la mujer y el sistema imperialista
20 de febrero de 2012. Servicio Noticioso Un Mundo Que Ganar.

La prostitución es uno de los sectores de mayor crecimiento de la economía mundial. Algunas ONG y organismos internacionales llaman “trabajadoras sexuales” o “sexoservidoras” a las mujeres que trabajan de prostitutas y se refieren a la “industria del sexo” como si la prostitución fuera cualquier empleo, tal como trabajar en un puesto de comida, una maquiladora de la costura o un centro telefónico de atención al cliente, pero la mayoría de estas mujeres son niñas y jóvenes en condición de esclavas modernas. Los trabajadores crean mercancías, pero como la esclavitud de
antaño a las mujeres las compran y las venden como mercancías, como si fueran cosas y no seres humanos. Cada año se trafican cientos de miles de mujeres de los países pobres a Europa Occidental, Australia, Israel, Japón, los países árabes del Golfo y otros países. Esta esclavitud moderna genera miles de millones de dólares al año.

India tiene de 400 a 500 mil niñas prostitutas; muchas de ellas han sido compradas en Nepal y Bangladesh. Se calcula que en el sudeste de Asia cada año 200 mil niñas entran a la prostitución.

En muchas aldeas del sudeste de Asia ya no hay muchachas de 13 a 19 años. En muchos de esos países el turismo depende en gran parte de la prostitución. En Tailandia, aproximadamente 800 mil jóvenes y adolescentes han tenido que dedicarse a la prostitución. Se calcula que de 10 a 14% del producto interno bruto del país proviene de la “industria del sexo” y, aunque este país tiene la peor situación, la Organización Internacional de Trabajo informa que en las Filipinas, Malasia e Indonesia la situación es similar.

El sudeste asiático

Los gobiernos del sudeste asiático no fomentan abiertamente la prostitución pero sus economías dependen de ella en cierta medida y sus políticas toman en cuenta esos ingresos. Saben que atrae a muchos turistas y que manda a muchas jóvenes al exterior. Las divisas amortizan las deudas con el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Por eso, estos gobiernos son los mayores alcahuetes del mundo. Los gobiernos dependen de los impuestos oficiales y extraoficiales (sobornos) que provienen de los permisos para cantinas, restaurantes, hoteles y otros centros que albergan burdeles, y los ingresos que perciben esos lugares se invierten en muchos otros negocios e industrias. La prostitución es un elemento fundamental de la economía de estos países. Se han formado grandes sectores de capitalistas que participan directamente en la industria o indirectamente al recibir inversiones de las ganancias. Pese a que algunos gobiernos de la región hablan de combatir el turismo sexual, no han tomado medidas concretas. Se dice que están metidos en esta industria altos funcionarios de los gobiernos tailandés y camboyano, pero, aunque no fuera cierto, toda campaña fuerte contra la prostitución socavaría las economías que esos funcionarios manejan.

La mayoría de las mujeres que se dedican a la prostitución lo hacen por pobreza y el deterioro de la economía de su respectivo país. La crisis económica que arrasó el sudeste de Asia a fines de la década de 1990 agravó la situación. Aumentó dramáticamente la cantidad de mujeres en la industria, y esta creció en los países que antes no tenían prostitución en gran escala. Vietnam y Camboya, que hace una década casi no tenían turismo, hoy son centros de turismo sexual al estilo de Tailandia, Sri Lanka y las Filipinas.

El desarrollo que promueve el capital imperialista en esos países genera más prostitución. Por ejemplo, aunque se han desarrollado industrias capitalistas en algunas partes de Tailandia para convertirlo en un “tigre” conocido por su crecimiento económico, el concomitante colapso de la economía en el campo ha dejado poco trabajo para los campesinos. Las prostitutas envían 300 millones de dólares al año a sus familias en las aldeas. En Camboya, el 98% de las niñas prostitutas son el principal sustento de sus familias. Según un estudio de la ONG Escape, muchas mujeres dicen que si dejaran esa vida, sus padres y/o hijos morirían de hambre.

Los países del antiguo bloque soviético

El derrumbe del bloque soviético abrió otra fuente de enormes ganancias para los traficantes de esta miseria humana. Albania, Ucrania, Rumania y Moldavia, el más pobre país de Europa, son los principales, si bien no los únicos, países de donde secuestran o engañan a las mujeres para trabajar de esclavas sexuales en el Occidente.

Cada año los países del antiguo bloque soviético, como Eslovaquia, Rusia, Georgia y Armenia, cuyas estructuras sociales se vinieron abajo, exportan muchas mujeres a Europa Occidental y Estados Unidos. La prostitución ya es una parte fundamental de las economías de esos países, en muchos casos el sector líder de la emergente economía de mercado. Las ganancias de la trata de mujeres y niñas han financiado muchos nuevos rascacielos en Tirana (Albania) y Chisinau (Moldavia). Según un estudio encomendado por UNICEF, “se calcula que en los últimos 10 años, se han vendido 100 mil mujeres y niñas albanesas a Europa Occidental y otros países balcánicos”. Se dice que hoy, 30 mil prostitutas albanesas trabajan en Europa Occidental. Los estudios de UNICEF y “Save the Children” comprobaron que “hasta el 80% de las víctimas de este tráfico provenientes de Albania y Moldavia son niñas, y se indica que está disminuyendo la edad promedio de las mujeres/niñas que venden a la prostitución”.

Las pandillas cazan a las muchachas y adolescentes mediante contactos directos con familiares, amigos o amigos de un amigo y con anuncios que ofrecen trabajos falsos como meseras, niñeras o cocineras. En su mayoría son víctimas de bandas de delincuentes o empresarios individuales que les prometen una vida mejor y oportunidades de ganar mucho dinero. Las llevan a otro país, donde las subastan y venden. Tienen fuertes deudas con el traficante por haber “facilitado” el viaje y tendrán que trabajar para pagar la deuda atendiendo a docenas de clientes al día, siete días a la semana. Jamás logran liquidar sus deudas porque tienen que pagar la mitad de sus ingresos al dueño del burdel y el resto al traficante. Les dicen que si piden ayuda a las autoridades, la policía las arrestará y sus familiares tendrán que pagar el precio.

Si tratan de escapar, las amenazan con tortura y muerte. Para la mayoría es imposible volver a casa. A las que se atreven a escapar, las vuelven a meter rápidamente a la prostitución.

Un tráfico mundial

Si bien el sudeste de Asia y Europa Oriental son los principales proveedores de adolescentes para los consumidores del Occidente, hoy casi todo país pobre es blanco de este negocio lucrativo. Cada año, se venden mil mozambiqueñas de 14 a 24 años a Johannesburgo, Sudáfrica, donde las obligan a trabajar en restaurantes o de prostitutas. La ONU estima que en Brasil, dos millones de jóvenes menores de 18 años se dedican a la prostitución. Con falsas ofertas de trabajo, llevan a miles de colombianas a Japón. El gobierno japonés sabe muy bien lo que hace, pues les concede
visas especiales de “artistas”.

Incluso los países islámicos, como Irán, Marruecos y Túnez, donde la expresión abierta más común de opresión y dominación es la obligatoria burka, participan en la prostitución de forma oculta. La mayoría de las mujeres a que obligan a prostituirse son para el mercado interno, pero exportan algunas a los países árabes del Golfo. Según la agencia noticiosa estudiantil iraní Ilna, cada día se vende un promedio de 54 muchachas iraníes de 16 a 25 años en Karachi, Pakistán, principalmente destinadas a la reexportación.

Es difícil medir el alcance mundial de este crimen. En 2004, el Departamento de Estado estadounidense dijo que estimaba que el tráfico transfronterizo anual es de 600 a 800 mil personas, con ganancias de miles de millones de dólares.

En una conferencia en Atenas, se dio a conocer que 20 mil extranjeras, en su mayoría del antiguo bloque soviético, trabajan como esclavas sexuales en una industria de mil millones de dólares que explotan más de un millón de hombres en Grecia.

“En Inglaterra hoy trabajan hasta 80 mil mujeres de prostitutas. En Londres, un estudio académico descubrió que los hombres pagan 200 millones de libras al año por relaciones sexuales, casi la mitad en saunas y masajes... En el resto del país, se estima que la industria mueve 770 millones de libras al año, y que la prostitución callejera representa solamente el 5%... Cada año, entran ilegalmente a la Unión Europea 600 mil personas, la mayoría para la explotación sexual” (Observer, 18 de abril de 2004).

“En 2003, la policía metropolitana y la unidad anticrimen de Londres se llevaron de los burdeles a 300 muchachas y mujeres, entre ellas 10 niñas. Solamente el 19% eran inglesas. Las demás eran de Europa Oriental (25%), el sudeste de Asia (13%), Europa Occidental (12%) y África (2%).
Las mayores cantidades eran de Tailandia, Rusia, Brasil y Kosovo. El superintendente Chris Bradford dijo: ‘Es como un mercado de esclavos’“(Guardian, 19 de agosto de 2004).

Francia, Italia, Suiza, Holanda, Alemania y Suecia tienen situaciones similares.

La pornografía es la hermana de la prostitución y se puede llamar parte de la “industria del sexo” que oprime a la mujer. En Estados Unidos esta industria genera 10 mil millones de dólares al año. Los ingresos de las películas pornográficas son mayores que los de las películas nacionales de Hollywood, y las ganancias son mayores en gran parte debido a la importación de mujeres de Europa Oriental. La BBC señaló al ejecutivo en jefe de una de las muchas revistas pornográficas legales de Inglaterra como un importante contribuidor al Partido Laborista del primer ministro, Tony Blair.

Globalización y división internacional de trabajo

Tal es la realidad del mundo de hoy. Sobresalen dos elementos en estas historias de horror. Primero, el proceso de globalización que estalló tras el derrumbe del bloque soviético es una de las principales causas de ascenso sin precedentes de la trata de mujeres. El desempleo, pobreza, economía en declive y tejido social desgarrado son resultados de orientar más la economía global al mercado, sobre todo en los países del tercer mundo. En esta economía deformada, la pobreza y miseria de las mayorías es una rica fuente de acumulación de capital en las manos de unos cuantos. Las mujeres son las primeras víctimas de este nuevo fenómeno del capitalismo. Han metido a esta esclavitud y les han robado la vida a millones de niñas y jóvenes, para que los inversionistas de la industria del sexo basada en Estados Unidos, Inglaterra, Holanda, Alemania, Francia y Japón puedan acumular más capital.

El otro elemento es la división internacional de trabajo. Ciertos países surten ciertas mercancías al servicio del capital financiero mundial. Muchos países pobres que surten el material humano a la industria del sexo mundial no tienen otros recursos naturales ni productos con fuerte demanda mundial, o simplemente el saqueo de los imperialistas y colonialistas los han dejado arruinados y devastados. No es una conspiración consciente; el funcionamiento objetivo del capital imperialista dicta que ciertos países surtan lo que pueden producir “mejor” (con los precios más competitivos en el mercado mundial), y en esa situación la ciudadanía hace lo que pueda para sobrevivir.

Que no quede ninguna duda: los imperialistas están fomentando la prostitución a una escala mundial jamás vista. No pueden ponerle fin aunque quisieran (tal vez quieran mantenerla más oculta), pues su sistema se basa en la opresión y explotación de la mujer. Mientras exista el sistema, no se podrá eliminar la prostitución.

La cruzada de Bush contra la mujer

Estados Unidos presionó a una reciente conferencia de la ONU sobre la igualdad de la mujer para que declarara que el aborto no es un derecho de la mujer. La representante yanqui quedó casi completamente aislada, aunque también pidió una prohibición mundial de la prostitución y dijo que era la única manera de detener la trata de mujeres.

La cruzada bushiana contra el aborto en Estados Unidos y en el mundo ilustra a la perfección la convergencia de los gobiernos del Occidente imperialista “avanzado” y de los países “atrasados”. ¿Tienen las mujeres el derecho a decidir sobre su propia sexualidad y reproducción, o no les pertenece su propio cuerpo? Los fascistas cristianos y los fundamentalistas islámicos por igual declaran su “respeto” a las mujeres pero se oponen a la emancipación de la mujer de la autoridad masculina y a las medidas concretas que se requieren para cambiar esa situación.

El debate en la ONU y entre las ONG sobre poner fin a la prostitución no ha dado resultados. Algunos países, como en la mayoría de los estados de Estados Unidos y Suecia, penalizan la prostitución; y Alemania, Holanda y otros la han despenalizado. Pero en todos estos países sigue existiendo. Cuando esos gobiernos deciden parar el tráfico de mujeres, aprueban leyes migratorias más duras, persiguen a las prostitutas y arrestan a unas cuantas y las deportan. ¿Cabe en la cabeza que tales medidas pararán este horror? Principalmente presionan más a las víctimas, que tendrán menos posibilidades de escapar y caerán más en deuda con sus dueños.

La moral que Bush y sus secuaces quieren proteger con su oposición al tráfico de mujeres, sea hipócrita o no, busca conservar la opresión de la mujer en otra forma. Bajo el estandarte de“valores de la familia”, su moral tradicional busca mantener a la mujer como propiedad del esposo, no de muchos hombres. Los padres y las madres que se ven obligados a defender los valores patriarcales en las aldeas pobres y otras regiones que el avance global del capital ha arrasado acaban vendiendo a sus hijas porque el imperialismo las ha convertido en una mercancía muy pedida que los hombres comprarán en los cotos ricos de esos países y del mundo en general. Los vendedores y los compradores por igual comparten la idea de que el destino de las mujeres es servir a los hombres de una u otra forma, lo que refleja toda la organización de la sociedad de clases durante milenios.

La globalización de la prostitución combina en un horroroso fenómeno las disparidades entre los países y las desigualdades entre los géneros. ¿Qué tipo de mundo es en el que vivimos en que cuanta más riqueza se crea y cuanto más se integra el mundo en un solo todo, mayores son las tragedias para millones? El actual crecimiento del tráfico de mujeres se debe a la catastrófica convergencia entre, por una parte, de la destrucción que ha causado el desarrollo sin precedente del capitalismo global que penetra profundamente en los países atrasados y los sistemas sociales precapitalistas y reduce todo a un objeto de compraventa, y, por la otra, a la opresión de la mujer que nació con el surgimiento de la propiedad privada y la división de la sociedad en clases.

La opresión de la mujer ha existido en todo sistema explotador, y ha sido justificada por toda moral tradicional. No es posible parar estos crímenes sin acabar con el sistema imperialista y sin revolucionar todas las relaciones que predominan en el mundo actual.

 

Traducido por el Obrero Revolucionario (hoy Revolución) Nº 1275, 24 de abril, 2005. (www.revcom.us)
Editado y reproducido por Brigadas Antiimperialistas, Colombia
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