14 de julio de 2014
Palestina hoy: la situación y la atmósfera en Cisjordania
Servicio Noticioso Un Mundo Que Ganar

A continuación unas notas editadas de una conversación con tres académicas feministas que acaban de regresar de una visita a la Palestina ocupada.

Llegamos dos días después del hallazgo de los tres cuerpos de los jóvenes colonos. Antes de eso, las autoridades israelíes habían estado sitiando a las comunidades palestinas y arrestando a la gente, con la excusa de que estaban buscando a los tres jóvenes, pero luego de eso se puso peor. Lo que vimos fue un castigo colectivo en escala masiva, que resultó en el arresto de por lo menos 700 personas, muchas de las cuales ya habían estado en la cárcel antes. Las fuerzas de seguridad tenían listas de gente que estaban buscando. Estas incursiones eran una forma de crear una atmosfera de terror.

Pasamos nuestra primera noche en Jerusalén oriental. Los colonos israelíes, en este caso por lo general inmigrantes recientes de Estados Unidos, Rusia y Europa oriental, se están trasladando a barrios palestinos y obligando a los habitantes a irse. Los palestinos locales identifican a la mayoría de los colonos de la Ciudad Vieja cómo estudiantes de una yeshivá (escuela religiosa judía). También hay familias enteras con niños. Las mujeres están en un “estado permanente de embarazo”, habiendo en muchas familias varios niños pequeños.

Los colonos se apropian de la tierra utilizando muchas veces documentos falsos que muestran que ellos o su familia son dueños de la propiedad, y la policía expulsa a los palestinos que viven ahí. A veces es un edificio o todo el piso de un edificio, otras veces es un apartamento o hasta un solo cuarto. Una vez se han mudado allí le hacen la vida insoportable a los palestinos vecinos. Traen a sus guardias, y ellos y sus hijos hostigan constantemente a los palestinos para hacerlos ir.

Este proceso puede parecer similar a lo que en Norteamérica llamarían “gentrificación”, pero en Jerusalén oriental y en Hebrón, es un proceso violento.

Por ejemplo, en la ciudad vieja de Jerusalén, en un complejo de apartamentos solo queda una familia palestina. No pueden usar las escaleras principales porque los colonos los hostigan. A cambio tienen que utilizar una peligrosa escalera vieja para entrar o salir.

Caminando por Jerusalén oriental vimos una avenida en la que, según nos dijeron, muchas veces los colonos tratan de atropellar con sus carros a los niños palestinos que caminan por ahí. Una de nuestras anfitrionas es conocida en la comunidad y habla hebreo, por eso la gente recurre a ella por ayuda. Los niños van y le dicen “ayúdanos, nos persiguen los colonos”. Esto es de todos los días.

Ahora los colonos se están trasladando a una comunidad armenia (cristiana) cerca de un barrio judío en la ciudad vieja de Jerusalén. Los colonos jóvenes constantemente escriben con aerosol en las paredes frases como “Jesús es un hijo de perra” para hacerles saber a la gente que tienen que irse. Escriben tales frases y cuando se las borran vuelven a escribirlas otra vez.

Nos tomó dos horas manejar desde Ramalá hasta Hebrón en Cisjordania, que está como a 50 kilómetros, pasando de un puesto de control a otro.

El ejército israelí había bloqueado Hebrón unos días antes de que llegáramos allí. Bloquearon la zona palestina, no dejaron entrar ni salir a nadie en toda la noche. Después de eso no permitieron la entrada ni la salida de hombres menores de 25 años.

Hay menos de mil colonos israelíes en la ciudad vieja de Hebrón, pero a nombre de protegerlos someten a toda la población palestina a degradación y violencia diarias. De manera deliberada hacen miserable la vida de los palestinos. En la ciudad vieja aproximadamente 12 kilómetros de una calle principal está cerrada para los palestinos. Los palestinos que viven allí no pueden tener visitas normales y necesitan permiso especial hasta para que vayan sus familiares. Los techos de las casas de la gente están al nivel de la calle y las áreas donde viven están por debajo de ésta. A la gente que vive allí no se le permite estar en sus propios techos.

Conocimos a una familia que nos contó sobre una inusual tormenta de nieve. La nieve se amontonó en el techo y el agua se estaba filtrando a las habitaciones. El padre tuvo que solicitar un permiso para subir y limpiar el techo. Le dieron diez minutos para hacerlo, y fue difícil para él porque estaba parcialmente discapacitado ya que una vez le habían disparado en la pierna. Al mismo tiempo había niños israelíes jugando en el techo a su antojo, haciendo muñecos de nieve y demás.

Él mismo hombre nos dijo que un día estaba sentado en su sala cuando oyó que caía agua. Miro afuera y vio a un muchacho colono parado en su techo orinando hacia su puerta.

Hay un par de escuelas primarias palestinas, una para niñas y otra para niños en el área de Hebrón que está cerrada para los palestinos. Los niños tienen que pasar por puestos de control para ir a la escuela, y en el camino los muchachos colonos los hostigan frecuentemente. Algunas veces es verbal; otra veces les tiran piedras o botellas con orines. Los niños colonos se quejan con sus padres de los niños palestinos, y sus padres van y hacen cerrar la escuela. Pero a los padres palestinos no les permiten ir a la escuela.

En los festivos religiosos judíos los puestos de control están cerrados, por lo tanto la carretera está cerrada también. Ya que todas las construcciones están conectadas, lo niños pueden ir de techo en techo hasta que llegan a la escuela. Las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF por sus siglas en inglés) escribieron con aerosol insultos en las paredes de la casa de una mujer que vive al lado de la escuela, y la hostigan por dejar pasar a los niños por su casa para llegar a la escuela.

Hebrón es una ciudad palestina, pero los asentamientos están bajo control de las IDF, y no le permiten a la policía palestina en la ciudad vieja proteger a los palestinos de los colonos.

Las fuerzas de seguridad israelíes controlan la entrada y la salida en los puestos de control de la ciudad vieja. Los palestinos tienen que esperar en una fila, a veces por horas, para mostrar sus documentos de identidad. Esto les hace la vida imposible de manera cotidiana. Los soldados son en particular despiadados con los hombres jóvenes palestinos. Se supone que chequean los documentos de identidad y se los devuelven, pero a veces los guardan en sus bolsillos y hacen esperar a sus dueños bajo el sol por tres o cuatro horas. Como no te puedes mover sin documentos, no tienes más opción que esperar. Los soldados provocan intencionalmente a la gente. Lo noche anterior a nuestra llegada allí, un niño a quien hicieron esperar por mucho tiempo empezó a alborotarse y le dispararon en una pierna.

Los puestos de control son un mecanismo de castigo y también de control. Son una constante fuente de humillación. 

En el lado judío de un asentamiento en Hebrón, hay un enorme letrero en hebreo y en inglés que enuncia: “Estas saliendo de Israel libre”. Los colonos se quejan de las restricciones en sus movimientos por Hebrón porque está bajo control palestino. Los colonos consideran Hebrón parte de su país donde deberían dejarlos hacer lo que se les venga en gana.

Cuando se entra a Cisjordania desde Israel, cambia el panorama. Hay arena y escombros por todas partes, no está limpio y pulcro como el lado israelí. Las aldeas de beduinos en el territorio ocupado están en muy mal estado. Son desesperadamente pobres. La gente puede que tenga un pequeño huerto, pastorean animales. Los refugios en las aldeas están hechos de láminas de metal corrugado. En contraste, los colonos han construido comunidades de suburbios, que se asemejan a las comunidades en Florida [Estados Unidos].

Cuando se entra a Ramalá, el panorama vuelve a cambiar. Hay edificios nuevos, algunos de compañías de Occidente como HSBC, otros de organizaciones de la ONU y oficinas administrativas de la Autoridad Palestina [AP] así como amplias urbanizaciones, la mayoría están desocupadas.

No se permiten asentamientos israelíes en Ramalá porque es un centro administrativo palestino, y un lugar donde los palestinos pueden construir. Ramalá es adonde va el dinero del extranjero. Bahréin, Kuwait y otros países del Golfo financian centros universitarios. El dinero de la diáspora palestina también acaba allí.

Ese es un factor en el ambiente político en Ramalá, otrora un centro del activismo palestino que estaba muy, muy calmado cuando estuvimos allí. La AP no permitirá manifestaciones. Atacaron una protesta pro-Hamás. La gente con la que hablamos fue muy despectiva hacia la AP, Fatah y el Frente Popular para la Liberación de Palestina [FPLP] que están relacionados con la AP. Se pueden reconocer los carros de los funcionarios de la AP por sus placas y porque manejan modelos lujosos.

Ramalá era conocida como una ciudad laica, pero eso ha cambiado en los últimos años. Ahora muchas de las mujeres jóvenes y hasta las niñas, tal vez la mayoría, se cubren la cabeza. Esto es así especialmente en las universidades, y no mucho en el caso en las zonas donde hay cafés, restaurantes y negocios. Conocimos mucha gente que expresa su respaldo a Hamás, a Hezbolá y al régimen de Irán porque supuestamente se oponen a Israel. La religión también se ha convertido en una parte muy importante de la vida cotidiana, mucho más que cuando algunas de nosotras estuvimos allí en 2005.

Mientras estábamos en Palestina hubo muchas protestas contra el linchamiento del joven palestino por parte de Israel, y contra los ataques a Gaza. Muchas tuvieron lugar en pueblos y barrios palestinos en el mismo Israel, no en Cisjordania. Una de esas protestas fue en Nazaret, donde 20 manifestantes fueron arrestados por las IDF que utilizaron gases lacrimógenos y granadas aturdidoras. La represión es un factor que impide las protestas en las ciudades controladas por la AP, pero también ha habido una fuerte despolitización. Mucha gente se encierra en sí misma o se vuelca hacia actividades tipo ONG, en vez de a la resistencia. Mucha gente tiende a enfocarse en micro-identidades: mi región, mi pueblo. Hay la creencia de que los palestinos son diferentes a otros árabes y pueblos en el Medio Oriente. Algunos intelectuales racionalizan que el islamismo le está dando expresión, una vez más, a la identidad nacional. No hay un movimiento femenino. Hay una atmósfera sumamente fuerte de retroceso político y reacción contra los movimientos revolucionarios de las décadas de 1960 y 1970 y hasta los acuerdos de Oslo que crearon la AP en 1993. No habíamos visto eso de una forma tan fuerte en ninguna otra parte del Medio Oriente.

Hay focos de resistencia, pero funcionan en gran parte mediante los mecanismos de las ONG y los grupos de derechos humanos. Los jóvenes palestinos de Ramalá van a Kalandia (un campo de refugiados rodeado por el muro de “separación” israelí, con gran presencia militar) a tirar piedras a las fuerzas de seguridad israelíes. Quieren confrontar al ejército de Israel.

La gente tiene sentimientos encontrados sobre lo que se debe hacer, dependiendo de dónde se esté y con quien se hable. Es complicado. El presidente de la AP, Mahmud Abbás no tiene credibilidad. La gente dice que es el vocero de Netanyahu en Cisjordania.

Hay una desilusión general con la izquierda tradicional palestina como la OLP y el FPLP, especialmente entre la gente joven. Hamás es la única organización con gran respaldo popular. Alguna gente habla de lanzar una tercera intifada (los levantamientos palestinos contra la ocupación que tuvieron lugar en 1981-1993 y 2002-2005). Los jóvenes y otra gente quieren poder expresar su rabia y frustración. No es claro lo que eso podría significar. En Ramalá, definitivamente incluiría poner como blanco a la AP.

¿Puede imaginarse que Gaza ha tenido una de las concentraciones de campos de refugiados más grande del mundo? Los palestinos de Gaza son refugiados en su propio país, y a los palestinos de Cisjordania no les permiten ir allá. Solo grupos humanitarios, periodistas, y la ONU pueden entrar a Gaza, pero con muchas dificultades y demoras.

Cada vez que Hamás dispara uno de sus cohetes, reclutan adeptos. Así mismo la yihad islámica.

Toda esta situación, el bombardeo israelí a Gaza y los cohetes de Hamás, realmente ayudan a Israel. No está claro quién asesinó a los tres jóvenes colonos, ni con qué intención. Nadie se ha atribuido la responsabilidad. Pero se le permite a Netanyahu relacionar a Hamás con Da’ash (ISIS, o “el Estado islámico” en Irak y Siria) y poner la “seguridad” de Israel en el centro de lo que está sucediendo en la región, compitiendo con Irán. Esto también le permite a Israel atacar al gobierno de unidad entre Hamás y la AP.

Hace unos años era difícil hablar de la solución de un solo Estado. Ahora hay una discusión muy generalizada sobre la solución de un solo Estado, incluyendo grafitis y camisetas que dicen “48+67=1”, lo que significa que la tierra ocupada por los israelíes en 1948 más la tierra que ocuparon después de la Guerra de los Seis Días en 1967 es igual a una nación. Sin embargo, muchos argumentan que ya hay una solución de un solo Estado: un Estado de Apartheid.

Traducido y publicado por

Volver