8 de marzo: Dar ayuda a las víctimas de la violencia de género es una cosa, pero lo que se necesita es poner fin a esa violencia
Boletín - 1° de diciembre de 2014

La siguiente declaración con ocasión del Día internacional contra la violencia contra la mujer (25 de noviembre) es de la Organización de Mujeres 8 de Marzo (Irán-Afganistán) (www.8mars.com) 

- Una de cada tres mujeres sufre acoso o violencia sexual a lo largo de su vida por parte de un familiar o alguien cercano, haciendo del “hogar” uno de los lugares más inseguros para la mujer.
- Cada año 60 millones de niñas son blanco de acoso sexual en su camino al colegio o algún otro lugar.
- El 80% de la trata de seres humanos a nivel mundial son mujeres y niñas traficadas fundamentalmente para explotación sexual.
- Al menos 60 millones de bebés o fetos femeninos se “pierden”, principalmente en Asia, por infanticidios o han sido abortadas por no ser del género deseado.
- Entre 100 y 140 millones de niñas y mujeres hoy en el mundo han sido mutiladas genitalmente.
- A escala mundial, más de 60 millones de niñas son abusadas sexualmente al ser casadas siendo niñas.

Esta lista podría continuar pero ¡ya es suficiente!, ¡Ya basta de estadísticas como estás! A pesar de lo horrorosas que pueden ser estás simples cifras, muestran sólo una pequeña parte de la realidad de la guerra que se libra constantemente contra la mujer a nivel mundial. No pueden expresar los interminables momentos de angustia que sufren las mujeres de todas las condiciones sociales y de cada rincón de esta sociedad.
La razón por la que presentamos estas estadísticas es porque hemos estado luchando por romper el silencio, porque ya no queremos ser calladas, “decentes” y “amorosas” víctimas; porque no queremos que nuestros cuerpos sean mercancías para el beneficio político, económico o religioso de las potencias dominantes o el deseo sexual individual de un hombre. A veces nos fuerzan a mantenernos cubiertas con un velo para indicar nuestra “modestia”, y otras veces usan nuestros cuerpos para vender mercancías o para venderlos.

Hoy entendemos muy bien que mientras haya alguien que compre sexo, nuestra opresión continuará. En Irak el Estado Islámico ha estado vendiendo a nuestras hermanas yazidíes y cristianas como botín de guerra, al igual que en la tradición de hace 1.400 años, en las subastas de esclavas de Mosul. Nuestras hermanas en Holanda, Alemania o Bélgica y muchos otros países están a la venta en las “modernas” subastas de esclavas llamadas “barrios rojos”. Entendemos que todas estas son diferentes formas del mismo chovinismo masculino.

En particular nosotras, las mujeres del Medio Oriente, estamos especialmente familiarizadas con los diversos tipos de atrasadas fuerzas religiosas y Estados teocráticos, y presenciamos las formas más abiertamente bárbaras de violencia contra la mujer basadas en la sharia (ley islámica). Al mismo tiempo, estamos también familiarizadas con las guerras imperialistas en Irak, Afganistán, Siria y otras partes, donde han convertido a las mujeres en blanco directo de sus balaceras y bombardeos, y en víctimas de campos de refugiados, violaciones, inseguridad y pobreza. Sobre todo somos objeto de traiciones y compromisos entre los imperialistas y los reaccionarios de la región.

La República Islámica de Irán (RII), que es el modelo de las atrasadas fuerzas fundamentalistas en la región, un régimen sinónimo de la subyugación de las mujeres y en particular del uso obligatorio de la hiyab [pañoleta que cubre la cabeza], está cerrando cada vez más incluso los resquicios más pequeños por los que las mujeres pueden participar en la vida social, sacándolas de las esferas social, política y económica. La RII ha intensificado sus ataques contra las mujeres y está usando su fuerza policial armada para asegurarse que se cubran y actúen “decentemente”, y para mantenerlas fuera de los centros deportivos. Está sacando del empleo y de la vida social a las mujeres trabajadoras, manteniéndolas en el hogar y usándolas como incubadoras. Al mismo tiempo implementa la brutal ley de la sharia de Qesas (“ojo por ojo”) para ejecutar a mujeres rebeldes como Reyhaneh Jabari. (La mujer ejecutada hace un mes porque en defensa propia asesino a un agente de la inteligencia que trató de violarla). Además, el régimen es la fuerza tras los recientes ataques con ácido contra las mujeres que visten un “hiyab insuficiente”, para hacer que la sociedad sea cada vez más insegura para las mujeres y les cierre las puertas.

Por estas razones, creemos que toda la violencia social y doméstica contra la mujer no podría existir sin represión estatal.

Las mujeres deben también contraatacar y lanzar una lucha contra las políticas antimujer y la opresión de la mujer. Y en el curso de esas luchas debemos aprender más sobre la opresión de la mujer y sus orígenes y unirnos con otros y entender cómo eliminarla.

Toda mujer, comenzando desde cuando es un embrión femenino y continuando hasta cuando es vieja, en todo el mundo y en todos los espacios reales y virtuales como la alcoba y la oficina, la universidad y el centro deportivo, en todo momento, es amenazada de violencia. Toda mujer es víctima directa o indirecta de la violencia inherente, organizada y sistemática del sistema capitalista patriarcal, un sistema que no puede mantenerse con vida sin apoyar y defender la superioridad masculina sobre la mujer en las esferas económica, social y doméstica. Así que impone una guerra total, brutal y al mismo tiempo silenciosa contra la mujer.

Pero ayudar a las víctimas es una cosa, y poner fin a la violencia contra la mujer es algo muy distinto.

No hace falta comprobarlo. Las mujeres somos víctimas del sistema capitalista mundial dominado por el afán de ganancias y superganancias, un sistema que nos quiere como sus calladas y dóciles víctimas.

El sistema hace todo lo posible y gasta sus recursos para entrenar a sus ejércitos, sus representantes políticos, judiciales y religiosos, y también a los esposos, padres y hermanos, de modo que con su violencia en diversas formas puedan mantener encadenadas a las “esclavas” rebeldes.
Pero no hemos sido ni seremos víctimas dóciles en esta guerra. Las mujeres revolucionarias hemos ganado suficiente experiencia, inspiración, coraje y furia para levantarnos hombro a hombro con nuestras hermanas por todo el mundo para ponerle fin definitivamente a esta guerra contra la mujer. Tenemos teorías científicas y emancipadoras en qué basarnos y ayudar a que nuestras hermanas de todo el mundo se concienticen y organicen y se unan a la lucha política. Comprendemos que sin la completa emancipación de la mujer es imposible ponerle fin a esta violencia. La subyugación de la mujer no viene de una “naturaleza femenina” ni la violencia es de “naturaleza masculina”. La relación entre hombres y mujeres es producto de las sociedades de clase patriarcales, incluyendo al sistema capitalista, que tienen que ser derrocadas para ponerle fin a la propiedad del hombre sobre la mujer.

Con elevadas miras revolucionarias, tenemos que construir un mundo en el que las mujeres, sin ningún obstáculo ni temor, sean parte activa de una sociedad vibrante, y en el que el respeto a los seres humanos esté institucionalizado, donde ningún hombre ni institución tenga el poder ni la oportunidad de oprimir a otros.

Las mujeres pueden y deben romper todas las cadenas de opresión y explotación de tal forma que nadie pueda de nuevo poner cadenas alrededor del pie o el cuello de ninguna mujer ni de nadie.

 

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