Película: Los mensajeros (Les Messagers)
Boletín - 5 de enero de 2015

¿“Quiénes son estas personas que se fueron y nunca llegaron” —los que dejaron sus hogares y familias en África y desaparecieron tratando de cruzar hasta Europa. Sea que hayan sido asesinadas y enterradas en la arena por la policía marroquí, o que hayan sido tragadas por el mar luego de que las balas agujerearan los botes inflables o sus canoas fueran embestidas por las patrullas costeras, o que hayan sido muertas a golpes por la Guardia Civil Española mientras trepaban la cerca alambrada que separa a Marruecos de los enclaves españoles de Ceuta y Melilla, ellas han sido devorados por el aterrador abismo que divide el mundo entre tierras de abundancia y tierras de donde proviene buena parte de esa abundancia. Para las realizadoras de este documental, Helen Crouzillat y Laetitia Tura, estas personas no son inmigrantes sino mensajeros.

Los que mueren tratando de cruzar ese abismo son una cantidad incontable, pero es inaceptable que no sean contados, que permanezcan sin nombre, enterrados en fosas cavadas con buldóceres en la arena o en el oscuro, oscuro mar. Nadie, ni siquiera sus familiares más cercanos, sabe qué pasó con ellos. Las realizadoras del documental buscaron sus identidades y su mensaje en los refugios ahora vacíos que ellos construyeron para sobrevivir bajo el sol, con los pescadores y otros que presenciaron su muerte, y sobre todo con los sobrevivientes, que explican cómo se reunieron y llevaron luto —y siguen llevándolo— por sus compañeros refugiados con los que no tenían un mismo idioma, que conocieron sólo mientras corrían hacia un tren en la noche y nunca vieron con claridad salvo por el destello de un reflector, a quienes enterraban sí podían, haciendo su mejor esfuerzo por poner un nombre sobre la tumba, o llevándolos con esmero en la memoria.

Algo que hace tan poderoso el testimonio de los sobrevivientes es que ellos saben y nosotros sabemos que están hablando por los que desaparecieron. “Somos personas a las que nos han convertido en cosas”, nos dice uno de ellos. Cuando hay seres humanos que imponen este reino del terror sobre otros seres humanos en vez de permitir que sus talentos florezcan, “este no es mundo que construye —nos estamos destruyendo unos a otros”. “Existimos, somos jóvenes y queremos trabajar”, dice otro, un hecho simple que se vuelve punzante porque mucha gente quiere ignorar su existencia y se usa a otros para poner fin a su existencia.

La Guardia Civil cuelga vasijas con agua para los pájaros, como si burlarse de la gente sedienta que espera en el desierto les restregara en la cara el riesgo de saltar al abismo, el momento de vida o muerte que los ha llevado allí. El director de la Guardia explica: “Ningún muro puede detener a un hombre que ha recorrido mil kilómetros para llegar” —pero si se mata a algunos, eso también es “un muro”— les dice a todos los que quieran escalar ese muro, o nadar alrededor, o aventurarse a cruzar el mar que circunda a Europa: esto es lo que les puede pasar. La policía española rescata a algunos que tratan de cruzar a nado, ahoga a algunos y deja que muchos se defiendan por sí mismos luego de que sus pequeños botes han zozobrado. La policía marroquí, que mata a estos migrantes en el interior y en las costas trabaja en favor de los intereses de España, al igual que el rey de Marruecos es sirviente de los antiguos colonialistas franceses y españoles y del capital europeo. Esos asesinatos son racionales desde el punto de vista de los intereses de las clases capitalistas europeas: ellos regulan la cantidad de migrantes y eliminan a los más débiles para alimentar el moledor sistema global. El mensaje que llevan estos migrantes es lo inaceptable de este sistema y su división del mundo.

Les Messagers, película de 70 minutos en francés, árabe, fula y español (subtitulada en francés o inglés) ganó el premio al mejor documental en el Festival de Cine Africano de Verona, Italia, y se proyectó en 14 festivales de cine en Argentina, Bélgica, Francia, Italia y Uganda en 2014. Algunos fragmentos están disponibles en Vimeo.com. Se puede pedir para proyecciones públicas amplias y pequeñas al distribuidor, primaluce.com.

Véase también el proyecto “Je suis pas mort, je suis là” en el sitio web de la directora del documental, la fotógrafa Laetitia Tura (laetitiatura.fr).

 

 

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