Israel, Estados Unidos y el fundamentalismo islámico
Servicio Noticioso Un Mundo Que Ganar - 19 de enero de 2015

Tras la matanza de Charlie Hebdo en Francia, el primer ministro de Israel Benjamín Netanyahu advirtió contra “una ola de islamización” que recorre Europa. Pero un ataque aéreo israelí a Siria apenas unos días después proporcionó un nuevo y más peligroso ejemplo de cómo Israel, lejos de ser un Estado laico, ha ayudado deliberadamente a los fundamentalistas islámicos para sus propios fines cínicos y criminales.

El 18 de enero Israel disparó dos misiles guiados contra dos vehículos que viajaban por la parte siria de los Altos del Golán. De la media docena, o más, de personas asesinadas en esta matanza, según los informes iniciales, estaban el jefe de las operaciones sirias de la organización libanesa chiita Hezbolá y el más alto comandante de los Guardianes de la Revolución iraní en Siria.

El ataque aéreo israelí parece haber sido planeado para asestar un duro golpe a las fuerzas libanesas e iraníes que juegan un papel clave en la batalla del régimen sirio contra los fundamentalistas islámicos del Frente al-Nusra que ha avanzado en el suroccidente de Siria. Desde los Altos del Golán se domina Damasco, la capital siria, y la campaña de al-Nusra para tomar el control allí podría ser un factor en inclinar la balanza en el actual equilibrio de la guerra civil en Siria. Sería difícil argumentar que el ataque israelí tenía algún resultado predecible y por lo tanto un objetivo diferente a respaldar un bando reaccionario en esa guerra civil, los islamistas sunitas, contra el régimen reaccionario de Bashar al-Assad.

Ésta es al menos la quinta vez que Israel lanza ataques contra el gobierno sirio desde 2013 (Washington Post, 18 de enero) ayudando de hecho a los islamistas que hace tiempo engulleron a casi todos los demás opositores a Assad. En uno de esos incidentes, Israel derribó un avión MiG que había estado respaldando a las fuerzas del gobierno en el campo de batalla. La aprobación de Estados Unidos a estas acciones ofensivas se hizo obvia cuando el gobierno de Obama decidió ignorar un bien documentado ataque aéreo israelí el 7 de diciembre a un edificio del aeropuerto internacional de Damasco, supuestamente un depósito militar, que seguramente hubiera sido denunciado como terrorismo y como un acto de guerra si alguien hubiese atacado de forma similar al aeropuerto israelí Ben Gurion.

Israel le ha dado apoyo directo en el terreno a al-Nusra. En junio de 2014 un informe de la ONU redactado por observadores asignados a los Altos del Golán describe, entre otros incidentes, cuantiosos ataques israelíes a las fuerzas del gobierno sirio durante periodos de intenso combate entre el ejército sirio y las “fuerzas de oposición armada” (en un área donde al-Nusra ha absorbido a los demás grupos de oposición y donde las banderas negras islamistas ondean sobre los puestos de avanzada capturados al ejército sirio). Los observadores de la ONU informaron haber visto a soldados israelíes pasándoles cajas no identificadas a los combatientes en dos ocasiones. En 59 ocasiones, vieron soldados israelíes llevando un total de 89 heridos para darles tratamiento médico y después retornar a la mayoría de ellos al frente de batalla. (www.un.org.en/ge/search/view_doc.asp?symbol=S/2014/401).

El New York Times (19 de enero) informó de esta política de Israel: “En gran parte Israel se ha hecho el de la vista gorda con los insurgentes de al-Qaeda que combaten contra el gobierno sirio cerca de la frontera… Inclusive hospitales israelíes han tratado a los insurgentes sirios respaldados por Estados Unidos a los que les han permitido cruzar la frontera, incluyendo de grupos que algunas veces han cooperado en el campo de batalla con esos combatientes afiliados a al-Qaeda”.

Solo tres días antes del ataque aéreo israelí, Hassan Nasrallah, el jefe de la organización islamista chiita Hezbolá, señaló dos puntos en una entrevista de televisión. Uno fue una advertencia a Israel a no romper el cese el fuego de facto en las fronteras de Siria y Líbano. Aunque Hezbolá ha alegado la legitimidad de los chiitas libaneses y otros, como representantes de la resistencia a la constante agresión israelí, incluyendo la invasión del 2006 que mató a más de mil libaneses, principalmente civiles, su principal objetivo es establecer su propio gobierno religioso y no liberar a Palestina.

El otro punto de Nasrallah fue repetir las anteriores ofertas de una “solución política” a la guerra civil en Siria que implicaría la renuncia de Assad. El objetivo político de Israel al respaldar a las fuerzas islámicas en Siria es impedir o retrasar el fin de esa guerra civil.

Si bien Israel tiene sus propios intereses, este objetivo es consistente con las metas y acciones de Estados Unidos en Siria hasta ahora. Aunque hace unos años Estados Unidos puede haber tenido ilusiones de llevar al poder a un régimen lacayo, parece que ha considerado que la destrucción de Siria sería la siguiente mejor opción. Incluso la idea, que flota en el ambiente, de un eventual “acuerdo político” depende de primero debilitar a Assad, asegurando que se haga bastante daño para que Estados Unidos pueda dominar más completamente a cualquier régimen que pueda surgir en el futuro. Estados Unidos e Israel han trabajado activamente por alimentar la horrenda guerra civil sin importarles los cientos de miles de muertos y los millones de refugiados.

No es cierto, como cree mucha gente, que el crecimiento del fundamentalismo islámico se puede atribuir principalmente a las políticas y esfuerzos conscientes de Estados Unidos e Israel, su confiable puesto de avanzada en el Medio Oriente. Aunque tal simplificación ha atraído a mucha gente en el Medio Oriente y otros que han enfrentado la crueldad de la dominación de Estados Unidos y del fundamentalismo islámico, reflexionando un poco queda claro que los factores sociales e ideológicos que impulsan el choque entre el imperialismo occidental (y principalmente Estados Unidos) y los islamistas reaccionarios no pueden ser controlados por ninguno. Pero Estados Unidos, directamente y a menudo por medio del servicio secreto israelí, hizo mucho para alentar el crecimiento del islamismo cuando pensaban que estaba dentro de sus intereses, y no vacilan en hacerlo ahora por las mismas razones. (Véase,The Devil's Game, How the United States Unleashed Islamic Fundamentalism, por Robert Dreyfuss, Metropolitan Books, Nueva York, 2005).

De hecho, la principal forma en que Estados Unidos ayuda al islamismo es por medio de sus brutales intentos de controlar el Medio Oriente, incluyendo el respaldo estadounidense a la dominación sionista sobre Palestina, y presentando eso como la única alternativa al fundamentalismo islámico, haciéndole así eco y dándole ayuda y ánimo a las afirmaciones de los islamistas de que son la única alternativa a la dominación sionista y de Occidente.

Este último ataque israelí ilustra lo que todos necesitamos saber: que todo fortalecimiento de cualquiera de esos monstruos inhumanos, las fuerzas fundamentalistas islámicas o las fuerzas dirigidas por Estados Unidos, refuerza a ambos bandos en una dinámica que es sumamente perjudicial para el pueblo de la región (sobre todo) y del mundo. Eso es lo que Israel está haciendo, con el respaldo de Estados Unidos, y es por eso hay que condenarlos.

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