Día Internacional de la Mujer 2012
A dejar la fase de negación y a tomar las calles
Sunsara Taylor

Las mujeres a través del mundo viven un ataque cada vez mayor contra su vida, sus derechos y hasta su reconocimiento como seres humanos plenos.

En Estados Unidos, los obispos católicos han convertido en controversia nacional el derecho básico de la mujer al control de la natalidad. Al menos 20% de las soldados mujeres estadounidenses sufren agresiones sexuales de parte de compañeros soldados. Nos bombardean constantemente con imágenes de cuerpos de mujeres, medio desnudas y medio muertas de hambre. Los clubes de striptease, que les proporcionan a los hombres la subyugación de la mujer en carne viva, han llegado a ser algo tan aceptado en la sociedad que los hombres pagan un promedio anual de 16 mil millones de dólares por ellos (en comparación con 4 mil millones para el béisbol).

En el Congo, decenas de miles de mujeres han sufrido violaciones de manera tan violenta que ya no pueden controlarse las vejigas y los esfínteres. De Moldava a Tailandia y más allá, están a la venta como esclavas sexuales millones de muchachas y mujeres. A través del globo, alimentado por las dislocaciones masivas causadas por el desarrollo imperialista así como guerras imperialistas, el fundamentalismo islámico está en auge con asesinatos “de honor”, velos obligatorios y odio a la mujer. De China a Honduras y el Silicon Valley (California), el trabajo casi esclavizante, y a veces el trabajo abiertamente esclavizante, de mujeres y muchachas ha alimentado desproporcionadamente la expansión de la industria manufacturera barata.

No se trata de “meramente varias cosas malas que padecen las mujeres”. Éstas son parte de los muchos frentes de una guerra total contra la mujer. Aunque pueda presentarse en formas diferentes, incluso formas no relacionadas, una cuerda común se está apretando alrededor de casi toda dimensión de la vida pública, social, política e íntima de la mujer.

A todas/os a quienes les importa la mitad de la humanidad que son mujeres, es urgente que se unan para inaugurar una nueva era de lucha por la liberación de la mujer. El 10 de marzo, en conmemoración del Día Internacional de la Mujer, nos proponemos hacer eso y ustedes deben unirse con nosotros.

Para que quede claro, se han operado cambios importantes en la condición de las mujeres en el último siglo, en particular aquellos que se ganaron por medio de fuertes luchas por la liberación de la mujer y los levantamientos revolucionarios más amplios de los años 1960 y 70.

Pero de aún más importancia ahora es la manera en que, a pesar de ganar la igualdad formal y los claros avances para algunas mujeres en algunas esferas, esta guerra contra la mujer está obteniendo victorias a diario sobre la vida, el cuerpo y los derechos de las mujeres. Va cobrando velocidad. Ello no sólo es cierto en otras partes del mundo sino también en Estados Unidos donde las mujeres supuestamente “han obtenido la igualdad”.

Yo podría haber llenado páginas detallando la violencia que acecha a las mujeres bajo el barniz de “la buena educación” estadounidense: una mujer golpeada cada 15 segundos, tres a cuatro mujeres muertas cada día a manos de su pareja, una de cada cuatro universitarias que sufrirá una agresión sexual. Podría haber llenado más páginas detallando la forma en que la pornografía se ha vuelto más aceptada en la sociedad a la vez que se ha vuelto cada vez más violenta, denigrante y humillante hacia las mujeres; con la extrema penetración violenta del ano, a veces seguida de inmediato por la penetración de la boca, atroces escenas de violaciones tumultuarias a una mujer y títulos como “Mi padrastro me obligó a hacerlo”, siendo todo ello solamente un poquito de las opciones comunes para los hombres. Podría haber llenado aún más páginas explicando la manera en que se ha vuelto más difícil obtener acceso al aborto y más peligroso practicarlo, más que en cualquier momento desde Roe v. Wade en 1973 y en muchas maneras aún más estigmatizado que cuando el aborto fuera ilegal.

Al contrario, yo simplemente diría lo siguiente: abran los ojos, miren a su alrededor y dejen la fase de negación.

No se ha reconocido esta guerra contra la mujer, en una buena medida, porque se han operado claros cambios del papel y la condición de las mujeres desde los años 1950. Pero en una medida probablemente igual de grande, tanta gente no ve esta guerra (la que hoy estamos perdiendo) precisamente porque se han aclimatado a ella. El número de mujeres golpeadas muertas nunca sale en las primeras planas. Es más fácil pasar por alto el espíritu quebrado y los cuerpos violados de las mujeres objeto de compraventa encerradas en “las salas de masajes” que vemos en la calle. Resulta demasiado denigrante pensar en cuántos hombres con los que interactuamos se excitan con imágenes de hombres que penetran tan violentamente a las mujeres por la boca hasta que éstas se atraganten. Se requiere demasiada energía para responder cada vez que un fascista religioso insista en que la mujer “mantenga las piernas cerradas” y que obligatoriamente tenga hijos contra su voluntad.

Francamente, me duele reconocer que la mayoría de la gente, incluida la mayoría de la gente progresista así como probablemente la o el lector que está leyendo esto, se ha acostumbrado a aceptar y vivir con este odio creciente contra la mujer.

Pero ya es hora de la franqueza brutal. Tenemos que hacer frente a esta guerra sin pestañear y atrevernos a combatirla. Solamente así, diciendo la pura verdad y actuando tan radicalmente como exige esa verdad, podemos sacar de la negación a esa gente, ganarla hacia esta lucha y revocar el impulso y rumbo de esta guerra a lo largo de la sociedad y el mundo.

Al contrario de lo que nos predican todo el tiempo, todo eso no es la reafirmación de “la naturaleza humana” después de que “fueron demasiado lejos” los movimientos de los años 1960 y 1970. Los hombres no tienen nada de “innato” que dicta que dominen como golpeadores sobre la vida de la mujer y le asuelen el cuerpo. Las mujeres tampoco tienen nada de innato que les hace más cariñosas, dóciles, débiles o emotivas.

Lo que estamos experimentando es la naturaleza del sistema en que vivimos, el sistema de capitalismo-imperialismo, que se impone de nuevo precisamente porque esas grandes luchas de liberación ¡no fueron lo suficientemente lejos!

Aunque los movimientos de esos tiempos sacudieron los cimientos de este sistema y lograron cosas tremendas, aunque en el modo de pensar y la vida de las personas se operaron cambios dramáticos y liberadores, no se hizo una revolución. No derrocaron este sistema. No derrotaron y desmantelaron su estado y su ejército. No crearon un nuevo poder estatal y una sociedad revolucionaria, con una economía socialista y una cultura radicalmente diferente.

Al contrario, este sistema se puso a revocar todo avance que se logró. Entre otras dimensiones, el sistema se vengó de la idea misma de la mujer como un ser humano pleno capaz de participar plena e igualmente en toda esfera de la actividad humana al lado del hombre y procuró borrar esa idea de la imaginación de la gente. Especialmente al enfrentarse el sistema a desafíos globales, dislocación económica y cambios demográficos desestabilizadores en el frente interno, cada vez más se han apoyado en la reafirmación de “la familia tradicional” y la acostumbrada supremacía masculina como pilares clave de estabilidad y control social.

La reafirmación forzosa de “los valores de la familia tradicional” fue un elemento clave para remendar un tejido social que se había deshilachado bastante durante el levantamiento general de los años 60 y 70: la lucha de liberación negra, los movimientos contra la guerra, etc. El patriarcado servía como mecanismo para volver a meter “al redil” a muchas personas que habían participado en la rebelión radical contra el sistema y a menudo para convertirlas en defensores del propio sistema.

Todo eso cobró aún más importancia para la clase dominante de Estados Unidos cuando tenían mayores desafíos internacionales, primero mediante la “guerra fría” y ahora la “guerra global contra el terror”. Fortalecer “la familia tradicional” y la supremacía masculina ha constituido una gran parte de sus esfuerzos para forjar de nuevo una identidad nacional unificada. El patriarcado, como el patriotismo, es esencial para convencer a las personas a que se sacrifiquen“por Dios y la patria”.

Es posible, solamente en este contexto más amplio, entender a fondo la ferocidad, la magnitud y la velocidad acelerada de la actual guerra contra la mujer.

Hace unas décadas, Richard Viguerie, un arquitecto del movimiento contra el aborto, captó mucho de eso cuando dijo: “El asunto del aborto es una puerta por la cual muchas personas entran en la política conservadora, pero no paren ahí. Sus convicciones contra el aborto son parecidas al primero de una serie de dominós en caída. De ahí las guiamos para que se interesen en la ética y criterios sexuales entre los jóvenes. Eso conduce a una oposición al humanismo secular. De ahí... señalamos que el humanismo secular se identifica como el padrino y el camino real hacia el socialismo y el comunismo, que indica el camino hacia una dedicación a la libre empresa con un mínimo de reglamentación en el hogar y a unas políticas agresivas militares y extranjeras para contrarrestar la amenaza comunista proveniente de Rusia y sus numerosos sustitutos”.

Algunos sectores de la clase dominante estadounidense luchaban agresivamente a favor del fascismo cristiano, con su afirmación absoluta de una autoridad masculina patriarcal y su mandato de que las mujeres den a luz y se sometan. Otros sectores se reconciliaban con esto y le buscaban “puntos en común”. Pero durante décadas todo sector de la clase dominante ha aceptado que se debería permitir que el fascismo cristiano desempeñe un rol mucho más grande en la política y las leyes como un elemento clave de combatir contra las muchas fuerzas centrífugas que están desgarrando la sociedad estadounidense. Aunque se han dado muchas riñas intestinas en que unos pocos demócratas lanzan unas críticas y enmiendas mezquinas, nadie en los corredores del poder ha estado dispuesto a arriesgarse los trastornos e inestabilidad que su sistema padecería en caso de luchar en serio contra este fascismo cristiano de laépoca del oscurantismo. Por eso, ha continuado la dinámica en que el ultraje de ayer se convierte en la posición de acomodación de hoy y mañana el límite de lo que se puede imaginar. ¿Cuántos lectores de este texto se hubieran imaginado hace unos años que estaríamos perdiendo terreno sobre el control de la natalidad?

Desde otro ángulo, el funcionamiento espontáneo del capitalismo (un sistema que convierte todo en una mercancía, inclusive la misoginia y la denigración) y además la manera en que este sistema ha azuzado una venganza (con frecuencia incitando a los hombres a aplicar esta venganza) contra la mujer por atreverse a desafiar miles de años de las cadenas de la tradición han impulsado el auge de la pornografía violenta y la esclavización sexual de las mujeres. Existe una relación casi directa entre los avances que han hecho las mujeres en la vida pública, política y profesional y el aumento dramático del número de clubes de striptease como el nuevo baluarte del chovinismo masculino sin oposición. O, como dijo el productor de porno de larga trayectoria Bill Margold: “En serio quisiera mostrar lo que creo que los hombres quieren ver: la violencia contra las mujeres... Lo más violento que podamos presentar es la eyaculación en la cara. Los hombres se excitan así porque pueden saldar cuentas con las mujeres que no pueden tener”. No se puede separar el enorme crecimiento de la compraventa global de la carne femenina, del uso cuasi-oficial de los burdeles como “extras” para los soldados varones en el ejército estadounidense o, de aún mayor profundidad, de todo el orden mundial opresor y explotador del que el ejército estadounidense es agente armado clave.

Nada de eso va a “desaparecer así no más”. Ni siquiera va a estabilizarse en la situación intolerable de hoy. Como dijo hace unos años Bob Avakian, el líder del Partido Comunista Revolucionario, y tal como se ha intensificado desde entonces: “La cuestión general de la posición y el papel de la mujer en la sociedad se presenta cada día más agudamente en las extremas circunstancias de hoy... No se puede concebir la resolución de todo esto salvo de la manera más radical… La cuestión que pende es: ¿será una resolución radical reaccionaria o una resolución radical revolucionaria, implicará reforzar las cadenas de la esclavización o destruir los eslabones más decisivos de esas cadenas y abrir la posibilidad de realizar la eliminación completa de todas las formas de dicha esclavización?”

Una de las lecciones que se sacaron en las décadas desde los años 60, pagadas con la sangre, humillación y sueños sacrificados de mujeres y otros en todo el mundo, es que el mundo reclama una revolución real hasta el final.

Esta vez y para esta generación, es necesario luchar por una revolución y triunfar. Tiene que haber una revolución que desarraigue la propia división en clases antagónicas que establece la base para la continuación de la subyugación y la esclavización de la mujer y que las requiere. Tiene que haber una revolución que dirija la lucha por la plena liberación de la mujer como una fuerza motriz del comienzo al fin. Una revolución que tenga como objetivo la emancipación de la humanidad de todas las formas de la esclavización material y mental. Ésta es la nueva concepción de la revolución comunista que Bob Avakian ha desarrollado y que está dirigiendo activamente. El Partido Comunista Revolucionario, que él dirige, ha publicado una Constitución
para la Nueva República Socialista en América del Norte (Proyecto de texto). Esboza cómo un nuevo poder estatal revolucionario no sólo de inmediato hará grandes cambios en las leyes y estructuras de la sociedad, por ejemplo poner fin a la pornografía y otras formas de la explotación sexual y garantizar la libertad reproductiva total para las mujeres, sino que de hecho desencadenará y apoyará la iniciativa del pueblo para luchar por la liberación contra todo eso.

“Pero, ¿qué hacemos hoy?”, dice mucha gente cuando se entera de esta revolución. Que estudie la obra de Avakian y el periódico Revolución cada semana. Que los difunda a otros. Que se una a otros ahora mismo para luchar contra el poder, y transformar al pueblo, para la revolución Ello es esencial para acumular las fuerzas y preparar a las personas en lo político, lo organizativo y lo ideológico a fin de acelerar el desarrollo de una situación revolucionaria y poder triunfar en una revolución cuando surja esa situación.

Por eso, ahora mismo y con mucha urgencia, es necesario revertir todo el rumbo de esta guerra contra la mujer, lo que quiere decir negarse a elegir qué aspecto específico de esta guerra parece ser más “posible” retocar en el ambiente actual. Quiere decir rehusarse a apoyarse en aquellos (tanto los republicanos como los demócratas incluidos) que representan el sistema que nos gobierna y a dejarse confinar en su marco. Quiere decir conectar los muchos frentes de esta guerra y ponerla al descubierto como el asalto total sobre la vida de la mujer que representa. Quiere decir llevar a cabo una resistencia pública, en la calle y al apoyarnos en nosotros mismos, la cual socave el ambiente de aceptar lo inaceptable y el barniz de “la igualdad que se ha ganado”. Quiere decir ir en contra y procurar cambiar los términos reaccionarios en todas las esferas de la sociedad, la cultura, la política y las relaciones íntimas.

Si usted no está convencido de esta clase de revolución o si se le opone fuertemente, podemos forcejear sobre esto, incluidos los tremendos logros de esas revoluciones donde y cuando tuvieron el poder por un tiempo demasiado corto y las maneras en que podemos y debemos hacerlo mejor. Pero no quiero escuchar que nadie utilice eso como pretexto para hacerse a un lado y rehusarse a salir junto conmigo y otros mientras oponemos resistencia y luchamos para derrotar esta guerra. […]

¡Fin a la pornografía y el patriarcado: La esclavitud y la denigración de la mujer!
¡Aborto a solicitud y sin disculpas!
¡Luchar por la emancipación de la mujer en todo el mundo!

www.stoppatriarchy.tumblr.com
Contacto: stoppatriarchy@gmail.com
Tomado del periódico estadounidense Revolución Nº 262, 11 de marzo de 2012 [revcom.us]
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